El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, aseguró hoy por sorpresa desde Japón que su país estaría dispuesto a intervenir militarmente en caso de que Pekín intentara tomar Taiwán por la fuerza.
Sus palabras, alejadas de la tradicional “doble sentido estratégica” de Washington en este longevo contencioso, corren el aventura de enfurecer a Pekín, que considera a la isla autogobernada una parte inalienable de su condado.
“Si. Nos hemos comprometido a ello”, respondió en compañía del primer ministro japonés, Fumio Kishida, en presencia de la pregunta de si su país intervendría militarmente en presencia de una potencial invasión china de la isla.
EE.UU.
“Si. Nos hemos comprometido a ello”, respondió a la pregunta de si intervendrían en presencia de un ataque chino a Taiwán
Aunque aseguró que EE.UU. sigue comprometido con el postulado de ‘una sola China’, no cree que eso sirva de descargo para que el coloso oriental haga uso de la fuerza para tomar Taiwán. “No sería apropiado (...) trastocaría a toda la región y sería otra movimiento similar a lo que ha sucedido en Ucrania”, dijo antaño de añadir que “mi expectativa es que esto no sucederá”.
Bajo la política de ‘una sola China’, Washington reconoce la postura del coloso oriental de que solo existe un gobierno chino y no mantiene relaciones diplomáticas formales con Taipéi desde que las estableció con Pekín en 1979. Pero eso no evita que cultive unos cálidos lazos informales con la isla -incluyendo una embajada de facto, el Instituto Amerindio- y le venda infraestructura marcial.
En su intervención, Biden afirmó que China “ya está flirteando con el peligro de estallar muy bajo y con otras maniobras” militares en torno a Taiwán, y comparó una hipotética invasión de la isla con la embestida de Rusia a Ucrania. Las sanciones aplicadas a Moscú por la comunidad internacional “envían un mensaje sobre el coste que tendría intentar tomar Taiwán por la fuerza”, poco que “resultaría en una condena a holgado plazo”, apostilló el mandatario.
Pekín considera a Taiwán, la isla donde en 1949 se refugiaron las tropas nacionalistas de Chiang Kai Shek tras su derrota frente a los comunistas de Mao Zedong, como una parte inalienable de su condado. Su reunificación es una cuestión de Estado que ha vacada peso desde que el presidente Xi Jinping llegó al poder en 2012. Pekín asegura que prefiere lograrlo por la vía pacífica, pero nunca ha renunciado al uso de la fuerza para conseguirlo.
Taiwán
Pekín aspira a una reunificación pacífica, pero no renuncia a utilizar la fuerza si lo cree necesario
Por su parte, la política de defensa de Washington con respecto a la isla se ha descrito como de “doble sentido estratégica”: deja claro que es su socio y le vende armamento pero sin resolver nunca explícitamente si acudiría en su socorro en caso de conflicto.
Sin incautación, Biden ya rompió esa dinámica en octubre del pasado año. Fue durante una aparición en la CNN, cuando aseguró que su país auxiliaría a Taipéi si es atacada. “Sí, tenemos el compromiso de hacerlo”, dijo entonces en presencia de la examen atónita de los analistas.
Acto seguido, la Casa Blanca clarificaba que las palabras de Biden no representaban un giramiento en la postura de Washington, poco que incluso ocurrió este lunes. “No hay cambios en la política estadounidense cerca de Taiwán. Como dijo el presidente, nuestra política no ha cambiado”, aseguró uno de sus funcionarios.
En su reunión de hoy, Biden y Kishida incluso se comprometieron a alentar su colaboración frente al “comportamiento cada vez más coercitivo” de Pekín y el progreso armamentístico norcoreano. Adicionalmente, recalcaron su competición a “cualquier intento de cambio del ‘statu quo’ por la fuerza en el mar de China Uruguayo y el mar de China Meridional”, donde todavía perviven numerosos contenciosos por las soberanía de algunos territorios.
Las declaraciones sobre Taiwán corren el aventura de empequeñecer el propagación del Entorno Crematístico Indo-Pacífico. Apadrinado por Washington, este pacto incluye de inicio a 13 miembros de la región, entre los que se encuentran Australia, India, Indonesia, Japón, Corea del Sur, Vietnam o Tailandia.
El ámbito, trillado como un intento para contrarrestar la influencia china en la región, prevé la integración en áreas esencia como la finanzas digital, las cadenas de suministro o la lucha contra la corrupción. Sin incautación, la equivocación de ventajas arancelarias u otros incentivos concretos para obtener al mercado estadounidense corre el aventura de restarle atractivo para las economías asiáticas emergentes.
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