El Tribunal Supremo de Estados Unidos ha derogado el derecho federal al feto: esto significa que el feto deja de ser un derecho resguardado por la Constitución en todo el país y que el gobierno de cada estado podrá osar y disponer sobre la interrupción voluntaria del preñez según considere.
Con esta intrepidez, respaldada por la mayoría de jueces conservadores del tribunal, se abre camino para que el feto sea ilegal en los estados que así lo decidan, poniendo en aventura la lozanía y los derechos de miles de mujeres.
Se aplazamiento que aproximadamente la medio de los 50 estados de Estados Unidos introduzcan nuevas restricciones o prohibiciones a la hora de fracasar. De hecho, ayer de que se hiciera pública la intrepidez del Supremo, 13 de estos estados ya habían preparado nuevas leyes que prohibirán de forma cibernética el feto en sus territorios.
Para derogar este derecho, el Supremo ha anulado la famosa sentencia conocida como Roe vs. Wade, un caso gracias al cual se garantizaba el derecho al feto en Estados unidos desde 1973.
Roe vs. Wade: una sentencia histórica
La historia de este caso se remonta a 1969, cuando Norma McCorvey, bajo el seudónimo de Jane Roe para suministrar su anonimato, desafió las leyes de Texas sobre el feto. En aquel momento, este estado prohibía el feto con una única excepción: cuando la vida de la mamá corriera peligro.
McCorvey se había quedado preñada de su tercer hijo y quería fracasar, pero de acuerdo con las leyes de Texas no tenía argumentos para hacerlo. Así que presentó un cargo contencioso contra Henry Wade, el fiscal que impulsó la ley que prohibía la interrupción voluntaria del preñez. Este enfrentamiento dio nombre al caso: Roe vs. Wade.
Los jueces desestimaron la demanda en varias instancias: en tribunales locales, provinciales y estatales. Cada vez que perdían, McCorvey (Roe) y sus abogados apelaban a un tribunal superior, hasta que en 1973 el caso llegó al Tribunal Supremo, que falló a crédito de la demandante. Por una votación de 7-2, los jueces reconocieron por primera vez que el derecho constitucional a la privacidad incluía la intrepidez de una mujer de interrumpir o no su preñez.
La Corte Suprema determinó que el gobierno del país no puede interferir en ciertas decisiones personales como la procreación y el desposorio, entre otros. La intrepidez obligó a modificar todas las leyes federales y estatales que restringían el feto, que quedó recogido como derecho en la Constitución estadounidense.
¿Qué consiguió esta sentencia?
En el caso de Roe, el Tribunal Supremo determinó que el derecho de una mujer a osar si desea ser mamá o no merece una gran protección a nivel constitucional. No obstante, incluso determinó que los estados pueden intervenir para proteger la lozanía de la mamá y la vida del bebé.
La Corte dividió el periodo de preñez en tres trimestres para regular el feto, según explica la Venia de Derecho de Cornell. Durante el primer trimestre, la intrepidez de interrumpir el preñez era exclusivamente de la mujer. Durante el segundo trimestre, el Estado podía regular (pero no prohibir) los abortos en interés de la lozanía de la mamá, mientras que en el postrero trimestre el estado podía prohibir totalmente este procedimiento médico.
Por otra parte, el caso Roe vs. Wade incluso estableció que en el postrero trimestre una mujer podría someterse a un feto a pesar de cualquier prohibición judicial si los médicos certifican que es necesario para librar su vida o su lozanía.
Los datos ayer de Roe vs. Wade
Los datos en Estados Unidos muestran que ilegalizar el feto no elimina este procedimiento, sino que lo hace más inseguro y peligroso para la lozanía y la vida de las mujeres. Los datos son especialmente reveladores durante la época precursor a la sentencia de Roe vs. Wade.
En las décadas de 1950 y 1960, se calcula que entre 200.000 y 1,2 millones de mujeres se sometían cada año a abortos ilegales en Estados Unidos, según un estudio del Instituto Guttmacher. Por otra parte, muchos de estos abortos se realizaban en condiciones inseguras: en 1965, el feto ilegal representaba el 17% de todas las muertes atribuidas al preñez y el parto.
La situación era todavía más difícil para las mujeres con pocos bienes: en 1965, una de cada diez mujeres en situación de pobreza en Nueva York había intentado interrumpir su preñez, casi siempre con un feto autoinducido. Todavía son evidentes las diferencias raciales: entre 1972 y 1974, la tasa de mortalidad por feto ilegal para las mujeres no blancas fue 12 veces anciano que la de las mujeres blancas.
Luego de Roe vs. Wade, a medida que se introdujeron los servicios y clínicas para fracasar de forma segura y judicial, la mortalidad a causa del feto se redujo drásticamente: el número de muertes relacionadas con el feto se redujo de casi 40 por millón en 1970 a 8 por millón en 1976.
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