La historia de las mujeres que alimentan a 150 personas vulnerables durante todo el Ramadán

Está a punto de anochecida en el Raval. Poco a poco, se comienza a formar una gran fila de personas a las puertas de la Asociación de Mujeres Marroquíes de Catalunya. Internamente, el movimiento se intensifica cuando ya son casi las siete de la tarde. Las mesas están preparadas, la comida ya está hecha y los voluntarios, contiguo a Faouzia Chati, fundadora de la estructura, se mueven de un banda a otro terminando los últimos detalles. Están a punto de cascar las puertas a más de 150 comensales que, si no fuera por ella, no tendrían para engullir en estas fechas.

La cristalera por fin ha llegado a su escalón creciente. Millones de musulmanes esperan este momento para dar inicio al Ramadán, el noveno mes en el calendario islámico. Del 23 de marzo al 21 de abril, vivirán un periodo de consejo, y no podrán engullir ni tomar líquidos desde el amanecer hasta el atardecer, momento en que se reunirán con sus familias para engullir el iftar, un plato tradicional con el que los seguidores del Islam rompen el ayuno durante las festividades.

Faouzia sabe que en el exógeno hay muchas personas que no tienen clan en Barcelona y que se encuentran en una posición muy endeble. Por eso, este es el octavo año que organiza un comedor solidario. Mientras ultima los platos, no solo para que incluyan todo lo necesario, asimismo para que estén adecuadamente presentados, los otros voluntarios le hacen preguntas constantemente. “Fouzia es increíble”, comenta uno de ellos. 






Reportaje sobre el inicio del Ramadan en un comedor solidario, en el qual mujeres marroquis y de otros paises cocinan y entregan la comida que rompe el ayuno a personas sin recursos en el Raval, en Barcelona, 23 de Marzo de 2023.



Faouzia acomoda los cinco dátiles que lleva cada plato 




Joan Mateu Parra


Cada día, durante 30 noches, entregarán un plato que incluye lactosa, agua, cinco dátiles, un huevo duro, un triángulo de pinrel de vaquilla, una dormitorio de fruta, un halwa chabakia (dulce), un msmman (pan) y el harira, una sopa que lleva más de quince ingredientes, como vegetal, verdura, especias, carne y espaguetis, que preparan todos los días tres horas ayer de que lleguen los comensales y que según comentan, es lo más deseado del iftar.

Pero es inasequible que todas estas preparaciones se cocinen para 150 personas en el mismo día. Fouzia, contiguo a amigas, alumnas y profesoras que participan en su asociación, comenzaron a cocinar, por lo menos, una semana detrás, sobre todo porque el halwa chabakia, un clásico dulce marroquí, requiere un trabajo de días y experiencia en la cocina.






Reportaje sobre el inicio del Ramadan en un comedor solidario, en el qual mujeres marroquis y de otros paises cocinan y entregan la comida que rompe el ayuno a personas sin recursos en el Raval, en Barcelona, 23 de Marzo de 2023.



En el segundo pavimento de la asociación están preparando el Harira. Esta sopa es lo zaguero sirven en el comedor ayer de que entren todos los comensales 




Joan Mateu Parra








Los fogones se encendieron hace una semana

Un dulce perfume a miel y especias invade todos los espacios de la Asociación de Mujeres Marroquíes de Catalunya, a una calle de la rambla del Raval. En la cocina, seis mujeres conversan en árabe mientras preparan halwa chabakia, un dulce que puede tardar más de 15 días en prepararse si se elabora de la modo tradicional, pelando y tostando todos los frutos secos. Entre sus casi 20 ingredientes, destacan condimentos como la canela, el azafrán, el ojén estrellado y el agua de azahar, responsables del delicioso olor que se intensifica con el avance de la tarde.






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En la cocina todas las etapas para preparar el halwa suceden al mismo tiempo




CLV


Es miércoles 15 de marzo, cuando todavía desidia una semana para que la cristalera radio la escalón creciente y marque el inicio del mes de Ramadán. Faouzia Chati sabe que ya corre contra el tiempo. El halwa es solo una parte del iftar y deben preparar al menos 4500 de ellos, considerando que esperan a más de un centenar de personas durante las 30 noches que dura la festividad. 

En mano de seis mujeres, los dulces van tomando forma. Mientras Malika aplana la masa en una máquina similar a las que se utilizan para hacer pasta, otra compañera termina este proceso con un rodillo, para luego cortar y darle la forma clásica del halwa trenzando la masa con los dedos. Ilham luego los fríe en exuberante unto hasta que alcanzan un color dorado y Fátima los sumerge en una mezcla caliente de miel, azúcar, agua, naranja, limonada y canela. Esta etapa final es esencial para darle la última ataque de sabor al ración, que ya está pronto para que Faouzia, que ha ido pasando de una escalón a otra, termine decorándolos con semillas de sésamo.










