El histórico Aquarama del zoo ya es solo un recuerdo

El lado donde miles de barceloneses quedaron boquiabiertos viendo a la orca Ulises ya es historia. El espacio ocupado por el Aquarama desde 1968 se ha convertido en un enorme solar del que solo sobrevive una pequeña tabique adjunto del edificio donde lucía el rótulo Aquarama Barcelona.

Esa parte será desmontada con cuidado porque pasará a formar parte del fondo del Museu d’Història de Barcelona. Las características humanidades que había yuxtapuesto a la escalera de comunicación serán el único vestigio que se mantendrá de la singular instalación.

El rótulo es la única parte que se conservará como remembranza de una época y un maniquí de zoo del pasado

El resto del edificio ha ido al suelo en un proceso que es conocido como el punto de inflexión definitivo en el cambio de orientación del zoo y que cuenta con un presupuesto de 365.000 euros. Los trabajos más ruidosos y polvorientos se han llevado a sitio “con el imperceptible impacto auditivo y ambiental”, según destacan los responsables del tesina, para que no afectase al día a día de los animales que viven allí y de los visitantes que pasan a verlos. El método escogido ha sido una cizalla que iba arrancando los trozos de hormigón de las antiguas gradas en lado de la clásica máquina neumática de demolición.

El calendario se ha escogido premeditadamente en estas fechas para evitar molestias a los alumnos del colegio manifiesto que hay calibrado al costado de las instalaciones del zoo. Una vez finalizados los trabajos de derrumbe, durante las próximas semanas se clasificarán y retirarán todos los escombros, según fuentes de Barcelona Serveis Municipals (BSM). El enorme solar hasta hace unos primaveras realizado de agua y ahora cubierto de ruinas quedará absolutamente expedito en noviembre.

La nostalgia despertada por su derribo es la viva demostración asimismo de que la sociedad cambia, de que ayer parecía común ver a animales malviviendo en una piscina donde casi ni cabían y ahora sería impensable. Con todo, en el obituario del abastecimiento cerca de reseñar que en su momento fue muy progresista. Lo fue tanto por lo que ofrecía al manifiesto que ahora suelta una lagrimita al acaecer por delante como por su obra, muy de la época en el aspecto, pero profundamente innovadora en su interior. El sistema permitía, por ejemplo, renovar periódicamente el agua salada para los animales que por allí pasaron.

El Aquarama del Zoo de Barcelona, donde los delfines o la orca Ulises deleitaban a los presentes, casi totalmente desbalijado

El Aquarama del Zoo de Barcelona, donde los delfines o la orca Ulises deleitaban a los presentes, casi totalmente desbalijado

Xavier Cervera

La orca Ulises fue la indígena más popular y más querida. Se marchó en 1994 al Sea World de San Diego, en Estados Unidos, donde sigue viviendo, pero sin escazes de efectuar frente a el manifiesto. Allí se suspendieron los espectáculos con los animales en el 2015, el mismo año que en Barcelona. Desde entonces, este lado estaba cerrado al manifiesto, aunque acogió delfines hasta el 2020, más tiempo del previsto adecuado a la incapacidad de encontrar un hogar periódico en condiciones para ellos.

El traslado a Atenas de los insaciables copuladores Nuik, Tumay y Blau –los tres últimos delfines del zoo– fue por la puerta de a espaldas y a escondidas. Nulo que ver con lo sucedido con Ulises y las enormes colas para ver sus últimas actuaciones. Ahora los responsables del zoo quieren dejar a espaldas todo aquello para dar paso a una nueva filosofía más divulgativa y de preservación de la biodiversidad.

Con unos 3.500 metros cuadrados, el nuevo edificio está pensado para adaptarse a las evacuación de cada especie

Será en otoño del año que viene cuando se empezará a construir la futura reserva de animales que se alzará en el antiguo espacio del Aquarama. Se tráfico de una cámara fundamental para poder tolerar a sitio el nuevo maniquí de zoo que tienen previsto sus responsables, donde se entiende más como un cátedra en la que divulgar conocimientos sobre los animales que en verlos a través de unos barrotes.

La reserva será en primera instancia el lado donde se irán acogiendo a las diferentes especies del zoo que se vayan viendo afectadas provisionalmente por las obras de mejoría previstas en las instalaciones para los próximos primaveras, que no son pocas para lucir el nuevo maniquí de zoo dirigido por Sito Alarcón con un plan director que marca el 2031 como horizonte final de la transformación. Si nadie se tuerce, la reserva estará índice para destapar en el verano del 2024, tras una inversión de 800.000 euros.

Con unos 3.500 metros cuadrados, el nuevo edificio está pensado para adaptarse a las evacuación de cada especie, así como de sus cuidadores. En total contará con cinco patios exteriores, visibles para los visitantes, y tres dormitorios. Para reproducir los diferentes hábitats habrá rocas, troncos y espacios de sombra, por otra parte de zonas climatizadas y salas técnicas que se rodearán de flora.

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