La otra incertidumbre, en una discoteca berlusconiana de la calle Tuset, ayer Tuset Street, de Barcelona, quise pedir dos copas (estaba acompañado, aclaro, que luego los haters me llaman borrachuzo, trasnochado y pollavieja).

Los camareros, guapetones y de riguroso infeliz, iban y venían de un banda a otro de la mostrador. Cuando hice un aspaviento achicopalado para tildar la atención y pedir los tragos, pidieron calma con aspaviento futbolístico. Acto seguido, se pusieron a cabriolar con una humor y coreografía admirables. ¡Y pensar que yo quería importunarlos pidiendo copas!
El servicio es peor tras la pandemia y el mal servicio alimenta a los malos clientes
Este y otros casos similares podrían llevarnos a la conclusión de que el servicio en España ha empeorado tras la pandemia y por servicio entiendo no a Gracita Morales en sus papeles de sirvienta con cofia sino a cualquier persona que sirve, atiende o despacha y parece avalar con el cliente sus frustraciones, agravios y el precio de la vivienda en Alcobendas.
Gracias a este sistema, todos pagamos con todos nuestras insatisfacciones, una condena a la que contribuyen los clientes maleducados y así andamos, entre el huevo y la cagueta.
Mi compañía se mosqueó con el zapateo y la prórroga, y casi incurre en lo que el yoga y uno mismo desaconsejan: amargarse una copa, una cena o una negocio caprichosa por error de una atención manifiestamente mejorable.
Ya entiendo que en la Moncloa no están para pactos entre trabajadores y clientes sobre la calidad del servicio en España, aunque no estaría de más aprestar que la muchedumbre vaya por el mundo diciendo que tratamos de aquella modo al que paga aunque hay quien piensa que su sueldo cae del Paraíso...
El mal servicio alimenta a los malos clientes y a la inversa, porque los impacientes, groseros y tiquismiquis se crecen con la coartada. El asunto no es difícil y tiene paliativos: designar menos por las redes, las aplicaciones y lo postrero de lo postrero y premiar el trato humano y los establecimientos donde saludan, te hacen apreciar cómodo y sirven lo que pides. La sopa de ajo, vaya, aunque poco me dice que el verano del 2022 será el del gazpacho avinagrado en esto de llevarnos adecuadamente empleados y clientes.
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