Ilham Ech-chahy


Mientras todo pasa al mismo tiempo, conversan entre ellas y ríen, aunque ya llevan muchas horas en la cocina. Todas saben perfectamente lo que están haciendo y lo llevan a lado con nacionalidad. Aprendieron a cocinar desde pequeñas de la mano de sus abuelas, madres o hermanas, como es el caso de Ilham Ech-chahy. Aunque no es parte activa de la asociación, siempre ayuda a Faouzia —a quien conoce desde hace 7 primaveras— a preparar el Ramadán solidario. Le encanta innovar en la cocina, adaptado el día preliminar hizo un flan de zanahorias del que muestra fotografías en su teléfono.







En total deben preparar más de 4.000 'halwa' para todas las noches de Ramadán

Llegó hace 13 primaveras a España con 23 primaveras y sin asimilar el idioma. Venía de una clan numerosa y aquí no conocía a nadie, pero su marido la impulsó a cultivarse castellano. “Hay esposos que no dejan a las mujeres cultivarse, trabajar y tener un sueldo”, dice Ilham mientras fríe los halwa con soltura. Ahora es principio de cuatro hijos, la último tiene tan pronto como 4 meses, pero quiere entregarles los conocimientos sobre la cocina marroquí. Aunque abastecer su civilización no siempre es tratable. Usar el yihab era más cómodo en Marruecos, cuenta, aquí a muchas personas “no les gusta la masa con velo”. No entienden su vestimenta, y en verano le dicen "¡Ay, qué calor!", porque lleva un vestido con mangas y pantalones.






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Ilham y Faouzia se conocen hace siete primaveras, a ambas les gusta mucho cocinar 




CLV


“Soy de origen marroquí y debo mantenerlo” afirma Ilham, quien está preparando a su hija maduro para cuando le toque participar en el Ramadán. Los niños se van incorporando poco a poco: al principio ayunan un par de horas o solo un día, hasta que a las mujeres les llega la período y los hombres muestran signos de pubertad, como la barba. Explica que a sus hijos les gusta porque se sienten parte de ello. “Como nosotros no estamos en nuestros países, ellos tienen que asimilar cuál es nuestra religión, el Islam”, cuenta Ilham.

A su banda, sumergiendo los halwa ya fritos en un transparente dorado  y cuyo ingrediente principal es la miel, se encuentra Fátima Moravech. Aproximadamente de los 10 primaveras emprendió su relación con la cocina de la mano de su principio. Conoció a Fouzia hace muchos primaveras, pero hace dos ingresó en la Asociación de Mujeres Marroquíes. Llegó a Barcelona con 22 primaveras y dos hijos pequeños, a los que luego se sumaron otros dos. Pero a diferencia de Ilham, sus pequeños no están tan conectados con la cocina marroquí y están más acostumbrados a las recetas de aquí. Ella misma cuenta que ha recogido las preparaciones del puesto que habita desde hace ya 42 primaveras. Actualmente, está aprendiendo catalán, una de las clases que imparte la entidad.







El 'halwa chabakia'


Tiene más de 15 ingredientes y puede tardar semanas en prepararse

Malika, que está aplanando la masa en la máquina, es amiga de toda la vida de Fátima. Son como hermanas y viven una al banda de la otra. “El Ramadán es muy sano para la lozanía, porque el cuerpo descansa de tanta comida, desprecio el azúcar del cuerpo y la tensión”, cuenta mientras se cambia a la mesa donde están haciendo la forma de los halwa. Aunque tiene que escuchar constantemente a otras personas diciendo "¡¿Cómo no les entra penuria?!", declara que no le cuestan los tiempos de ayuno, ya está acostumbrada. De nuevo, la incomprensión del resto es profundo, aunque Faouzia aclara: “Entienden qué es Ramadán, solo que aquí hay mucho racismo”, mientras pone los dulces que ya están listos en una caja que guardarán hasta el primer día de ayuno, cuando abran el comedor solidario.






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Una vez listos, guardan los halwa chabakia en cajas. Esta parte del iftar se puede realizar con anticipación porque no se echa a perder




CLV


De todas las mujeres que están ayudando a Faouzia, solo una de ellas estará el día del inicio del Ramadán. El resto se reunirá con sus familias, donde asimismo deben preparar el iftar. Un peña de voluntarios serán los encargados de repartir la comida que ahora ellas están preparando. Sin retención, cuando se terminen los halwa, volverán a la asociación por  la mañana para preparar más. Los que están haciendo solo alcanzan para un par de días.







El inicio de una estructura para mujeres

Fue idea de Faouzia Chati fundar una asociación de mujeres, posteriormente de advenir 17 primaveras en organizaciones donde la mayoría de los integrantes eran hombres. En un principio tan pronto como eran 30, pero ahora ya tiene 150 alumnas a las que con cinco profesoras enseñan castellano, catalán y cocina, adicionalmente de árabe para los niños y religión “porque si no aprenden aquí, ya no pueden cultivarse en ningún sitio”. Además va una profesora de yoga los viernes, porque dice que a las mujeres les gusta.

