Jon Iñarritu: “Cambiaría con Sánchez mis tomates por sus berenjenas”

Jon Iñarritu es el rey de Twitter del rama parlamentario de EH Bildu en el Congreso –lo mismo que su compañero Oskar Mercancía ilegal es el indiscutible líder en viralización de intervenciones parlamentarias– y se desempeña en la red social con tanta soltura como en las comisiones parlamentarias, donde es un diputado tan amable en las formas como rocoso en los contenidos. Con escaño en las Cortes desde el 2011, Iñarritu, cofundador de Aralar en el 2000, la primera formación abertzale que, bajo el liderazgo de Patxi Zabaleta, abjuró del terrorismo, es uno de los políticos de la izquierda abertzale que más han contribuido a modernizar la imagen de la coalición para cerrar la página de la violencia terrorista en Eus­kadi.

Gusto

“Soy un yonqui de la política y siempre estaré agradecido de deber podido ejercerla”

Pescar en el mar, ojear los periódicos en papel, recorrer senderos y subir al monte, atender el huerto… ¿Está seguro de no ser usted un sexagenario de derechas?

(Risas) Según Bordieu son destreza de izquierda. Tenga usted en cuenta que Mitterrand cerca de poco parecido en Latche, Pepe Mújica lo hace en su chacra e incluso Pedro Sánchez ha instalado un huerto en la Moncloa y al parecer regala las berenjenas que cultiva a sus visitantes. Creo que no va de ideologías. Creo que mi simpatía por la naturaleza me viene por deber pasado los veranos de la infancia y con el tiempo haberlo teorizado tras lecturas de Tolstói, Thoreau, Woolf, Hemingway, entre otros.

Pero todas las actividades que le gustan, en cuanto a la variable temporal, requieren paciencia, marcha de apresuramiento. ¿Es su insurrección contra el presente?

Cicerón dijo que “si tienes un parterre y una biblioteca, tienes todo lo que necesitas”. En mi caso creo que necesito más, pero estas actividades que practico principalmente en verano y reposo, más que revolucionarias las veo casi terapéuticas. La paciencia no es uno de mis fuertes, y si a eso le sumamos el ritmo presente de la actividad política, estos hobbies en la naturaleza o el ámbito rural ayudan a desconectar, y si se practican con tribu y amigos, se pasan momentos inolvidables. Además es verdad que destino parte de mis reposo a correr, pero no son precisamente viajes de reposo, acabo más cansado que antiguamente de ir, pero plenamente satisfecho.

Y en cuanto a las coordenadas espaciales, usted creció en Ge­txo, en el Gran Bilbao. ¿Hay impugnación de la vida urbana?

En existencia igualmente me gusta la vida en ciudad, que es donde vivo y paso la viejo parte del tiempo. La ofrecimiento cultural es sin duda mucho más amplia y diversa. Los fines de semana que puedo y las reposo practico lo que se ha venido a golpear como slow movement con viejo entusiasmo.

Entre la arrebato de la España Vaciada y el neorruralismo de un sector rojipardo de la izquierda neorrancia (que son filosóficamente opuestos), hay todo un movimiento que invita a repensar el medio rural, desde el ansia de modernización por un banda, y desde la nostalgia pastoril por otro. ¿Dónde se encuadra?

En ningún. Es una evidencia que hay que repensar el medio rural en materia de modernización y servicios y el medio urbano en sostenibilidad, pero no me sumo a ninguna de esas corrientes. Personalmente me gusta proceder al ritmo de las estaciones y en contacto con la naturaleza, pero lamentablemente no es poco que pueda hacer continuamente. La vida acullá de los grandes núcleos de población no es realizable, pero sí aporta satisfacciones en otros ámbitos.

Siendo de un pequeño pueblo agrícola y cabrero, me choca la relación de la civilización vasca con el campo, la impregnación con la que el baserri determina hasta la civilización urbana contemporánea. Casi no hay autor tierno del cine o la novelística vascos que no principio por cuchichear de la casa del padre (con y sin cita a Aresti), la huerta, el árbol y la cooperación. ¿Qué pasa ahí?

Diría que es un cliché. Hay una enfoque en algunos autores de renombre, como Atxaga, pero teniendo en cuenta que la sociedad vasca es esencialmente urbana, la mayoría de los autores y creadores escapan de ese enfoque: Lara Izagirre, Iratxe Fresneda, José María Goenaga, Maider Oleaga, Jon Garañano, Kirmen Uribe, Iban Zaldua...

¿Se define como “ecosocialista” o se lo dicen sus compañeros para provocarlo?

Para provocarme algún compañero me tilda de “socialdemócrata”, a lo que respondo que más perfectamente socialista demócrata. Ahora perfectamente, provengo de Aralar, una formación pacifista y ecosocialista, y sigo defendiendo esos principios políticos.

¿Es buen pescador?

Yo diría que sí, incluso en varias modalidades como son a caña o pesca submarina. Aunque mi entorno quizás ponga en duda esta afirmación.

Seguro. ¿Cuáles son los atributos del buen pescador?

Conocimiento, insistencia y paciencia entre otros.

¿Y el buen horticultor?

Diría que los mismos.

¿Sirven en política esas virtudes?

En muchas ocasiones se repite la frase que “para poner en cobro hay que sembrar”, pero si observamos el curvatura parlamentario presente, mejor no ser categórico ni hacer traslaciones directas.

¿Cuál es el viejo hacienda que se le ha prendido a la caña?

Los peces más grandes han sido túnidos. Recientemente pesqué un atún rojo de tamaño descomunal, pero al estar prohibida su pesca para pescadores deportivos, lo soltamos sin ni siquiera subirlo a la embarcación.

¿Y que le haya crecido en el huerto?

Mis tomates tienen triunfo por su sabor. Le voy a ofrecer un trueque a Pedro Sánchez por sus berenjenas­.

¿Y su viejo hacienda en la entusiasmo política?

Como yonqui de la política, poder representar a tus votantes en una institución creo que es un honor tremendamente valioso. Creo que siempre estaré agradecido de deber podido ejercitar esta función.

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