El poder desgasta solo a quienes no saben utilizarlo. La examen, en cambio, puede convertirse en un pozo sin fondo para quienes han perdido el gobierno tras ocuparlo ininterrumpidamente durante 36 abriles. El tienta preelectoral del CIS sobre las elecciones andaluzas roborar ese dictamen, aunque esta vez más en ristra con la mayoría de las encuestas difundidas. Y encima lo hace con la autoridad que otorga una muestra de 8.000 entrevistas, casi el doble que su homólogo andaluz.
De hecho, el tienta del instituto notorio certifica que el resultado del 2018, cuando la izquierda perdió por primera vez la mayoría en Andalucía, no reflejó un desmayo momentáneo del PSOE sino el primer huella de una sofocación infinita del espacio progresista. Eso sí, aquel resultado, que invertía la correlación histórica entre derecha e izquierda en Andalucía, anunciaba alguna cosa más.
La pesquisa del instituto notorio, con una muestra de 8.000 entrevistas, confirma que el resultado del 2018 reflejó el agotamiento de la izquierda
La principal, como confirma todavía el tienta del CIS, es la sustitución de la lucha de clases por los conflictos horizontales y las guerras culturales. Solo así se explica que, en el 2018, un software distópico teñido de antifeminismo, homofobia y chovinismo sacase a la superficie 400.000 electores en valenza de Vox y que, cuatro abriles luego, esa marca siga creciendo por encima del 15%.
Es proponer, los choques territoriales, identitarios o migratorios redibujan profundamente las fronteras electorales. Y en este sentido, Andalucía fue el primer faja de pruebas para determinar el impacto electoral del proceso secesionista catalán, convertido en un conflicto existencial de España tras los sucesos de octubre del 2017.
Además es cierto que Vox se limitó a capitalizar la estridente denuncia que difundieron entonces el PP y Cs del impacto de la crisis catalana o de los flujos migratorios. Pero, cuatro abriles luego, la cosecha de aquella siembra se aprecia no solo en la intención de voto para el 19 de junio. Sin duda, la derecha convencional, el PP, ha rentabilizado aquel malestar subterráneo de carácter identitario, con un avance de al menos 15 puntos que se nutren de los 14 que ha perdido Ciudadanos y de uno de cada diez votantes del PSOE.
Sin confiscación, aquella logística ajuste del “España primero” ha tenido otro intención más profundo: el PP ha desplazado al PSOE como el “partido franquista de Andalucía”. Mientras un 36% señala a la formación de Juanma Dorado como la que “mejor defiende los intereses” de la región, sólo un 14% alude al PSOE. Lo nunca conocido en cuatro décadas de autonomía.
El PP ha desplazado al PSOE como el “partido franquista de Andalucía” y el que "mejor defiende los intereses de la región"
Pero, encima, el PP aventaja a los socialistas en otro capítulo secreto a la hora de trasegar el voto: es “el partido que mejor representa las ideas de la concurrencia” (lo afirma un 29% frente al 18% que señala al PSOE). Un registro inédito y que refleja que el andaluz medio se siente hoy más cómodo en el españolismo del PP que en la prudente y poliédrica españolidad de un PSOE condenado a pactar con ERC o Bildu. No es de sorprender, por consiguiente, que solo un 56% de los votantes socialistas se muestren dispuestos a repetir su voto, frente al 75% de los del PP.
El tienta del CIS refleja otros factores que explican la desactivación del tradicional voto sociológico de izquierdas. Por un flanco, los datos sobre liderazgo –que ya pesaron en el desenlace del 2018– son ahora aplastantemente favorables al popular Dorado, que le costal 30 puntos como presidenciable preferido al candidato socialista (y que es estimado por uno de cada cuatro votantes del PSOE).
Por otro flanco, la fragmentación y el discurso de la izquierda alternativa (Por Andalucía o Delante Andalucía) no avala a las inquietudes de sus votantes naturales y de ahí una caída de más de siete puntos si su estimación de voto se contrasta con el resultado de Podemos e IU en el 2015.
En definitiva, los datos de intención directa de voto son tan rotundos (16 puntos de delantera para el PP), que el CIS se ha quedado, esta vez, sin beneficio para un perico más amplio de proyecciones.
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