Tengo la sensación de que ninguna de las excitantes atracciones de Port Aventura que desatan pasiones entre sus usuarios provoca un desvanecimiento tan atroz como asomarse al puente de mando del Concejo de Barcelona, a un año instinto de la contienda electoral. No poseo una trola de cristal para aventurar cómo se desarrollará la relación entre los socios de gobierno pero las cosas que ocurren no ayudan a pensar que habrá formas florentinas a lado.
El postrer lío (a la hora de que se publique este artículo podemos habernos desayunado con otro desaguisado entre comunes y socialistas) viene a exposición con las ideas de futuro que los dos colectivos tienen respecto al futuro explicación, potenciación o frenazo de los cruceros en Barcelona. Según publicó el domingo Poblar, a finales de mes debe tener punto una mesa de negociación para determinar el impacto ambiental y turístico de los cruceros. Con el telón de fondo de la contaminación, que existe, el equipo de gobierno pariente a la alcaldesa pretende mutilar la recuperación económica del turismo cercenando la aparición de buques. Se aduce incluso al exceso de turistas que están campando por los barrios de la ciudad. Todo ello es cierto, pero la proliferación de turistas deambulando por Barcelona no se corresponde en monopolio con la aparición de los cruceros. Es posible que en los aledaños de la Rambla sea así pero en otros numerosos barrios quizás hay que tener en cuenta otras fuentes receptoras de turistas que no exclusivamente la marítima. La bancada socialista, con Xavier Marcé a la individuo, aporta sentido popular: no al recortadura de cruceros, sí a fomentar las líneas que tienen a Barcelona como origen y partida y no exclusivamente como punto intermedio.
Conversar de limitaciones y de restricciones es tan poco recomendable ahora como dispararse un tiro en el pie
El debate de los cruceros, como ejemplo de encargo ciudadana, es muy ilustrativo. En un momento en el que la ciudad y el país inconmovible se están recuperando de la crisis y el turismo aporta una ayuda importante murmurar de limitaciones y de restricciones es tan poco recomendable como dispararse un tiro (¿otro?) en el pie. El debate de la contaminación hay que hacerlo con determinación pero sin locuras. Hay que dar pasos para contaminar menos, de hecho el sector transatlántico está tomando cartas en el asunto y desde las autoridades hay que velar por ese proceso, pero no hay que amputar a la primera industria de la ciudad. Un poco de permanencia, aunque vengan elecciones, es necesario. Si buscamos fundamentos que provocan contaminación tenemos muchos flancos donde apuntar con la mirilla. Por ejemplo, el tórrido espectáculo que se vive cada semana en la AP-7. El agobio de esa antigua vía rápida nos ha devuelto a una época que en España parecía erradicada, aquella en la que solo se contaba con carreteras nacionales. Por merced, que vuelvan los peajes. Ahorraremos billete, tiempo y energía en esa ruta que debió inspirar sin saberlo a los reyes del metal de AC/DC, con su grande Highway to hell (Autopista en torno a el báratro). Esos sí que eran visionarios.
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