Las frases con las que Frida Kahlo describió su dolor desgarrador

Frida Kahlo (1907-1954) “vivía muriendo”. La máxima es de su amigo, el poeta mexicano Andrés Henestrosa. Muy dura, sintetiza admisiblemente la existencia de la actor. Una experiencia que plasmó en sus cuadros, donde sus padecimientos físicos y espirituales son una presencia constante, que se entremezcla, hasta que el espectador ya no sabe cuál es más determinante.

Es lo que ocurre con El venático herido (1946). Pintado mientras se recuperaba de su enésima operación, y tras un fracasado segundo nupcias con el todavía pintor Diego Rivera (1886-1957), quizá la obra que mejor describa su sufrimiento.

1945: Artista mexicano Frida Kahlo (1907 - 1954) acaricia a su mascota un mono, posiblemente Fulang-Chang, subido a la chaqueta de su marido, artista mexicano Diego Rivera (1886 - 1957)

Frida Kahlo acaricia en 1945 a su mascota, un mandril, subido a la chaqueta de su marido, el actor mexicano Diego Rivera)

Propias

Influenciada por el folclore mexicano, el arte prehispánico y la imaginería católica, el tejido contiene un sinfín de detalles abiertos a interpretación. Todo en la obra se repite por nueve veces, al ser nueve los niveles del inframundo mexica. Un conjunto que, por lo caótico, evoca al surrealismo. Aunque no se la puede inmovilizar como pintora surrealista, pues ella misma fue muy crítica con la parte más “estúpida”, dijo, y “pseudointelectual” de ese movimiento.

En lo que coinciden los críticos es en que Kahlo tomó el exención del realismo mágico, una corriente artística muy hispanoamericana, y que quería mostrar lo irreal como poco común. Una normalización de la invención que no se inmuta delante lo increíble, y que es evidente en El venático herido.

En él se representó con el cuerpo de un venático. Etéreo, pero gravemente herido a la vez, como lo estaba ella. Su rostro, en extensión de angustiado, como correspondería, prefirió dibujarlo con un ademán entero, una virtud que tuvo que cultivar durante toda su vida.

En 1925, Kahlo era una adolescente cardinal e inteligente que, a pesar de tener sensibilidad para el arte, ya había decidido que sería médico. Sus planes se truncaron el 17 de septiembre de aquel año, cuando el autobús en el que viajaba se estrelló. Salió de allí con la pelvis, el panza y el matriz perforados. El choque todavía le lesionó la columna vertebral, le rompió la pierna derecha por merienda costados, le dislocó el pie derecho, le rompió la clavícula y le dislocó el hombro.

Unas lesiones terribles, y más para una mujer que ya tenía una pierna deformada por un episodio de polio cuando tenía seis primaveras. Ahora tendría que memorizar a convivir con unos dolores que a veces la obligaban a acaecer días postrada, y que no la abandonaron hasta su asesinato. De ahí que en muchos de sus autorretratos aparezca con un corsé: llegó a tener 28. Algunos de hierro y otros de yeso, servían para sofocar sus dolores de espalda, pues tenía tres vértebras desplazadas.

¿Cuál fue su longevo fuente de inspiración?, ¿el dolor del cuerpo o el del espíritu? Con Frida Kahlo cuesta saberlo, y poco importa. Como dijo Edvard Munch, “el arte nace de la alegría y del dolor..., pero sobre todo del dolor”. En El suicidio de Dorothy Hale (1938) lo expresó de una forma tan novelística que se ganó el enfado de la estadounidense Clare Boothe Luce, célebre política conservadora y admiradora de Kahlo que le había encargado el cuadro.

Lo había hecho con la idea de que la obra fuera un tributo póstumo a su amiga Dorothy Hale, una actriz fracasada que se había suicidado unos días antiguamente. Lo que recibió no fue el tipo de homenaje que esperaba. Explícitamente, el tejido reproducía todos los pasos que siguió la insuficiente Dorothy, desde que se asomó a la ventana, hasta que acabó aplastada en el suelo con un ramillete de rosas en el cuota.

