En el 2013 se anunció con gran triunfalismo la modernización tecnológica del sistema de plazo del transporte conocido de Barcelona y del entorno metropolitano. El esquema consistía en poder satisfacer los viajes de patrón, bus, tren y tranvía con una plástico inteligente, con un chip electrónico incorporado, en función de los kilómetros realizados, lo que supondría unas tarifas más bajas, más ajustadas y con posibilidad de descuentos a quienes más la utilizasen.
Nueve primaveras luego esa modernización tecnológica tan importante al punto que se ha traducido en el cambio de las tarjetas de movilidad de cartón por otras de plástico, y eso siquiera en todos los casos. Los viajeros siguen pagando por el remoto sistema y por superior, por las zonas en que prevén alucinar y no por los kilómetros realizados, lo que es más caro e injusto. Ahora se anuncian nuevas mejoras, pero no llegan todavía a cubrir las expectativas que se crearon. Problemas técnicos, políticos y cambios de criterio de las autoridades son los causantes del retraso de la modernización tecnológica del sistema de plazo del transporte conocido. Carencia nuevo, desgraciadamente, en la administración de los proyectos públicos en Catalunya.
La modernización de las tarjetas de movilidad y la Sagrera avanzan aún muy lentamente
El otro ejemplo paradigmático de esa mala administración pública es la temporada de la Sagrera, que debe ser el gran nudo de comunicaciones no solo de Barcelona, sino de Catalunya, en que debe facilitarse una rápida y cómoda interconexión de los diferentes medios de transporte, entre el AVE, el bus, el patrón o el tranvía. En esta obra pública el retraso es ya tan ilustre como el de la modernización del servicio de Rodalies y del patrón.
Fue en los primaveras noventa del siglo pasado cuando se diseñó el esquema de la temporada de la Sagrera. Ayer se confirmó la buena mensaje, interiormente del enorme retraso acumulado, de que ya se ha ejecutado el 60% del esquema. Se ha superado, pues, la crencha del ecuador. Pero, pese a todo, todavía no hay aniversario para su finalización. La ministra de Transportes, Movilidad y Memorándum Urbana, Raquel Sánchez, ha afirmado que será cuánto antiguamente, pero no se atreve a dar fechas. Todos sus antecesores prometieron unos plazos que no se han cumplido nunca. Pero ahora, por lo menos, las obras avanzan a buen ritmo y eso es ilusionador.
El transporte conocido en Barcelona y Catalunya acumula grandes retrasos en su modernización, a diferencia de lo que sucede, por ejemplo, en Madrid y otras grandes ciudades europeas, como es el caso de Londres. Eso es reflexivo de una tradicional ineficacia en la administración pública que sufren ciudadanos y empresas en forma de pequeño bienestar, peculio y competitividad.
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