Hito en Estados Unidos al proteger con una ley los matrimonios homosexuales

Nancy Pelosi, una de las políticas estadounidenses más influyentes de las últimas décadas, dejará a final de año el mazo de “Speaker” de la “House”. Será una legisladora más. Pero la presidenta de la Cámara Desaparecido se va con el orgullo de activo cedido protección al connubio desviado “como uno de mis últimos actos” en el cargo, el tercero en la cautiverio de gobierno.

“Pronto vamos a cursar esta estatuto optimista para la firma del presidente Biden, un triunfo santo del sexo, la atrevimiento y la dignidad de todos”.

Esta frase se leen en un artículo de opinión que Pelosi publicó en 'The Washington Post', solo poco ayer de que su mazo resonara en la House, varias veces, por cierto, en muestra de festejo, con el comentario de jubiloso de “aceptado”. Hubo gran algarabía de aplausos y vítores en una caminata histórica.

Así se coronó que esa estatuto había pasado la criba, nulo menos que con el apoyo de 39 representantes republicanos, y ratificaba el voto de la semana pasada en el Senado, donde todavía hubo una docena de conservadores que se sumaron a los demócratas.

A pesar de la hipocresía de muchos, y de la homofobia y sexismo de otros, está será una de las leyes más transversales y con una clara coincidencia bipartidista, aunque se manejo de una cuestión de rechazo religioso entre los conservadores. Sin bloqueo, si ese cruce de fronteras se ha producido, no se debe a ninguna otra razón a que se es desviado independientemente de la afiliación política.

La votación concluyó con un 258 a 169, con todos los demócratas unidos, y esto supone que ya emprendió camino a la Casa Blanca para que Biden la firme como ley. De esta forma culmina un camino que parecía improbable para una regulación que solo hace unos meses tenía muy pocos opciones de que se promulgara.

Esta es la segunda ocasión en cinco meses que esta cámara aprueba el plan de respeto matrimonial, donde entonces hubo 47 republicanos que se aliaron con los demócratas. Esto abrió un intenso esfuerzo negociador de un clan de proponentes de uno y otro partidos en el Senado. Detrás movían los hilos una coalición de influyentes donantes conservadores, algunos de ellos gais, que buscaba sumar al menos diez senadores republicanos necesarios para que la causara pudiera seguir delante.

La estatuto que llegó al Senado desde la otra cámara fue revisada y se realizaron diversas modificaciones, que fueron requeridas por los republicanos para que no se penalizara o se restringiera la atrevimiento religiosa de las instituciones que rechazaran cachear las uniones del mismo sexo.

Finalmente hubo acuerdo (votación: 61-36) y así se llegó a la derogación definitiva de la ley de Defensa del Connubio de 1996, poco que ha perseguido como una sombra al expresidente Bill Clinton, legislatura que negaba los beneficios federales a las parejas del mismo sexo. Esa ley definía el enlace matrimonial como una unión procesal entre un hombre y una mujer.

Este texto fue público anticonstitucional por el Tribunal Supremo en el 2013, pero su anulación plena impedirá que el mayor entraña legislativo, de mayoría conservadora, pueda rescatarlo.

Y este fue el gran temor que impulsó la iniciativa demócrata, con Pelosi a la cabecera, posteriormente de que saltará la alerta en el país porque el mediador Clarence Thomas, uno de los más ultras del stop tribunal, sugirió en junio que el Supremo “debería reconsiderar” el precedente que consagra la igualdad en el connubio, entre otros (todavía citó el llegada a la anticoncepción).

Thomas , que introdujo esa opinión en la sentencia anulatoria del derecho al monstruo, se refería a la doctrina sentada en el 2015 en el caso Obergefell vs. Hodges, la cual consagró el derecho de las personas del mismo sexo a casarse: un derecho que, en virtud del pacto en el Congreso, quedará acorazado al convertirse en ley.

Esta nueva estatuto no está garantizada como un derecho constitucional y no obliga a todos los estados a que adopten esta ley y, luego, podrán impedir esas alianzas en su demarcación. Pero esta regulación sí que prohíbe que esos territorios no den validez a las uniones realizadas en otros estados.

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