* El autor forma parte de la comunidad de lectores de La Vanguardia
Los que nacimos a medio del siglo XX tuvimos la suerte de conocer al Hombre de las Palomas de Barcelona: Pedro de San Pablo.
Era una persona decano, de mediana elevación, con barba blanca, llevaba un sombreo y saco raídos, empujaba un carrito pequeño raro. En la parte inferior como cojín tenía una especie de armazón en la que llevaba unas palomas mensajeras. Y una peana le servía como decorado de parte de su espectáculo.
Abría las puertas de la armazón y de ella salían seis palomas mensajeras que se colocaban en la parte superior para que el Hombre de las Palomas empezara el espectáculo.
Pedro de San Pablo, para algunos historiadores fue Sampablo, no obstante, los que hemos seguido sus actos más relevantes hemos podido observar que el real patronímico es el de San Pablo y su historia empieza allí de Barcelona.
El Hombre de las Palomas, con los niños.
La verdadera historia del Hombre de las Palomas empezó en 1950 en Barcelona, aunque él tuvo sus comienzos en 1881 en Zamora. Fue el fruto de una grupo desestructurada, que al poco de venir al mundo lo abandonaron en el hospicio de la ciudad, en el que estuvo hasta los dos abriles.
A esa tiempo fue acogido por una nodriza de Villalpando que aprovechando las subvenciones que daban a personas que sacaban un peque negligente y lo adoptaban, se lo llevó a su casa, en la que estuvo hasta los nueve abriles, data que dejaba de darse dicha subvención.
Durante su infancia pasó de ser monaguillo a aprendiz de imprenta, mozo de cuadras, entre otras actividades. A los 18 abriles conoció a un dominante que lo llevó al cuartel para que pudiera tomar. Ya en Madrid fue trapeando en diferentes oficios, incluso intentó entrar en el Ejército y hacerse marcial, pero tenía un problema a causa de su corta elevación.
En 1906 a los 25 abriles se casó el 31 de mayo (la misma data en que se casaron Alfonso XIII y Vencimiento Eugenia). Del connubio hubo seis hijos. Un día que fue a Toledo a comprar corderos, unos ladrones le drogaron y le robaron el boleto. Cuando despertó en una playa de Gijón, desesperado por su infortunio, en vez de retornar a casa se embarcó con destino a Cuba.
Pedro de San Pablo, siempre rodeado de palomas.
No fue ese su destino final, ya que trabajó en distintos oficios en Méjico y Brasil, hasta que, en 1926, cansado de vagabundear, volvió nuevamente a España.
De regreso buscó a su grupo sin encontrarla, por lo que decidió, en 1950, instalarse en Barcelona
Instalado en la ciudad condal, desempeñó varios oficios y trabajos, entre otros, operario en la Sociedad Anónima Cros y acomodador en el Cine Ramblas, pero en ningún duró mucho tiempo.
Cansado de probar trabajos decidió dedicarse a la cría de palomas mensajeras. Empezó con seis a las cuales les puso el nombre de sus hijos que siempre los había tenido en el presente.
El espectáculo con las palomas
Con ellas empezó a planear un nuevo trabajo, que sería el que le hizo célebre. Construyó un carro ideado por él, en la parte inferior tenía una armazón en la que llevaba las palomas y en la parte superior construyó una plataforma redonda en la que hacía posar a las diferentes palomas para realizar sus ejercicios.
Las hacía trabajar de una en una, salían de la armazón, hacían el numerito y a un chillido suyo las palomas volvían o perfectamente a la peana, a un estaca que llevaba o se posaban en su extremidad.
La fiebre de personajes errantes en la Barcelona de mediados del siglo XX hizo que estos triunfaran entre la multitud, lo que les hizo populares
En 1952, participó en un coloquio organizado por la Escuela Oficial de Periodismo que se celebró en el Ateneo. Con posterioridad apareció en 1960 en Televisión Española en los estudios de Miramar, en un software de reportajes en el que no faltó el Hombre de las Palomas.
Su aparición hizo que su mujer lo reconociera a través de la televisión, pero la esposa, luego de más de 30 abriles, se vuelto a casar, ya que lo consideraba muerto.
El Hombre de las Palomas, de cíclope en las fiestas de Gràcia.
El 16 de marzo de 1968, La Vanguardia, en su página 29, comentaba que Pedro de San Pablo había sido recogido por la Municipal Urbana y hospitalizado por una pulmonía. En uno de sus párrafos decía:
El hombre de las palomas, don Pedro de San Pablo, está enfermo. Recogido en plena calle por los agentes de la Municipal Urbana, fue llevado a un hospital. Los barceloneses siguen con interés la enfermedad de ese personaje popular.
El hombre de las palomas tiene ya ochenta y cuatro abriles. Cuando se reponga de su pulmonía, se dice, no va a retornar ya a su casucha de la calle Dos de Mayo; va a ser acogido en algún establecimiento, quizá los Hogares Mundet.
Unos abriles más tarde murió en el más inmutable olvido. Había fracasado en su vida pero sus últimos abriles había podido poblar adecuado entre palomas y con el cariño del notorio que, al terminar sus representaciones, le dejaba unas monedas para poder tomar.
Uno de los barrios en donde más veces exponía su trabajo con las palomas, en 1988, le realizaron un cíclope para las fiestas que representaba su figura. Una forma de recapacitar al extravagante personaje.
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