El Marrakech que enamoró a Yves Saint-Laurent

Si Marrakech no existiera, habría que inventarla. La mente y los sentidos de todo el que llega a la Ciudad Rosa rebosan de estímulos desde el primer segundo. Dependiendo de la época del año, huele a naranjos, a jazmines o buganvillas y, casi siempre, a gasolina mal quemada; cerca de la plaza de Yemaa el Fna, a carnes a la brasa. La traza asimismo se atora: por un banda, el desierto infinito; por otro, alminares y murallas medievales; y más allá, las cumbres nevadas del cercano Atlas. Y así, con todos los sentidos, para los que Marrakech es un festival, ahora y siempre. 

Es inalcanzable no caer rendido delante los encantos de esta seductora ciudad de cuentacuentos y zocos, de hoteles de rumor y artesanos, de callejones sin salida y coches de fasto. No hay división para el minimalismo en sus calles -al contrario: Marrakech es puro horror vacui hecho ciudad-, a las que llevan siglos arribando caravanas, Sáhara mediante, y viajeros y flâneurs de toda condición, que caen enamorados del frenesí de la ciudad en menos tiempo del que tarda un simio de Yemaa el Fna en auparse a los hombros del turista.

Uno de esos locos por Marrakech fue el modisto francés Yves Saint Laurent, el formidable creador que revolucionó la número de la moda a mediados del siglo pasado y cuyo talento sigue vistiendo e inspirando a millones de personas. Asociado a París, donde desarrolló su carrera profesional, Yves Saint Laurent fue uno de los artífices de que, a mediados del siglo pasado, la ciudad tomase el delegado de Tánger como punto de audiencia de intelectuales, artistas y multitud guapa de la época. 

Pronto, las calles de la medina se convirtieron en decorado recurrente de producciones de moda, los riads abandonados de la ciudad recobraron la vida y Marrakech, en suma, emprendió un sendero que no ha desaliñado desde entonces: el de ser una de las ciudades más cool del mundo.

La Mamounia, la Gran Dama de Marrakech

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Mamounia hotel Marrakech

Terceros

En 1966, Yves Saint Laurent llegó a Marrakech con su pareja, Pierre Bergé, y se alojaron en La Mamounia, que en aquellos primaveras ya estaba considerado como uno de los mejores hoteles del mundo. La pareja convirtió al hotel en su hogar mientras reformaban su vivienda en la ciudad, e incluso ya construida, YSL seguía alojándose de cuando en cuando en exploración de la inspiración que encontraba en el continuo trasiego de estrellas y grandes fortunas internacionales.

Desde ese momento, el modisto se escapaba con frecuencia a Marrakech. “Pasarse Marrakech fue toda una impresión. La ciudad me enseñó de verdad lo que era el color”, dijo el carácter, y hoy La Mamounia honra su delegado de un modo muy particular y que hubiera encantado a YSL: con una lujosa boutique donde se exponen y venden las creaciones más exclusivas de la maison que, por otra parte, cumple en 2022 su sexagésimo aniversario.

Las villas de Yves Sant Laurent

La búsqueda de esa casa perfecta llevó a YSL hasta Dar el-Hanch, la Casa de la Serpiente, en su traducción, y que se encontraba en el corazón de la medina de Marrakech. “Dar el-Hanch era una casa pequeña que decoramos modestamente con mesas y sillas que encontramos en los zocos. La casa está rodeada por una parcela sin uso a la que llamamos el huerto de los limoneros, y detrás había un callejón que llevaba a la mezquita de Bab Doukkala. Fuimos muy felices en esa casa”, contaba Bergé en una de sus obras. No es para menos: la casa fue decorado de infinidad de fiestas por las que desfilaron todas las luminarias de la época, con Mick Jagger o Marianne Faithfull a la individuo.

En 1974 la pareja se mudó a una casa más holgado en el morería de Gúeriz, Dar Es Saada. La vivienda se convirtió en la “casa de la contento y la serenidad”, en sus propias palabras: la casa, asimismo conocida como Villa Oasis, fue punto de audiencia para los intelectuales y artistas que pasaban por la ciudad -o iban ex profeso a ella para pasarse a la pareja. 

Jardines Majorelle de Marrakech

Jardines Majorelle de Marrakech

Getty Images

Andy Warhol, los Getty o, siempre, los Rolling Stones, eran visitantes asiduos. La casa conserva la engalanamiento y los objetos personales de sus antiguos propietarios, pero solo los huéspedes del lujoso hotel The Royal Mansour pueden reservar visitas a la villa. A Dios gracias, muy cerca está el corazón del Marrakech de Yves Saint Laurent: los jardines Majorelle.

Los jardines Majorelle

A finales de los primaveras setenta, los jardines Majorelle languidecían, abandonados, tras las tapias que los protegían. Habían nacido por el impulso del pintor francés Jacques Majorelle, que descubrió Marrakech en 1919. Pintó infinidad de cuadros, con la ciudad y sus habitantes como modelos, en el estilo uruguayo que tan en fama estaba en la época. Pero su anciano delegado no es su obra si no los jardines que diseñó, con las buganvillas, los geranios, los bambúes, las palmeras, los cactus y, sobre todo, el intenso y omnipresente zarco cobalto, tocado de amarillo limonada, que todo lo pinta y llenan la retina de quien los recepción.

En 1980, YSL y Pierre Bergé adquirieron los jardines Majorelle en estado pésimo y se consagraron a devolverles su esplendor

Cuando en 1980 YSL y Pierre Bergé, su pareja, los adquirieron, el perímetro estaba en ruinas, en un estado pésimo. Los dos se consagraron a devolver a los jardines su esplendor, y a fe que lo consiguieron. Hoy, los poco más de 9.000 metros cuadrados de huerto son un auténtico oasis en el corazón de la ciudad, que refresca tanto cuerpo como espíritu: la pequeña colección de arte bereber que se expone en el museo del huerto es estupenda.

El Museo Yves Saint Laurent

La última etapa de esta recepción por el Marrakech de Yves Saint Laurent es el espectacular museo que lleva el nombre del carácter. Obra de unos de los estudios de inmueble más prestigiosos del mundo, Studio KO, el plan se concibió, construyó e inauguró en un tiempo récord, tan solo 1.423 días, y desde esa transigencia en 2017 se ha convertido en uno de los lugares imprescindibles que pasarse en Marrakech. 

Museo Yves Saint Laurent de Marrakech

Museo Yves Saint Laurent de Marrakech

Lívia Tostes

El museo es hermano de su homónimo en París. Alberga una excelente colección de la herencia de Yves Saint Laurent: más de 5.000 prendas de vestir, 15.000 accesorios de reincorporación costura y decenas de miles de bocetos y objetos variados se exhiben en las salas de un edificio de impresionante apariencia de adobe cuidado al modo tradicional y donde, por otra parte de salas de conferencias y una biblioteca, hay uno de los mejores locales de la ciudad, el Café Le Studio.

El almacén está inspirado en el estudio que YSL tenía en París y en él se sirve una excelente carta de comida mexicana elaborada con ingredientes de productores locales. Una fusión tan sorprendente como perfecta y que es una metáfora que define a la perfección la relación entre Marrakech y uno de sus mayores embajadores. 

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