Desgraciadamente, aquella era una pulsión que la mexicana conocía admisiblemente. Más de una vez su resiliencia pendió de un hilo, y, de hecho, primaveras más tarde trató de suicidarse por sobredosis. El detonante fue el enésimo affaire de su marido, aunque no la única causa. No podía serlo, pues siempre tuvieron una relación caótica, en la que buscaban la compañía de otras personas; en el caso de Frida, todavía la de mujeres.

En ese momento, el longevo tormento de Kahlo eran unos dolores que para 1954 ya eran casi insoportables y la obligaban a estar permanentemente acostada, por no conversar de sus problemas con el vino.

Fue entonces, tras su última operación, cuando escribió algunas de las páginas más perturbadoras de su diario: “Me amputaron la pierna hace seis meses, me han poliedro siglos de tortura y por momentos casi pierdo la razón. Sigo queriendo suicidarme. Diego es lo que me lo impide, por mi vana idea de que me extrañaría... Pero nunca en mi vida he sufrido tanto. Esperaré un rato más...”.

Falleció el 13 de julio de 1954. Correcto a tímidas señales de despedida, algunos biógrafos sostienen que por sobredosis inducida, aunque no hay consenso. Lo hizo con la inquietud de quien ha dejado una tarea irresoluto. La suya, utilizar sus cuadros como pedagogía de sus ideas políticas. Como dijo ella, le hubiera gustado que su obra fuera útil al movimiento revolucionario comunista, lamentando que solo hubiera conseguido “representar una lectura honesta de sí misma”.

Aquí nos quedamos con esa lectura, la de la actor que sufre. Aunque ella quiso que la conociéramos por sus cuadros, que es la mejor forma de hacerlo, lo haremos en esta ocasión a través de lo que dijo. A veces gozosas, a veces quebradas, sus citas revelan un espíritu sensible, tanto que fue capaz de verbalizar lo que es residir como solo lo haría un buen actor. 

“Pensaron que yo era una surrealista, pero no lo era. Nunca pinté sueños. Pinté mi propia verdad”.

2

“Creo que poco a poco podré resolver mis problemas ¡y sobrevivir!”.

3

“Debo guerrear con todas mis fuerzas para que las pequeñas cosas positivas que mi lozanía me permite se encaminen a ayudar a la revolución. La única razón auténtico para residir”.

4

“Nulo vale más que la risa. Es fuerza reír y abandonar, ser superficial. La tragedia es lo más ridículo que tiene el hombre”.

5

“No estoy enferma. Estoy rota”.

6

“Quiero estar internamente de tu todo más umbrátil”.

7

“Mi pintura lleva consigo el mensaje del dolor”.

8

“Soy ese torpe ser humano, siempre amando, amando y amando, pero nunca alejándose”.

9

“Bebí para sofocar mis penas, pero las malditas aprendieron a nadar”.

10

“Ha habido dos grandes accidentes en mi vida. Uno fue el tren y el otro fue Diego. Diego es, con mucho, el peor”.

11

“En 1929 me afilié al Partido Comunista, me casé con Diego y tuve mi primer malogro (…) fue mi primera pintura surrealista, pero no del todo”.

12

“El dolor, el placer y la asesinato no son más que un proceso de la existencia. La lucha revolucionaria en este proceso es una puerta abierta a la inteligencia”.

13

“Solía ​​pensar que era la persona más extraña del mundo, pero luego pensé que hay tanta muchedumbre en el mundo que debe favor alguno como yo que se sienta extraño y defectuoso de la misma guisa que yo. Me la imagino, e imagino que ella todavía debe de estar ahí exterior pensando en mí. Bueno, espero que, si estás ahí exterior y lees esto, sí, es cierto que estoy aquí y soy tan extraña como tú”.

14

“La suscripción sociedad de aquí me da asco y siento un poco de furor contra todos estos ricos de aquí, ya que he manido a miles de personas en la miseria más terrible sin carencia que engullir y sin extensión para tenderse, eso es lo que más me ha impresionado. En Norteamérica es aterrador ver a los ricos haciendo fiestas día y sombra mientras miles y miles de personas se mueren de deseo”.

15

“Lo que quería expresar muy clara e intensamente es que la razón que tenía esta muchedumbre para inventar o imaginar héroes y dioses es puro miedo. Miedo a la vida y miedo a la asesinato”.

16

“Espero que la salida sea alegre y espero no retornar nones”.

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