“Se alquila un amplio y lumínico calle cerca del centro de Barcelona”. De esta forma arranca un anuncio en un portal inmobiliario de un habitación de 28 metros cuadrados, una habitación, una diminuta terraza y una ventana al patio de luces, por el que piden 1.050 euros. “La lavadora tiene que ir al azotea”, asevera la agente inmobiliaria durante la turista. “Gastado, ya dirá si se lo queda. Alquilarlo lo voy a arrendar. Hoy he tenido seis visitas y mañana cinco más. Está al caer”. Cuando se le pregunta por poco más crematístico alega: “Nadie, mínimo. Este es un chollo, de lo más despreciado que se pueda encontrar”.
Por otra parte de la exagerada mensualidad, se requiere seguro de impago, pacto fijo o un minúsculo de dos avales, se descarta a quienes tienen mascota y el periodo de estancia debe ser inferior a 11 meses. La apresurada turista no disuade a la mujer de inquirir al cliente sobre sus ingresos y de presionarlo de forma descarada. El muchacho interesado en la vivienda, Joan Miquel Pons, desiste y abandona la turista con el mismo sentimiento que en todas las anteriores: “Encontrar calle en Barcelona es encomienda difícil”.
Pocas garantías
El temor a los impagos y a los ocupas echa para antes a quienes deciden arrendar
La búsqueda desesperada por notar casa destapa una nueva dinámica en el mercado del arrendamiento. Si el año pasado tan solo los alquileres en Les Corts y Sarrià-Sant Gervasi superaron los 1.000 euros mensuales de media, por primera vez ya lo hacen un total de cuatro distritos, con Ciutat Vella y Eixample, a los que probablemente se añadirá Gràcia en los próximos meses. Si acertadamente las rentas medias se han situado en los 965,38 euros, un incremento del 6,63 % según el Instituto Catalán del Suelo (Incasòl), la mayoría de arrendamientos supera con creces esta signo.
Los precios del arrendamiento en Barcelona
El incremento supone un cambio de tendencia tras la caída de precios desde la pandemia y en algunos casos ya supera las cifras alcanzadas en 2019, antaño de la crisis sanitaria. El distrito que más despunta es el de Ciutat Vella: los alquileres han aumentado 190 euros de media en tan solo un año, pasando de 827 euros mensuales a 1.018 euros. La inestabilidad económica y jurídica de los últimos meses afecta directamente al arrendamiento, a lo que se añade más presión con el retorno de la población itinerante a la ciudad. La escasez de pisos, encima de empujar al incremento los precios, trae de envés viejas prácticas abusivas e intentos por saltarse una norma que los expertos califican de “errática e ineficiente”. Lo que desatiendo son pisos y lo que sobra es demanda.
Eludir la código
Los alquileres de 11 meses se consolidaron tras la entrada en vigor del control de precios
“Los propietarios tienen cada vez menos incentivos para arrendar y las pocas garantías en presencia de los impagos o la ocupación hace que prefieran traicionar o tener el calle hueco”, señala Rebeca Pérez, directora y fundadora de Inviertis Properties. Delante la poca posibilidad de dilema, según indica Héctor Simón, director de la Cátedra Unesco de Vivienda de la Universidad Rovira i Virgili (URV), “viviendas en peor estado o por encima del precio de mercado igualmente encuentran inquilino”. Por otra parte, “el exiguo poder de negociación del inquilino le empuja a aceptar condiciones abusivas”, agrega. A Alicia no le han renovado el pacto de su contemporáneo habitación, que termina en agosto. Firmó por un periodo de 11 meses tras no encontrar mínimo más y ahora quieren que se vaya. “Estoy buscando calle y más de lo mismo: el pacto inferior a una anualidad continúa siendo un requisito generalmente”, sostiene.
Vecinos de la Casa Orsola se manifestaban en contra de la especulación de precios disfrazados de turistas
“El arrendamiento de temporada aparece como una forma de escaparse del control de precios implantado por la Generalitat”, explica Gonzalo Bernardos, profesor de bienes y director del máster inmobiliario de la Universidad de Barcelona (UB). La medida aprobada para contener el precio de los alquileres estuvo vivo entre septiembre de 2020 y abril de 2022, cuando el Tribunal Constitucional anuló los artículos esencia de la regulación. Como consecuencia, “muchos propietarios retiraron sus propiedades del mercado de arrendamiento”, dice Bernardos, y los que no “limitaron los contratos a 11 meses para impedir que el inquilino pudiera renovar forzosamente”, añade Simón. Según los expertos, los vaivenes jurídicos han irritado a los arrendadores, que se las han ingeniado para trampear las imposiciones administrativas.
Fin de las restricciones
El retorno de la población flotante tensa todavía más un mercado ya saturado
El fin de las medidas vinculadas a la pandemia igualmente ha añadido un desventaja a un sector que ya estaba saturado. La envés de turistas, estudiantes extranjeros y ejecutivos desplazados tensa todavía el esquema. “Por una propuesta en decadencia hay más interesados y la población restringido tiene las de perder al tener beocio poder adquisitivo”, subraya Simón. Aunque muchos inversores ven en el arrendamiento turístico una oportunidad, lo que provoca conflictos de intereses. Uno conocido es el de la Casa Orsola, en l'Eixample, donde los inquilinos aseguran ser víctimas de la especulación de precios luego de que la propiedad pasara a otras manos, lo que conllevó la no renovación de sus contratos. Los nuevos dueños aseguran, no obstante, activo actuado de forma procesal en todo momento y respetando la situación de quienes habitaban en la finca. "Las medidas adoptadas por las administraciones obligan a muchas empresas a volver fuera de Catalunya", expresan desde la sociedad propietaria, que afirma ser víctima de acoso y difamación por parte de algunos vecinos. Lo que es evidente es que si la gentrificación obligaba antaño a marcharse a barrios más alejados del centro, la coyuntura contemporáneo ha encarecido incluso la periferia. Sant Andreu o Nou Barris, que hace cinco primaveras rondaban los 500 euros mensuales, ahora ya alcanzan los 700.
A medida que crece la demanda no solo aumenta el precio, de la mano van los requisitos. Muchos propietarios tienden a ser más selectivos con los inquilinos, priorizando parejas en vez de personas solteras o jóvenes. Nóminas bajas o contratos temporales siquiera ayudan a ser seleccionado. A Arnau una inmobiliaria le requirió entregar una carta de presentación donde exponer su situación profesional, las expectativas de futuro y detalles personales, encima de una foto de cara, como parte del proceso de selección. “Poco que a primera traza parece inofensivo, deriva en conductas discriminatorias”, sentencia.
Una mujer mira las ofertas de viviendas en un armario de una inmobiliaria
En el prototipo contemporáneo, muchos alquileres no se declaran, en otros se cobra una parte en sable o se producen subarrendamientos y alquileres turísticos irregulares. Distintas voces del sector señalan la presión impositiva y el temor al control de precios como los factores que más lastran el mercado.
Las propuestas para incrementar la propuesta son las ya conocidas: ofrecer garantías a los propietarios, implantar deducciones fiscales o diversificar las formas de tenencia, entre otras. “Pero estas políticas no dan votos y se acaba apostando por medidas populistas que tienen posesiones contraproducentes”, critica Bernardos, y vaticina: “No hay expectativas de que suba la propuesta a medio plazo, motivo por el cual la subida de precios se acentuará todavía más en los próximos meses”.
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