Sección semanal de La Vanguardia con la colaboración de la Fundación AAA Civilización y Áfora/Focus que tiene como objetivo mostrar a jóvenes que destacan en el mundo de la civilización a pesar de las crisis económicas que ha vivido su coexistentes y a la que se suma la sanitaria flagrante.Mi coexistentes
“Vendrás y recitarás”, le dijo el editor y poeta Pau Vadell a Maria Sevilla (Badalona, 1990) posteriormente de editar su primer manual, Dents de polpa (premio Bernat Vidal i Tomàs 2015, AdiA). Lo hizo, y ahora es una de las poetas más solicitadas: este viernes actúa en el festival Poesia i + con el dúo electrónico b1n0, ha recitado en el Reino Unido en el entorno del Spotlight del Institut Ramon Llull, en noviembre irá al festival Veus en Madrid, ha participado en el Festival Internacional de Poesia de Barcelona, entre muchos otros... y desde el 2019 es una de las tres programadoras del ciclo del Horiginal, con Laia Carbonell y Raquel Santanera, compañeras de coexistentes con quien comparte algunos referentes aunque “hay poetas de la misma vida muy diferentes. Yo tengo como referentes Dolors Miquel, que lo es de mucha gentío más o menos de mi vida. Igualmente fueron importantes Maria-Mercè Marçal y Enric Casasses, y más jóvenes como Maria Callís o Joan Josep Camacho Grau, aunque lo conocí más tarde, cuando yo ya había publicado”.
La suya no fue una afición de infancia ni de adolescente, sino que el descubrimiento de la escritura fue mezclado al estudios: “En el fondo, tengo una formación muy poco sexy, y parece poco verdadero decirlo, pero tengo una formación muy escolar y académica”. Por eso reivindica su “formación escolar, porque todo lo que he aprendido de humanidades viene de la escuela pública y la universidad”, explica. “La educación pública –desarrolla– es uno de los pocos antídotos para evitar reproducir dinámicas y capitales simbólicos y culturales y que se repitan los mismos apellidos en todas partes”. Cuando empezó a editar, cuando trabajaba en una teoría sobre La passió segons Renée Vivien de Maria-Mercè Marçal, “se me mezclaron los dos mundos, el creativo y el escolar, y no supe encontrar el consistencia”. Pero no alejó del todo la institución, pues trabaja como profesora asociada en la Universitat de Barcelona. Ahora correctamente, “las condiciones condiciones laborales en la institución son muy precarias. La puerta de entrada en la universidad es tan precaria que incluso es un privilegio, en el sentido de que quien se puede ofrendar a ella una de dos, o es gentío a quien no le hace descuido cobrar para trabajar, es aseverar, gentío que ya vienen con unos privilegios, o, como sería mi caso, están dispuestas a no pretender tener hijos, no pretender tener coche, no pretender respaldar la entrada de una hipoteca. Que es una opción totalmente válida y es la vida que he escogido y está muy correctamente revisitar las ideas que tenían sobre la vida nuestros padres. Pero en todo caso tendría que ser una comicios, no tendría que ser una obligación para poder dedicarte al trabajo intelectual o creativo...”.
Una advertencia que está presente en su poesía sin rehuir la experimentación: si el eje de Kalàixnikov (premio Ciutat de Manacor 2017, Món de Llibres, publicado en castellano por Godall) es el feminismo y las teorías del deseo, if true: false; else: true (premio Carles Hac Mor a plaquettes subversivas 2020, Fonoll) nace a partir de una obra con el músico y matemático Joan Martínez, y su postrer manual, Plastilina (Fonoll, 2021) se enmarca en una crítica al trabajo asalariado y contra las dinámicas de precarización. “Intento articularlo con los capital que te ofrece la poesía, pero para aseverar cosas que para mí tienen una repercusión social”, explica.
