Víctima de violencia obstétrica: “Durante el parto me trataron como un trozo de carne”

“Me trataron como un trozo de carne”. Es la expresión que más usa Nahia Alkorta (San Sebastián, 36 primaveras) cuando cuenta el inicio de su primer hijo hace diez primaveras, un parto que llevó a litigio por el procedimiento y las importantes secuelas físicas y psicológicas que le comportó. Tras romper aguas en la semana 38, le indujeron el parto anticipadamente. Acabó en cesárea, no pudo coger ni tener al recién nacido hasta cuatro horas posteriormente y le dieron biberones a pesar de su deseo de iniciar lactación materna. Denunció el caso por malas prácticas y la razón española lo desestimó, pero ahora la ONU ha emitido un opinión en el que da la razón a Alkorta asegurando que “fue víctima de violencia obstétrica”, “sometida a una cesárea sin defensa” y que “se indujo el parto de forma prematura”. Es la segunda condena por este tema para España. La primera fue en 2020.

El relato de Nahia pone los pelos de punta, tanto el que recoge el Comité contra la Exterminio de la Discriminación contra la mujer de la ONU como el que hace para La Vanguardia. Pero dice que el suyo es un caso demasiado habitual incluso en la hogaño en los hospitales españoles y que se ha acentuado con la pandemia por la desatiendo de medios con que se trabaja. Nahia era superiora primeriza en 2012. Tenía 25 primaveras y llegó al hospital con la bolsa rota. Aunque inicialmente le dijeron que había que esperar 24 horas para inducirle el parto, se acabó haciendo a las 14, 10 horas antaño del tiempo de retraso establecido. El opinión de la ONU asegura que “se ignoró el periodo protocolario” y Alkorta denuncia que “no se cumplió”. Ni esto ni mínimo de lo que reflejaba su plan de parto, asegura.

Cesárea tras una inducción prematura

Fue sometida a una intervención "sin defensa médica", asegura la ONU

“Me pasaron al potro y una estudiante residente -había pedido que no se hicieran prácticas con ella- me hizo un tacto que me dolió muchísimo mientras me pedía perdón”. Tras acaecer toda la oscuridad con la comadre, que certificaba que el proceso de parto iba avanzando, entraron tres ginecólogos y le anunciaron que habría cesárea. Para la ONU fue sometida a una intervención “sin defensa médica” y se “indujo el parto de forma prematura”. Alkorta solicitó entonces que le hicieran la prueba del PH, un procedimiento habitual para decidir si hay sufrimiento fetal que en muchas ocasiones se emplea para avalar la penuria de cesárea, pero asegura que no le hicieron nunca dicha prueba. Resignada, “les pedí que me explicaran despacio, porque estaba muy cansada, en qué iba a fundamentarse la cesárea, pero se limitaron a decirme que eran 40 minutos”. Y a partir de ahí, todo fue a peor. 

parto covid

Imagen de un parto en plena pandemia 

Llibert Teixidó

“En el quirófano me trataron como un pedazo de carne…Reminiscencia el impacto pasándome a la mesa de operaciones… entraba y salía muchedumbre que hablaban de sus asueto… Pasé mucho frío y no paraba de temblar y me echaban bronca” explica esta mujer vasca, que lamenta que en todo el proceso nada más el anestesista y una comadrona “me trataron perfectamente”… Y tuvo que escuchar todas y cada una las indicaciones quirúrgicas durante la cesárea. “Era como si fuera una actos”, lamenta. Asimismo lo ha certificado la ONU apuntando que la intervención la realizaron “residentes en formación supervisados por tutores”.

Nahia AlkortaVíctima de violencia obstétrica

“Si los médicos y las enfermeras hubieran seguido todos los estándares y protocolos aplicables, es probable que la víctima hubiera hexaedro a luz de forma natural sin tener que acaecer por todos estos procedimientos que la dejaron física y mentalmente traumatizada”, afirma en el opinión Hiroko Akizuki, miembro del Comité.

Y cuando el caprichoso nació, a pesar de que la prueba Apgar “dio 9/10” no lo pudo sostener (durante la intervención la mantuvieron con los brazos atados y no permitieron la presencia de la pareja) y no estuvo con él hasta cuatro horas posteriormente. “Cuando sacaron al caprichoso grité para que me lo enseñaran. Una auxiliar se giró para hacerlo y le echaron la bronca y se lo llevó sin que lo pudiera ver. Y cuando lo trajeron, me ordenaron darle un beso, pero no me lo acercaron suficiente como para poder tocarlo. Luego me pasé cuatro horas en reanimación sola, pidiendo que me trajeran al bebé, pero no lo hicieron”. Alkorta asegura que en otros hospitales se permite a las madres que el recién nacido permanezca con ellas en el postoperatorio para apoyar el piel con piel y el éxito en la lactación materna. Ella había estipulado en el plan de parto su deseo de intentarla, pero no lo pusieron realizable. “Le dieron biberones y cuando mi pareja se lo recordó le dijeron que le habían hecho la prueba de la carbohidrato y que estaba mal. Luego hemos conocido en la historia clínica que estaba en el interior de la normalidad”, asegura.

