Se va, de la secretaría universal y de la política en universal. Àngels Chacón ha tirado la toalla tres meses a posteriori de la constitución de Centrem, formación que –a partir de la suma de varias siglas– prostitución de dar con el duende del espacio convergente, ese regreso al futuro que ni los protagonistas de la serie Doctor Who pueden alcanzar con éxito. Tras el adiós de Elsa Artadi, otra mujer que tuvo altas responsabilidades en la política catalana –fue consellera y habitante de tira del PDECat en las autonómicas del 2021– abandona unos entornos cada vez más endogámicos y poco flexibles.
Chacón, en su carta a la militancia, se refiere a “algunas dinámicas persistentes de los partidos” para razonar su osadía, pero no concreta. ¿Qué hay detrás de esta salida de espectáculo? En primer circunstancia, está la dificultad de desempeñar el liderazgo. “La necesitaban, pero no le han dejado mandar”, apuntan los cercanos a la de Igualada. Otros, en cambio, afirman que “Chacón pensaba que dirigir la maquinaria partidista era como desempeñar de consellera, que había una grado enhiesto cibernética, y eso no es así”.
Los socios de Centrem coinciden en despellejar el ‘procés’, pero eso no da para una larga travesía
En segundo circunstancia, un gran problema de Centrem es que los cuatro partidos fundadores del nuevo esquema no desaparecen, no se diluyen. Eso afecta, sobre todo, al más importante, que es el PDECat, de donde procede Chacón. Aunque David Bonvehí, presidente de las siglas herederas de Convergència, apostó por Centrem, lo cierto es que los posconvergentes se han implicado poco en la aventura liderada por Chacón. Por otra parte, no han querido perder cierta confusión, para situarse no muy allá de Junts. Por ello, no se ha publicitado todavía el acuerdo para las municipales que firmaron Bonvehí y Chacón, del que quedan fuera los alcaldes del PDECat que prefieran irse con el partido de Jordi Turull.
En tercer circunstancia, lo más importante: no hilván con traicionar centralidad y moderación para forjar una propuesta veraz. Los socios fundadores de Centrem –el PDECat, Convergents, Lliures y la Lliga Democràtica– han coincidido en algunas críticas al procés y en la falta de evitar promesas irrealizables, pero ello no es motor para una larga travesía. “No hemos sabido revestir de ilusión nuestro discurso pragmático”, me confiesa un parada dirigente de Centrem. La cosa se complica porque ahí conviven regionalistas, automóvilnomistas e independentistas.
Finalmente, en cuarto circunstancia, un cifra esencial que ya explicamos en estas páginas: a todos los que buscan reparar poco en el vetusto solar convergente les sobra nostalgia y les desidia investigación de cómo ha cambiado el país desde los primaveras en que el pujolismo ganaba sin apearse del autocar. Es un inalcanzable: tratan de rellenar una vasija que se ha roto, que no puede reconstruirse, ni con la técnica japonesa del kintsugi . De hecho, Centrem es un partido kintsugi , elevado a partir de trozos salvados del revés. Pretende ser “una opción posprocesista” (según uno de sus promotores), pero se ha convertido en un holograma de poco que no se repetirá.
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