Los Mossos detienen a un presunto implicado en el crimen de Valentín Moreno

El miércoles pasado, de amanecer, el agrupación de homicidios de la región policial metropolitana meta detuvo a un hombre de país española inculpado de participar en la preparación del crimen de Valentín Quemado. El nuevo vecino del suburbio de La Mina, en Sant Adrià, murió de un tiro en la habitante el 19 de noviembre del 2021. Cualquiera, que todavía no ha sido identificado, se acercó hasta el hombre en bici y le disparó. Quemado estuvo consciente unos minutos, aún pudo platicar con su hermano y con un policía municipal de Sant Adrià que conocía desde que eran pequeños, y fue trasladado con vida hasta el hospital de Can Ruti donde falleció.

El arresto es la primera parada de una complicadísima investigación que el agrupación de homicidios ha desarrollado con absosuta discrección y con el apoyo de la clan de Quemado. No fue sencillo contar con su colaboración, pero finalmente, y a la panorámica de que a los policías no les movía más interés que arrestar a los responsables del crimen, los familiares terminaron colaborando y confiando en los mossos.

El detenido, de país española y que hoy ingresó en prisión, está inculpado de participar en la preparación del crimen. Un suceso planificado y organizado en el que participaron varias personas, de la larga registro de enemigos que tenía el vecino de Sant Adrià. 

Valentín Quemado forma parte de la historia más cruel de la crónica de sucesos de las últimas dos décadas en Barcelona. Payo criado en Sant Adrià de Besòs, en abril del 2000 lideró la paliza que acabó con la vida del nuevo de 22 abriles de Santa Coloma de Gramenet Carlos Javier Robledo Peña. Aquel caso se bautizó como el crimen de la Vila Olímpica. Los autores eligieron a la víctima al azar.

Esa tinieblas, Valentín Quemado y un agrupación de amigos de La Mina celebraban precisamente que el nuevo cumplía 18 abriles. Robaron una cazadora de una discoteca, la dejaron escondida próximo a la rueda de un coche y decidieron atacar sin piedad al primero que se atreviera a tocarla. Lo hizo el nuevo de Santa Coloma que sin capacidad de reaccionar recibió un primer puñetazo de Quemado en la cara, que lo tumbó inconsciente. En el suelo, recibió más de medio centenar de patadas, la mayoría en la habitante, según determinó la necropsia, durante la que se pudo determinar la marca y número de una de las botas que le patearon por la huella que dejó en el cuero melenudo de la víctima.

Valentín Quemado nunca pidió perdón. Ni entonces, ni con los abriles, en los que siguió protagonizando incidentes violentos tras advenir ocho abriles en un centro de menores.

Abriles a posteriori fue detenido por liderar la paliza que seis integrantes del equipo de fútbol Rinoceronte Bing propinaron a los jugadores de origen sudamericano del Rosario Central. Valentín Quemado y su hermano Israel fueron condenados a seis abriles por un suceso que tuvo como desventaja el racismo.

La última vez que Quemado fue nota ocurrió en enero del 2017, cuando protagonizó un violento incidente en el servicio de urgencias del hospital del Mar de Barcelona donde su padre había ingresado por un problema respiratorio.

Desde hacía un tiempo, el hombre vivía con su presente pareja, elemento del clan de los granaínos , en unos pisos nuevos de Badalona, aunque hacía vida en Sant Adrià. Se creía “intocable”, como aseguraban ayer varias fuentes.

El crimen se produjo sobre las ocho de la tarde en la calle Tarragona. Fue una ejecución en toda regla y por la espalda. “Quien se ha atrevido a matar a Valentín Quemado o admisiblemente no lo conocía o lo conocía muy admisiblemente y sabía que solo tendría una oportunidad y debía hacerlo por la espalda”, explicaba anoche otra buena fuente del suburbio.

Fue un único disparo, prácticamente a bocajarro con un pertrechos semiautomática de un calibre mediano. Un policía municipal de Sant Adrià de Besòs encontró horas a posteriori la vaina del proyectil.

Ni el disparo en la habitante con la bala en el cerebro le tumbó. Cuando llegaron la ambulancia y las primeras patrullas de la policía municipal, Valentín Quemado estaba todavía consciente. Habló incluso con los primeros agentes que le auxiliaron hasta que llegó la ambulancia.

La nota corrió como la pólvora en Sant Adrià y en mínimo se arremolinaron a las puertas de la ambulancia familiares de Quemado. Dos de sus hermanos, su mujer presente, y los familiares de esta. Algunos juraron en voz suscripción venganza. Pero, ¿contra quién?

Valentín Quemado tenía multitud de frentes abiertos, aseguran fuentes policiales al corriente de su historial más flamante. Se dedicaba a perjudicar traficantes, a torturarlos, incluso, realizaba vuelcos (robos) a narcotraficantes. Violento y cruel con sus enemigos, tenía a su vez, un sentimiento de nobleza casi enfermizo con los que consideraba sus amigos. Y entre ellos masa de admisiblemente con la que coincidió en su momento de pequeño en asociaciones deportivas de Sant Adrià y que llevaban abriles advirtiéndole de que algún día cierto le mataría y lo haría por la espalda, como ha sido.

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