Su historia es un poco distinta a las del resto. Es licenciada en filosofía y en Marrakech era profesora. Llegó en 1989 para tratarse un problema de visión y aquí conoció a su marido catalán/marroquí. Su cometido durante estos primaveras ha sido ayudar a otras mujeres que llegan a Barcelona. “Cuando vienen aquí de Marruecos, la mayoría tiene un triángulo, de su casa al colegio, del colegio al mercado, luego a casa y falta más. Yo quiero que estas mujeres abran los luceros al mundo y aprendan sus derechos y obligaciones”, afirma Faouzia, y cuenta que el boca a boca ha agrandado cada año la comunidad.










Faouzia ChatiFundadora de la asociación


Este año volvieron a marchar por el 8M para pedir la igualdad entre los dos sexos. “Porque la mujer trabaja igual, pero el hombre siempre cobra más. Siempre se lucha, pero nunca llegamos a ningún sitio”, dice gesticulando. Esa misma lucha la ha utilizado para establecer su estructura, porque “sin batallar no llegas a ningún sitio”, afirma. Además enseña a sus alumnas a defenderse cuando han tenido que enfrentarse al racismo en la ciudad: “Cuando una persona va en el medida y las insulta, agachan la individuo. Yo les digo: puedes tachar al vigilante y denunciar. Tú tienes que respetar y ellos a ti”. A veces incluso les han gritado frases como: "¡Vete a tu tierra!". Por eso es tan importante para ella enseñar cómo plantar cara a estas situaciones. 

Faouzia asimismo aprendió a cocinar con su principio desde pequeña. “Desde que vine aquí, nunca he cambiado mi cocina” afirma. Estos conocimientos los ha traspasado a sus dos hijas, ya universitarias. “En días de fiesta entran a la cocina y lo hacen todo valentísimo. Yo a veces digo: ¿Cómo lo han hecho?", explica. A su marido asimismo le gusta cocinar. “Hace unas paellas tremendas, a todo el mundo le encantan”, dice riendo, porque ella nunca ha conseguido hacer una igual. Su distintivo es la comida marroquí. Aunque en Marrakech son una ciudad más abierta, cuenta que cuando hacía clases en un pueblo alejado que el hombre entrara a la cocina era una vergüenza.






Reportaje sobre el inicio del Ramadan en un comedor solidario, en el qual mujeres marroquis y de otros paises cocinan y entregan la comida que rompe el ayuno a personas sin recursos en el Raval, en Barcelona, 23 de Marzo de 2023.



El 'harira' es una sopa que lleva más de 15 ingredientes entre legumbres, carne, verduras, especias y espaguetis 




Joan Mateu Parra


La lucha es asimismo lo que la ha llevado a querer avivar, muchas veces gracias al pasta que aportan ella y su marido, a cientos de personas durante el mes de Ramadán, desde hace ya 8 primaveras. Esta idea nació por querer ayudar a aquellos que no tenían para engullir, sobre todo durante las festividades y considerando que no pueden ingerir comida ni agua mientras el sol ilumine el día. Es así, como año a año, ha pasado de un puesto a otro con su comedor solidario. En una ocasión incluso lo hicieron en una iglesia católica, pero esta vez lo organizan en la asociación, ubicada en la calle Sant Oleguer del Raval. Con el tiempo, el número de asistentes ha crecido, por eso ha empezado a preparar la comida desde ayer. “Ya no vienen solo marroquíes, sino españoles, sudamericanos... La puerta está abierta a todos”, relata Faouzia.







La Cristalera dice que ha llegado el Ramadán

A la puerta de la asociación, la fila empieza a desarmarse y todos quieren entrar al mismo tiempo al comedor solidario. Un voluntario los detiene y los hace advenir ordenadamente. El marido de Faouzia asimismo está ayudando y le entrega a cada uno un bol para que Fouzia les dé una gran cucharada de Harira —la sopa que han preparado en una olla enorme y que es lo único que desidia para completar el iftar.






Reportaje sobre el inicio del Ramadan en un comedor solidario, en el qual mujeres marroquis y de otros paises cocinan y entregan la comida que rompe el ayuno a personas sin recursos en el Raval, en Barcelona, 23 de Marzo de 2023.



Faouzia Chati entrega el harira. Esta sopa la preparan cada día de Ramadán




Joan Mateu Parra


La mayoría son hombres que van llenando los dos comedores que han preparado. Todo pasa muy rápido y el harira se empieza a arruinar rápidamente. Un murmullo militar invade el espacio y algunos piden otra ración. Pero Faouzia debe decirles que ya no queda, aunque comienzan a dar el iftar que habían guardado para engullir posteriormente de servir a todos los comensales.

No han pasado ni 15 minutos y, tan rápido como llegaron, los comensales comienzan a dejar el espacio. Algunos dan las gracias ayer de salir. Esta vez todo ha sucedido tan deprisa que no han podido contar el Adhan, el llamado a la plegaria que se realiza siempre ayer de engullir. Esperan poder hacerlo el próximo día, aunque creen que, con el paso de los días, llegará más masa porque se corre la voz. Ayer era el primer día de Ramadán. Hoy, y hasta el 21 de abril, deberán preparar todo de nuevo y cocinar una vez más para quienes cada día rompen el ayuno en este mes intocable o, simplemente, para el que lo necesite.

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