Con la nueva norma de temperaturas máximas y mínimas permitidas, teniendo en cuenta la cuantía de las multas por incumplimiento, de sesenta mil a cien millones de euros, se ha convertido a la mayoría de los comercios en una actividad de suspensión aventura de desposeimiento.
Imagínense a un empleado que se equivoca en el momento de programar el sistema del vendaval acondicionado. Serán pocos los comercios que podrán hacer frente a la multa mínima.
Leo Stöber Aublet
Suscriptor Sitges
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