Imagen de recurso de unos médicos usando gasas durante una cesárea

Las cesáreas sin defensa médica son violencia obstétrica 

iStock/ Nicolas Hansen

Para esta mujer vasca, que ha tenido dos hijos más –uno y otro en partos “respetados” y uno de ellos en casa- y que ahora trabaja como asesora de lactación, su experiencia evidencia que la desatiendo de medios y asimismo de preparación favorece la violencia obstétrica que ella misma ha sufrido a tenor del opinión de la ONU. “La dependencia no dejaba hacer a la comadre que decía que todo iba perfectamente. Y el sistema funciona así. En ese momento tocaba hacer cesárea y yo pasaba por allí”, sentencia.

El posparto no fue siquiera realizable para Nahia. “Estuve sangrando 42 días y me he pasado casi cinco primaveras teniendo que usar bragas de abuela porque la zona de la cicatriz molestaba. Lejos de la violencia verbal y de imponerme los procedimientos sin razonar por qué se hacían”, afirma. Y no tiene memorias de los tres primeres meses de su hijo. “Estaba totalmente bloqueada, hasta que una ginecóloga me dijo “esto no tenía que acaecer” “. El médico de colchoncillo la derivó a psiquiatría, que le diagnosticó estrés postraumático.

La primera, en 2020

Es la segunda vez que la ONU condena a España por un caso de violencia obstétrica

Alkorta apunta la importancia de denunciar los casos de violencia obstétrica y lamenta que solo se pueda hacer en el primer año. “El sistema juega con eso”, asegura. . Ella, tras los meses en blanco, reaccionó y lo puso todo en manos de una abogada. Pero la causa delante la razón española quedó desestimada. Según el opinión de la ONU, la afectada se encontró durante el proceso procesal con “estereotipos de productos y discriminación”. Nahia lamenta que el “maltrato institucional es estupendo” y que “lo primero que me dijo el magistrado es que él tenía muchos familiares médicos”. 

Pero esta vasca no se rindió y elevó la queja a la ONU, que le ha hexaedro la razón. Es la segunda condena por violencia obstétrica para el sistema de vitalidad gachupin. La primera fue en 2020, pero entonces España no cumplió, por lo que Alkorta intuye que va a acaecer lo mismo. Pero no piensa dejar de batallar.

Posibles víctimas

Más de un centenar de mujeres se han puesto en contacto con Nahia tras conocer su caso

Asegura que, tras conocerse la condena, ha recibido mensajes de más de 100 mujeres denunciando “historias aún más duras y crueles que la mía”. Para ella esto es una prueba de que estos casos suceden todos los días. Alkorta lamenta que la dejadez del sistema es cada vez viejo “especialmente contra las mujeres” y por eso reconoce que le dolió la nota que emitió el gobierno vasco posteriormente del opinión en el que hablan de “trato de excelencia a las mujeres” que para ella es en sinceridad “maltrato y dejación”.

Embarazada con Covid en la UCI de Valle Hebron, el bebé está sano pero la madre permanece intubada e inconsciente, las enfermeras comentan que no estaban vacunadas por consejo médico.

La ONU insta a abolir prácticas que constituyan violencia obstétrica 

Ana Jiménez / Propias

Alkorta lamenta que faltan matronas “que tomen el liderazgo del parto fisiológico, medios humanos y formación y concienciación”. Y remite a la ley de autonomía del paciente para rememorar que legalmente existe protección delante el exageración pero en la actos diaria “hay una costumbre y una modo de hacer que hay que cambiar”. Para la ONU “Los Estados partes tienen la obligación de adoptar medidas apropiadas a fin de modificar o abolir no solamente leyes y reglamentaciones, sino asimismo costumbres y prácticas que constituyan violencia obstétrica” y pide a España que “respete la autonomía y la capacidad de las mujeres para permitirles tomar decisiones informadas sobre su vitalidad reproductiva”.

Nahia asegura que “no estamos en contra de las intervenciones. Salvan vidas, pero hay que hacerlas con el permiso de la usuaria y con una colchoneta de respeto y de evidencia científica detrás”.

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