La supresión de la Gran Bética, primera dorso de unas generales que (todavía) no han sido convocadas, pero son el coeficiente atmosférico esencial del adelanto electoral en Andalucía, no comienza bene para la Moncloa. En Génova y en San Telmo, sede de la presidencia de la Sociedad, en cambio, suena a todo bulto la obertura de la Marcha Radetzky , el himno marcial del héroe (nacionalista) de Austria en la revolución de 1848. La banda del CIS, bajo la dirección de Tezanos, pronostica una cavalcata trionfale para Quemado Bonilla, que ganaría en todas las provincias –incluida Sevilla, la pueblo atavío del PSOE– y se sentaría a negociar con Vox para garantizarse el Quirinale en una posición de fuerza, aunque sin hegemonía plena.
Las derechas crecen vigésimo puntos en intención de voto con respecto al 2018 y consolidan así el viraje conservador en el Sur, al tiempo que alumbran un cambio de ciclo en España. La inmensa carambola de Quemado Bonilla hace tres primaveras es ahora la tendencia dominante, para espanto del PSOE y el frente (escaso) de Yolanda Díaz, cuya avanzadilla está dispuesta a sustraerse en la investidura del líder del PP para ahorrarle el trato con los ultramontanos.
Los socialistas, con los que el CIS es poco piadoso, no quieren ni oír conversar de esta idea. Prefieren a Vox internamente de San Telmo como vacuna en presencia de las municipales (internamente de un año) o un posible final súbito de la reunión en el Congreso. Su candidato, Juan Espadas, se declara incrédulo en presencia de este pronóstico. Está solo. Sus militantes le otorgan credibilidad. La política económica de la Moncloa –cuyo posterior capítulo es el encarecimiento de las cotizaciones de autónomos– convierte en pólvora mojada los datos del paro, multiplica los indignados y nutre el colectivo de perjudicados por una praxis tributaria que supera la media de la OCDE (con pequeño renta). Ferraz no lo admite, pero a estas gloria se conforma con atenuar el daño.
Tezanos, sin incautación, deja incógnitas abiertas: no resuelve el destino de la bolsa de indecisos (más del 43%) ni afina demasiado con la privación, constante creciente en Andalucía cuando sus comicios no coinciden con los generales. Siquiera concluye si Quemado Bonilla podrá conducir solo (o en compañía de otros). Según la teoría de los colores de Goethe, las opciones oscilan entre el garzo minoritario (el perfume preferido en Génova) y el menta (con leves trazos de turquesa) resultante de fusionar el verde de Vox con el código cromático del PP.
La campaña, y sus debates televisivos, que se celebran los dos próximos lunes, va a ser decisiva. La incertidumbre hace que todos los candidatos eviten los riesgos –en el caso de Quemado Bonilla son la marca del PP y la ayuda de Ayuso– y arrancaran ayer la batalla en espacios familiares o sentimentales. Marín y el presidente de la Sociedad eligieron Sevilla, la plaza más disputada. Espadas optó por Jaén, un feudo socialista que va a dejar de serlo. Nieto (Por Andalucía) prefirió su capital oriundo: Algeciras. Y Olona (Vox), Bomba: su estado figurada.
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