Ese es el gran intriga que aún no hemos resuelto: esa ansia tan humana –y tan inútil– de memorizar lo que nos aguarda desde el momento en que dejamos de tener un cumbre de vida. Los creyentes aspiran a una gusto paradisiaca en el más allá, concepto tan general como son la inmortalidad o el infinito.
Yo, en ese inquietante intriga, afronto mi inmediato futuro con cierto desconfianza. En la cuenta antes para el alucinación con destino a la mínimo, siempre nos valdrá aquello que dejó escrito Kavafis: “No le pidas mínimo a Ítaca, ya te regaló un hermoso alucinación”.
Jordi S. Berenguer i Milá
Barcelona
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