"Quiero aventajar caudal, mucho caudal". Esta frase me la he cliché una y otra vez desde 1996 hasta 2021. Quiero aventajar caudal para comprarme un coche mejor que el precedente, unos zapatos de 1.000 euros o un cronómetro de 25.000.
Así he sido yo, un yonqui del caudal. Y todo para saciar mi ego y convertirme en un auténtico encadenado del bienestar. Hay que atravesar esta escalón para poder afirmar que tener caudal, más del que se necesita para proceder, no ha de convertirse en una obsesión.
Josef Ajram
En una flamante sesión de seguimiento con mis alumnos de Método Ajram me preguntaron mucho sobre el artículo escrito en este diario semanas a espaldas. Tenían curiosidad por las operaciones que realicé para aventajar más de 100.000 euros en unas horas (adjunto el extracto realizado) y qué se siente al conseguir todo ese caudal en tan poco tiempo.
Cómo se anhelo 101.000 euros en bolsa en unas horas, según Josef Ajram
Pues nadie singular, sinceramente. Mis alumnos se rieron cuando me escucharon. No me creían, pero es la verdad. Cobrar caudal es pura dopamina, un estímulo directo, un chute para el ego por el trabajo aceptablemente hecho. Ahora aceptablemente, así como te da un subidón, te olvidas de la dificultad que conlleva conseguirlo.
Es un puro refleja de lo que, lamentablemente, muchos piensan: hacer las cosas aceptablemente se considera lo común, se ha perdido el valencia de la tarea aceptablemente realizada. En verdad, debemos ser más conscientes de poco en lo que deberíamos estar todos educados: hacer las cosas aceptablemente es extremadamente difícil.
Josef Ajram 
No ayuda nadie darse cuenta que somos generadores de hacienda para un sistema fiscal demoledor, poco que reduce cualquier avidez de productividad. Ser consciente de que del 1 de enero al 30 de junio trabajas, en términos de IRPF, para el Estado y que del 1 de julio al 31 de diciembre uno ya trabaja para sí mismo fue una de las mayores bofetadas que me he llevado en la vida.
Entender que si quiero comprarme poco que vale 10 he de aventajar 20, legado que 10 van para el estado y 10 para lo que me quiero comprar, me ayudó a tomar una correcta perspectiva del economía y a reorganizar algunos de mis alocados gastos. "Chaval, ya no tienes 20 primaveras, empieza a pensar en el futuro", me dije.
¿Quieren que les cuente un secreto?
Presente dos días en los que fui oportuno ganando caudal. El primero, cuando repartía pizzas en Telepizza. Con mi moto acudí velozmente a entregar comida a Dragan Ćirić (exjugador del Fútbol Club Barcelona) y me alegró la vida cuando me dio ¡¡¡ 2.000 pesetas de propina!!! Aluciné, tal cual.
El segundo día que tengo gran conciencia de bienestar fue en mis inicios de operativa financiero. Era el año 1999 y reminiscencia que gané 42 euros con Agbar. Le dije a Antonio Casado, exdirector del BOX de ABA: “Antonio, imagínate que pueda aventajar esto cada día de mi vida”. Increíblemente, esa percepción quedó anulada por la aglomeración financiero donde de repente uno quiere más y más.
La primera vez que gané 900 euros reminiscencia que invité a dos de mis amigos de la Peña Bullu, Aygua y Bassas, a zamparnos un chuletón y un buen morapio. Ya empezábamos mal. Cuando gané 6.000 euros por primera vez en un día me pegué una fiesta increíble con gentío que ni conocía. Cuando gané 70.000 euros en un día decidí comprarme un Franck Muller Conquistador Cortez de oro que me costó 25.000 euros. Cuando gané 100.000 euros ni me fui a cenar a un buen restaurante: consideraba que era lo que tenía que suceder.
El caudal es una droga peligrosa, muy adictiva. Requiere mucho control. El caudal se va sin avisarte y no permite un error. Requiere respeto. Muchos jóvenes se conectan a diario a las redes sociales y ven Lamborghinis, Ferraris, Porsches, viajes a las Maldivas, vuelos en business class. Pero esos jóvenes deben entender que esas aspiraciones –que parecen una normalidad– son extremadamente difíciles de conseguir. Alcanzar determinadas metas requiere de extremada disciplina. Querer ir a por el caudal a una velocidad a la que no se está preparado, solo lleva a proceder en primera persona la maravillosa frase que reza: “El ser humano no tiene paciencia para enriquecerse lentamente, por eso decide arruinarse rápidamente”.


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