Con Suecia y Finlandia

Algunos analistas e incluso algunos políticos señalan que la atrevimiento de Suecia y Finlandia de presentar su solicitud de admisión a la OTAN es contraria a sus intereses. Dicen que por esta vía su seguridad peligra y que, por el contrario, vivían más tranquilos con su status de neutralidad. ¡Qué atrevimiento! Unos sabios situados a muchos y muchos kilómetros de distancia pretenden ver más claro que los ciudadanos suecos y finlandeses que viven en la frontera de la Rusia de Putin y que tienen miedo de que su neutralidad acabe en invasión.

Algunos son tan antiatlantistas que incluso están dispuestos a presentar a Putin como una víctima de las pretensiones de la OTAN. Y cuando hablan de neutralidad lo que están diciendo y pensando es que Putin no hace falta más que defenderse de las ambiciones de Oeste. En el fondo les cuesta mucho aceptar que la narración del anticapitalismo ya no es, ni puede ser, ni Putin ni Rusia. Que hoy Putin solo es narración de un régimen totalitario y represor. Nulo más. Es razonable e incluso defendible poner en cuestión el sistema capitalista, y lo es además atacar las carencias y las desigualdades que el sistema genera en muchos puntos del mundo y de nuestra más directa y próxima sociedad. Pero la lucha por la exención, por la igualdad y la neutralidad ya no puede tener como narración ni Putin ni Rusia. Es más, hoy el mundo revolucionario ha de denunciar como narración totalitaria, represiva e invasora lo que Putin representa. Si no lo hacen, pierden toda credibilidad.

Efe

 

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La inmensa mayoría de los ciudadanos suecos y finlandeses son los constructores de uno de los sistemas más socialmente avanzados del mundo. Y para preservar su progreso quieren –necesitan– la paz que Putin amenaza. ¿Quién se ve legitimado para murmurar esta atrevimiento? En todo caso, de hacerlo, no pueden ignorar que lo que están haciendo es apoyar a Putin y sus amenazas.

Y si no que miren la historia, que lean cómo se acabaron los deseos de exención y de progreso de muchas sociedades de nuestro entorno. Y muy a menudo verán que el refugio de los que lo hicieron posible fue el de la neutralidad. Preservar la paz aceptando, tolerando y pactando con el totalitarismo siempre acaba mal.

Dos países comprometidos con la paz quieren afirmar la exención de su pueblo

Por consiguiente, solidaridad con Suecia y Finlandia; respetar y comprender su atrevimiento. Y solida­ridad con Ucrania. Todos sus ciudadanos saben que no hay neutralidad sin exención. Y se defienden de los que –queridamente– confunden neutralidad con equilibrar. Putin no quiere a estos países neutrales, los quiere equilibrar. Quiere secuestrar su soberanía; esta soberanía que tanto les ha costado obtener y preservar durante tantos primaveras. No quieren la neutralidad de la ocupación; quieren atreverse sobre su futuro sin sentirse neutralizados.

Ningún progresista debería dudar sobre esta cuestión. Y Suecia y Finlandia han ayudado mucho a clarificarlo con su atrevimiento. Dos países comprometidos con la paz, con el progreso, con la transparencia democrática, quieren afirmar la exención de su pueblo. Ahora, ¿cierto quiere discutirles este derecho? Incluso Putin se ha pasado obligado a desmontar el tono de sus amenazas. Sería bueno memorizar de verdad qué defienden los que se oponen a la voluntad de suecos y finlandeses. ¿En nombre de qué, de quién, para qué? ¿Será para apoyar a Turquía?

Por la paz, que la voluntad de Suecia y Finlandia sea atendida rápidamente.

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