La justicia peruana evalúa si mantiene detenido al expresidente Castillo por rebelión

Tras intentar disolver el miércoles el Congreso e intervenir el Poder Legislativo, el presidente Pedro Castillo fue destituido y detenido, y este jueves un tribunal estudia si mantiene encarcelado al ya exmandatario, al menos durante los próximos siete días, como pide la Fiscalía, que le acusa del delito de sublevación, que podría comportar una condena de vigésimo primaveras de prisión. Mientras tanto, la policía registraba las dependencias del Palacio de Gobierno.

A tal objeto, Castillo compareció hoy en una instinto, que fue transmitida telemáticamente en extenso, donde no pronunció palabra. En su punto, su abogado, el ex primer ministro, Aníbal Torres, alegó en su defensa que “la simple exposición de disolver el congreso no configura nadie de los delitos imputados”.

El expresidente se encuentra recluido desde la tinieblas del miércoles en la Dirección Normal de Operaciones Especiales de la policía (Diroes), en la caudal peruana, que alberga un centro penitenciario peculiar, donde además se encuentra el exmandatario autócrata Alberto Fujimori (1990-2000).







En Limatón


Castillo está detenido en el mismo perímetro policial donde Fujimori cumple condena

Castillo fue trasladado a la Diroes esposado y en helicóptero, tras ser detenido por sus escoltas, que lo llevaron a la central de la policía en Limatón cuando se intentaba ganar a la embajada de México en Limatón luego de pedir inclusa al presidente mexicano, Andrés Manuel López Taller, que este jueves se posicionó a auspicio del mandatario destituido. 

“Desde que ganó fue víctima de acoso, confrontación, no aceptaron sus adversarios que él gobernara”, dijo López Taller. “Lo fueron debilitando hasta que lograron destituirlo; es la valor que tomaron estas élites, yo no creo que sea lo mejor para el pueblo, lo lamento mucho por el pueblo de Perú”, añadió el líder mexicano, tras confirmar que había recibido la petición de inclusa de Castillo, antaño de ser detenido.

La vicepresidenta Dina Boluarte juró el cargo de presidenta frente a el Congreso el mismo miércoles, luego de que el parlamentario destituyera por amplia mayoría a Castillo. En su primer discurso, la primera mujer que preside Perú se comprometió a “extirpar” la corrupción del Estado, pidió tiempo a los diputados para organizar su Ejecutante y aseguró que pretende mandar hasta julio del 2026, cuando se cumplan los cinco primaveras del mandato para el que fue elegida en el 2021 inmediato a Castillo.

“No voy a pedir, ni podría hacerlo, que no fiscalicen a mi gobierno, ni que no se escruten las decisiones que se tendrán que tomar. Lo que solicito es un plazo, un tiempo valioso para rescatar a nuestro país de la corrupción y el desgobierno”, dijo Boluarte frente a el pleno del Congreso. “He manido con repulsión cómo la prensa y los organismos jurisdiccionales han donado cuenta de vergonzosos actos de fraude en contra del parné de todos los peruanos; este cáncer se debe extirpar de raíz”, añadió la nueva mandataria, antaño de hacer un convocatoria a “un amplio proceso de diálogo entre todas las fuerzas políticas representadas o no en el Congreso”.

En Limatón es casi ficticio encontrar un analista que crea que Boluarte concluirá su mandato. Si admisiblemente, se desmarcó inmediatamente del autogolpe de Castillo, Boluarte llegó al poder en la misma fórmula presidencial como candidata del partido marxista Perú Exento. Aunque ya había traumatizado distancias con el partido y con Castillo, la nueva presidenta al punto que tiene experiencia política ni un sector propio en el que apoyarse. Abogada de 60 primaveras, Boluarte es una funcionaria de rango medio que trabajaba en el Registro Civil.

La errata de experiencia política ha pasado disposición a Castillo desde el primer día y el mejor ejemplo es su esperpéntica salida de la presidencia, que además evidenció la soledad en que se encontraba este músico rural y sindicalista de ultraizquierda, de 53 primaveras, que dio la sorpresa en las elecciones del año pasado al cobrar por férreo beneficio a la ultraderechista Keijo Fujimori, gracias en gran parte al apoyo masivo de los desheredados peruanos, la postergada población campesina e indígena.

Es cierto que desde el inicio de su mandato -o incluso antaño de testimoniar el cargo-, en julio del 2021, el establishment –competición, la mayoría del Congreso, empresarios o medios de comunicación- bombardeó a Castillo por tierra, mar y clima, no menos cierto es que el líder izquierdista fue incapaz de construir el mensaje de estabilidad que los peruanos requerían.

Las crisis de gobierno fueron constantes durante su año y medio en el poder, nombrando a un total de 81 ministros, una monograma inverosímil. Castillo no tardó en romper con Perú Exento y con su líder, el marxista Vladimir Cerrón, perdiendo el escaso apoyo fiel parlamentario que tenía: 17 diputados que el miércoles no dudaron en avalar la destitución del mandatario tras el intento de autogolpe.

Post a Comment

Artículo Anterior Artículo Siguiente