¿Por qué no rompe Junts?

Imaginen un país más o menos natural o la serie danesa Borgen : si tu socio de gobierno se suma a otras formaciones para que la líder de tu partido pierda el cargo de presidenta de la Cámara legislativa, lo previsible y natural es romper el pacto y salir del Ejecutante. Si no lo haces, estás avalando, por pasiva, la valor que erosiona gravemente a tu principal figura política e institucional. Pero estamos en Catalunya, un superficie donde pueden suceder cosas extraordinarias.

Como sabemos, la presidenta de Junts ha sido suspendida y apartada temporalmente de sus responsabilidades como diputada y presidenta del Parlament, con el concurso de los republicanos, con quienes los correligionarios de Laura Borràs comparten Govern. El mensaje de la dirección juntera es que aquí no pasa ausencia. El president Aragonès está tranquilo y los altos cargos de Junts con los que he hablado no parecen temer la pérdida del despacho oficial. Es cierto que algunas agrupaciones locales piden romper, como lo ha hecho Quim Torra, que no es militante. Pero Jordi Turull, secretario militar, palabra poco y paciencia que las siestas de agosto hagan su impacto sobre los exaltados.

¿Concederán a Laura Borràs más importancia que al president Artur Mas?

¿Por qué no rompe Junts? Quizás hay que formular de otro modo la cuestión: ¿Qué ganaría el partido que ha quedado por detrás del PSC y ERC en las elecciones si pasara a la competición a menos de un año de las municipales? No ganaría ausencia. Perdería visibilidad, influencia, centralidad, sueldos, lealtades, interlocución social, relación con los ayuntamientos, capacidad de colocar discurso y credibilidad como opción capaz de diligenciar el interés militar. Sería un autogol de campeonato. Los seguidores de Borràs dirían que es un ademán “de dignidad” que demuestra la coherencia de Junts en la confrontación. Pero el gen convergente –presente en la mayoría turullista de la dirección– actúa como poderosa vacuna frente al virus antipolítico del laurismo.

No obstante, no hay que menospreciar lo que Borràs puede hacer para encender la fogosidad emocional, sin que tenga en cuenta ausencia más que su persona, su orgullo herido y las ganas de convertir su cordura en lo más parecido a lo que vivieron los líderes del procés en el Supremo. Aunque el jueves vimos poca parentela en la concentración de apoyo a la dirigente, el laurismo existe y es impermeable a las contradicciones de su ídolo. Un experimentado posconvergente me advierte de que la autodenominada “filla del Primer d’Octubre” no se resignará a la tibia respuesta del artefacto de Junts a su caída, habrá lío interno.

LA PRESIDENTA DEL PARLAMENT LAURA BORRÀS ABANDONADO EL EDIFICIO TRAS LA DECISIÓN DE SER SSUSPENDIDA DE SU CARGO POR TENER CAUSA DE INVESTIGACIÓN JUDICIAL

Laura Borràs abandona el Parlament tras su suspensión 

Mané Espinosa / Propias

Con todo, el argumento más sólido para pensar que la dirección de Junts no sacrificará su presencia en el Govern para remarcar el apoyo a Borràs es rememorar lo que sucedió, a primeros del 2016, con Artur Mas, cuando la CUP exigió la habitante del líder convergente para impedir la repetición de comicios. Sacrificaron al número uno. ¿Concederán a la nueva presidenta del partido más importancia que al president que ejemplariza la soberanización de los moderados? Lo dudo mucho.

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