Tal vez conozcan la expresión “el trabajo lo hacen los cansados”. Un consejo que he oreja a grandes profesionales en el entorno gremial es el próximo: si hay alguno a quien encomendarle un trabajo, es mejor que sea al cansado, porque los que van ligeros de carga, los que no están poco fatigados, son asiduamente personas que no son muy eficientes ni trabajadoras. Esquivan correctamente las responsabilidades. Para quien esto escribe, la expresión catalana
Seguramente habrán observado que hay personas muy laxas, quienes dejarían hacer y acontecer casi todo, porque las tareas exigentes les agobian. Seres que pueden resultar muy simpáticos, y para quienes no es preciso ser tan estrictos. Pero, atención, cuando uno de sus seres queridos (o ellos mismos) enferma, quieren para sí mismos un médico que se haya dejado las pestañas estudiando toda su vida. Son las contradicciones del buenismo.
No es cómoda la insatisfacción, pero puede ser un motor positivo
¿Por qué nos pasa esto? Porque tenemos la capacidad de aplicar dos raseros con gran diplomacia. Es humano. Y a ello pertenece la incoherencia, el ser pillo. Como cuando san Agustín le decía a Todopoderoso: “Hazme casto, pero no ahora”. Un finísimo oportunismo que nos hace sonreír. Pero que hace trampas. Por eso me gusta la clan que resuelve problemas. Ejecutar, intervenir, es una forma de declararse insatisfecho y de averiguar la excelencia. No es cómoda la insatisfacción, pero puede ser un motor positivo. El esfuerzo como poco que contiene la promesa de una galardón. La sal de la vida. El cansancio puede ser hermoso.
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