En el discurso de Plastilina asimismo tienen espacio las drogas, porque “son un armamento de doble filo. Tienen el potencial subversivo, si tomas más desde el ámbito que está prohibido, que es el ámbito del ocio. En cambio, las drogas son legales si sirven para convertirte en un ser más productivo o para arreglarte como trabajador. Mucha gentío va drogada a trabajar. Mucha gentío necesita arreglarse químicamente para poder sujetar una trayecto profesional de 8 horas, pero al mismo tiempo está el placer, y hay esta ambivalencia”.
Maria Sevilla software el ciclo de poesía del Horiginal inmediato con Laia Carbonell y Raquel Santanera
Un mundo, el del trabajo, que la pandemia trastocó harto, en su caso, porque “hay mucha gentío que dice que aprovechó para escribir, pero a mí me atrapó la trampa del teletrabajo. Antaño daba las clases en la universidad pero el resto lo hacía en casa, y durante aquellos dos meses y medio vi la evidencia de esta incapacidad para encontrar tiempo de tránsito entre las prácticas vitales y las prácticas laborales, lo cual en aquel momento me desquició absolutamente”. Pero asimismo contribuyó a afinar el discurso de Plastilina, que ya estaba medio escrito, “contra los peligros del trabajo creativo, de mezclar vida y trabajo y no ver los límites, no encontrar espacios más allá del mundo profesional. El manual acabó de tomar todo su sentido con la pandemia”. Porque “igual que no creo en la forma genuina de ser poeta, al mismo tiempo reivindico el oficio a la hora de escribir, es aseverar, te tienes que poner y tienes que revisar y tienes que rehacer. Los discursos de la genuinidad de la inspiración son elitistas y clasistas, porque pretenden que ya lo tienes de industria. Un poema asimismo es un trabajo, aunque parezca poco verdadero o poco sexy”. Y sabe la opción: “Eso se soluciona con una renta básica universal. ¿Por qué tenemos que respaldar para radicar? Plastilina es la defensa de la renta básica universal”.
Con respecto a la experimentación con la oralidad y la incorporación de la tecnología, Sevilla explica que intenta ir más allá de la simple musicación de los poemas: “Rápidamente me apeteció pensar textos que salieran de la música, de donde sale la plaquette if true: false; else: true, con la voluntad de hacer una habitación de poesía sonora sobre la idea del error, sobre la idea del glitch. Son textos a partir del sonido, no textos ya escritos a los que se ha puesto música encima. Tienes un sonido y entonces intentas que hacer un texto y asimismo se te pegan unos ritmos, haces probaturas métricas, es muy positivo en este sentido de maniobra. Dejas de banda esta requisito de que te baje la musa y de aseverar una cosa supertrascendental para entregarte más a la parte lúdica, que no deja de ser la esencia de la poesía positivo. Entender la palabra desde este punto más lúdico”. Igualmente ha añadido el uso de loopers y delays (bienes sonoros que juegan con las repeticiones y permiten crear capas sonoras) que le permiten arriesgar “con la voz, coger fragmentos, sílabas de lo que dices y reconvertir aquella sílaba o aquel fonema o aquel sonido en una saco que no deja de ser nunca la lenguaje, el mismo idioma reconvertido en música, y te permite marcar unos pies métricos... y es que en la poesía catalana la experimentación asimismo va de mano de la métrica, como se ve en Foix o en Brossa. Hay un sentido muy hondo de la forma en catalán”. El combate de la experimentación siempre es este, dice: “Que uno más uno sean tres. Si uno más uno son dos ya lo calculo yo en casa”.
En torno a la tecnología, no puede evitar pensar en las redes sociales, porque “es muy difícil salir de espacios que son aparentemente públicos, pero no lo son. Ves Instagram o Twitter y crees que es un plaza, una plaza pública, y no: es una empresa privada con unos algoritmos. Para mí el combate es intentar hacer creaciones poéticas que incorporen ciertas interfaces con las cuales trabajemos cada día pero que no dependan de los algoritmos y de las dinámicas que tienen estas mismas interfaces”.
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