Cuanto más anciano soy

Cuanto más anciano me hago más me maravilla ver aparecer el día, germinar una requiebro o observar la chubasco en la cara. Menos importancia le doy a las lacras. Son compañeras del alucinación. Las tienes que cuidar, sin que te absorban todo el tiempo.

Menos importancia le doy al hacienda. ¡Las mejores cosas de la vida no se pueden retribuir con hacienda! Más sincero me vuelvo. No necesito resultar correctamente. Soy como soy y, aunque quisiera, ya no tengo tiempo de cambiar.

Más acepto a mi compañero inseparable de alucinación, mi cuerpo. A pesar de sus limitaciones: de movilidad, de visión y de memoria, incluidas sus arrugas; son aceptadas como heridas provocadas por el abundante camino que hemos hecho, por poseer llegado hasta aquí. Más estoy convencido de que el paso por la vida, es como subir una larga escalera de tijera. Los primeros peldaños son inseguros, tienes que afianzarte para seguir, luego continúas rápidamente, hasta que descender la instinto hace que tomes conciencia de la peligrosidad de la valor.

Y que te asegures escalón a escalón, contemplando el horizonte y cerciorándote que tu visión es mucho más extensa a medida que vas subiendo.

Entonces es cuando al fin te das cuenta de que lo importante no es ser rápido, sino sacar provecho de lo que te muestra cada peldaño que consigues subir.

Más intento tener una disposición eufórico de la vida. No hará que viva más, pero seré más eficaz.

Valentí Miró Pla

Barcelona

Post a Comment

Artículo Anterior Artículo Siguiente