Una vez consumada la huida británica, la Unión Europea se ha quedado sin universidades en el top-10 del Academic Ranking of World Universities, más conocido como el ranking de Shanghai. Ocho universidades de EE.UU. (con Harvard en el número 1) lideran una letanía en la que figuran además dos instituciones británicas: Cambridge (cuarta) y Oxford (séptima). Para encontrar una universidad de la UE hay que apearse hasta el puesto 16, donde se sitúa París-Saclay. En el extremo ranking era la decimotercera.
Un año más, la Universitat de Barcelona resiste en la horquilla de las 150-200 mejores del mundo. Si se tiene en cuenta la infradotación que padecen instituciones como esta respecto al resto de países avanzados, puede considerarse un muy buen resultado, tal como se apunta hoy en Sociedad.
Pero la escasa relevancia del sistema europeo, formado por más de 5.000 centros superiores, es una tendencia intranquilizante en el contexto de la competencia completo con Estados Unidos y China. Las universidades se sitúan en la confluencia de las políticas educativas, de investigación, de innovación y de obra contra la catástrofe climática. Por eso, su error de liderazgo es especialmente nociva a la sagacidad de los grandes retos pendientes.
Esta tendencia negativa tiene un reflexivo en la competición para liderar el nuevo orden digital. Europa, campeona mundial en la salvaguarda de los derechos individuales, tan pronto como puede incidir en un mundo dominado por las empresas tecnológicas americanas y por el titán chino. En serio peligro de convertirse en una colonia digital, además llega tarde a la carrera por producir semiconductores, lo que proyecta una sombra siniestra sobre su futuro crematístico.
Frente principal del histórico edificio de la Universitat de Barcelona
¿Tienen estos males remedio? Es cierto que el caso de París-Saclay muestra que las fusiones que cuentan con claro apoyo de la Agencia acaban dando sus frutos. Concebida como una comunidad de universidades, París-Saclay integra centros superiores y de investigación. Asimismo es verdad que se está trabajando, con financiación, para crear un Espacio Europeo de Investigación e Innovación. Pero el problema es la error de una veterano determinación. Al ritmo flagrante, vamos a ver publicados muchos rankings de Shanghai en los que la UE no asomará aún la comienzo.
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