“He perdido mi reputación, He perdido la parte inmortal de mi ser”.
Otelo, de Shakespeare
¿Cuál es la palabra más grosera del castellano? No lo tengo muy claro y si lo tuviera por pudor no la escribiría aquí. Sí tengo claro, en cambio, cuál es la mala palabra más fea en inglés y aunque siento que tengo más beneficio, correcto a que no conlleva la misma carga de obscenidad para un disertador de este venerable diario, siquiera la reproduciré.
Digamos que se inspira en el incesto entre mamá e hijo y a veces –ofrezco el detalle para los que quieren indagar en la cuestión– los medios la abrevian con las trivio “MF”.
Bueno, el plural de MF fue el calificativo que eligió el renombrado golfista estadounidense Phil Mickelson para describir al régimen de Arabia Saudí. “Son unos temibles MFs”, dijo en una entrevista. “Sabemos que mataron a Khashoggi y que su trayectoria en cuanto a los derechos humanos es horrible. Ejecutan a la muchedumbre ahí por ser gay”.
Phil Mickelson deja ir el palo tras ejecutar un moretón el pasado fin de semana en el LIV Golf de Londres
Eso fue en febrero. El mes subsiguiente el régimen liderado por el defensor de la fe Mohammed Bin Salman (conocido por sus amigos como MBS), el que ordenó que descuartizaran al periodista Jamal Khashoggi, cortó las cabezas de 81 personas en un día. La semana pasada Mickelson, campeón de seis torneos Grand Slam, participó en el torneo inaugural en las ensanche de Londres de un nuevo campeonato de golf patrocinado por un fondo de parné saudí que preside MBS –o MF, como prefieran–.
Nunca en la historia del golf ha habido una competición con más parné en premios. El total arreglado fue 24 millones de euros. El campeón se llevó 4,5 millones, un récord histórico, y el postrero de los 48 participantes, 120.000. Mickelson quedó en el puesto 33 y se tuvo que conformar con 143.000, pero superará análogo humillación. Según informa el New York Times, los saudíes le pagaron 190 millones simplemente para apuntarse a su campeonato, lo mismo que a otro crack del golf mundial, su compatriota Dustin Johnson.
¿Por qué tanto? La respuesta corta es que el alma de una persona sale cara. La larga es que los saudíes pretenden competir con el principal circuito de golf, hasta la plazo el PGA Tour, y, en el mejor de los casos, aniquilarlo. Poco así como el esquema de la Superliga Europea de Florentino Pérez, que aspira a desvincularse de la UEFA. Al circuito norteamericano no le hace ninguna gracejo que el campeonato saudí, conocido como LIV Golf, le haya achicharrado varias de sus grandes figuras. En lo que supone una comunicación de supresión, han anunciado la expulsión del PGA Tour de Mickelson, Johnson y demás rebeldes, entre ellos el gachupin Sergio el Criatura García.
Nunca en la historia del golf ha habido una competición con más parné en premios
¿Cómo explican su defección los nuevos adeptos del LIV? Con dificultad. Eligieron la semana pasada a un envejecido rockero del golf, el norirlandés Graeme McDowell, para que diera la cara en nombre de todos ellos. En una rueda de prensa McDowell dijo: “Si Arabia Saudí quiere usar el golf para conservarse a donde quieren conservarse, y poseen los capital para acelerar el proceso, entonces nos sentimos orgullosos de acompañarles en el trayecto”.
“Donde quieren conservarse” es a un eficaz oficio en el que sean vistos por el resto del mundo con arrobamiento por su compromiso con el deporte y no con horror por la crueldad de su medieval monarquía. Lionel Messi, que se ha unido a esta orgullosa delegación como “embajador” del turismo saudí, estará contento de conocer que sus compinches del golf conciben lo que han hecho, en palabras de McDowell, como un intento de “mantenerse en la cima de la virtud casto”.
El alma de una persona sale cara y los saudíes pretenden competir con el poderoso PGA Tour
Los hay que discrepan de esta percepción, entre ellos otro norirlandés, el gran Rory McIlroy, disciplina del esquema saudí. Su rechazo a venderse por unos petrodólares más se apoyo, ha dicho, “cien por cien en una cuestión de moralidad”. McIlroy dejó claro que le ofrezcan lo que le ofrezcan, no se dejará comprar. Como explicó la semana pasada, “cualquier osadía que tomas en la vida que es puramente por parné no suele finalizar acertadamente”.
A McIlroy le preocupa más su reputación como persona que sus ganancias como deportista. Mickelson, que ha rogado a los saudís –casi de rodillas–que le perdonen por sus “ofensivas” palabras, ve la vida de otra forma. ¿Cómo acabará? Está claro. Siendo recordado por la historia como un MF. Johnson, McDowell, el Criatura y los demás mercenarios igualmente.
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