“Veía muchísimo porno. Empecé con merienda primaveras. Pensaba que así funcionaba el sexo. Con catorce primaveras, miraba porno violento; destrozó mi cerebro”. Quien se expresa con esta contundencia es la cantante Billie Eilish, un ídolo adolescente que ha sido precoz en muchas cosas: en componer canciones, en traicionar millones de discos y en vencer premios Grammy. Sin bloqueo, su precocidad con la pornografía no es tan anormal. Como revela la preceptor Tenemos que susurrar de porno, de Save The Children España: “La longevo parte de investigaciones y los testimonios de muchas familias alertan de que los primeros contactos con la pornografía empiezan en torno a los nueve y merienda primaveras”.
Y, en la mayoría de los casos, estos primeros contactos llegan a través de internet, donde la pornografía reina a sus anchas. Al teclear “Billie Eilish porno”, por ejemplo, Google nos dirige, diligentemente, a dos webs dedicadas a estos contenidos, situadas en los dos primeros lugares de la letanía. En el tercero aparece la comunicación de La Vanguardia con las declaraciones de la cantante sobre cómo le afectó esta exposición temprana a la pornografía: Eilish revela que dañó su vida sexual y le provocó problemas mentales.
Según el crónica de Save The Children los menores acceden por primera vez al porno por casualidad. En estas edades tempranas: “No suele tratarse de búsquedas deliberadas ni tienen un componente esencialmente amatorio, es sostener; para despertar o incrementar el deseo, como sucederá en la adolescencia”. Aunque esto zaguero incluso puede ocurrir de forma precoz. Lo sabe muy perfectamente una abuela barcelonesa a quien su nieta, de doce primaveras, le explicó que “necesitaba ver porno porque si no, no se corría cuando se masturbaba”. La abuela se quedó horrorizada, como en su día se quedó la religiosa de Billie Eilish cuando su hija le contó su experiencia.
La curiosidad y el practicable comunicación facilitan la visión de escenas que pueden impactar y crear una idea errónea del sexo 
Por lo menos, ambas niñas fueron sinceras, poco infrecuente con unos contenidos que, pese a su omnipresencia, son consumidos de forma clandestina. Uno de los problemas del consumo de porno entre menores es que a la mayoría de padres y madres no se les pasa por la persona que sus criaturas puedan estar viéndolo.
Hay que crear un clima de confianza e informarles sobre la pornografía, explicar que se tráfico de ficción y que es un ámbito de adultos, señala Save the Children
Por ello, como cuenta la psicóloga pueril Núria Casanovas, a menudo se descubre cuando los menores van a consulta por otros problemas: “Aunque la suma al porno es un problema recurrente, cuando los niños o adolescentes vienen a consulta no es conveniente a ello. Esta dependencia se detecta porque algunos son mucho más vulnerables al acoso sexual en las redes, han publicado fotos que no eran adecuadas o alguno los ha manipulado”, explica esta experta, presidenta del Consell social del Col•legi Oficial de Psicologia de Catalunya.
Desde Save the Children recomiendan topar la situación con calma: preguntarle qué ha gastado y en qué circunstancias. Preguntarle incluso si entiende lo que estaba viendo, intentando no culpar. Hay que crear un clima de confianza para ofrecerles información sobre la pornografía, explicando que se tráfico de ficción y que es un ámbito de adultos. “Puede ser incluso buen momento para explicarle qué son las relaciones sexuales, explicando fundamentos secreto como el consentimiento”, añaden. Igualmente hay que insistir que puede acogerse a ti si encuentra ese tipo de imágenes en internet o si se las envía alguno, conocido o desconocido.
Que el consumo de porno en la perduración adulta sea o no recomendable sería otro tema, pero lo que está clarísimo es que, a edades tan tempranas, esta exposición es nociva. Los contenidos pornográficos, como corrobora la psicóloga Núria Casanovas, afectan a los menores: “Pueden comportar consecuencias emocionales, sexuales e, incluso, neuronales, porque el cerebro se está formando y puede ocurrir un daño neuronal”. Las imágenes, a menudo perturbadores, violentas y difíciles de contraer serían como un ataque en la psique pueril. ¿Dejan una marca, entonces?: “Sí, es como un traumatismo”, asegura.
El consumo de pornografía incluso puede resultar en una suma precoz. “Porque una cosa es 'yo voy porque quiero' y otra, 'porque poco me lleva'”, dice Casanovas. Y está sucediendo. Hay niños y adolescentes, explica, que van de una guisa compulsiva al porno sin asimilar ni el porqué: “Como cuenta Billie Eilish, aunque saben que son contenidos dañinos, no pueden dejar de mirarlos: es como una compensación a un malestar, poco para calmar un sentimiento de ansiedad, porque no encuentran alternativas”.
Como explican desde Save the Children, es difícil diagnosticar una suma, incluso para los profesionales. Sin bloqueo, ciertos síntomas indican que puede existir un problema: si cada vez necesita mayores cantidades de porno, si el deseo de utilizarlo se vuelve enojoso o incontrolable, si experimenta malestar al no poder alcanzar, si abandona otras actividades (amigos, trabajo, estudios) o si aparece insensibilidad al placer en las relaciones «reales».
Núria Casanovas matiza que no todo el mundo que ve pornografía se vuelve forofo: “Aunque estos contenidos pueden descolocar al adolescente y abocarlo a más conductas de peligro u otras adicciones”, advierte.
En el crónica Basically... porn is everywhere (Basicamente, el porno está en todas partes), encargado por el Defensor del Beocio en el Reino Unido, se aprobar que la pornografía afecta a las conductas sexuales de niños y adolescentes. Las autoras de estudio —en su día pionero y realizado conjuntamente en cuatro universidades—, no se andan con rodeos. Entre otros, llegan a la conclusión que esta exposición prematura: “Está vinculada a actitudes inadecuadas sobre las relaciones afectivas, a actitudes sexuales más permisivas, a una longevo éxito al sexo casual y a ideas de que las mujeres son objetos y que el hombre ejerce el dominio sexual”.
El sexting, la difusión de contenidos sexuales via móvil, es otra actividad de peligro para adolescentes 
Siquiera se tienen dudas de que este consumo precoz está vinculado a prácticas de peligro por parte de los menores (como “sexo rectal y hablado sin protección y el uso de drogas y pimple”). Sin olvidar el Sexting, la autoproducción y difusión de textos, imágenes o videos digitales con contenidos explícitamente sexuales, que en el estudio se definía como “actividad de peligro” por sus género en las vidas de niños y adolescentes.
Un estudio sajón vincula esta exposición con 'actitudes inadecuadas sobre las relaciones afectivas e ideas de que la mujer es objeto y el hombre ejerce el dominio sexual”
¿Cómo se contrarresta un panorama así? Una situación en la que, como se describe en el crónica inglés, los menores consumen “imágenes explícitas de sexo y violencia así como de violaciones, bestialismo y el uso del dolor y la humillación”, que están a unos pocos clics.
Por un costado, existen las herramientas de control parental: programas, aplicaciones o buscadores que limitan el comunicación a ciertas páginas. Sin bloqueo, como señalan desde Save the Children, estos tienen una duración determinada: “Y tarde o temprano, tu hija o tu hijo buscará deliberadamente material amatorio u otros se lo enseñarán. Por ello, su uso debe formar parte de una organización pedagógica”.
Porque para contrarrestar este tsunami la educación ha de ser la útil principal: “Una información sexual sana, conectada a las emociones”, insta Núria Casanovas. Un trabajo, reitera la psicóloga, que debería ser constante y no recaer exclusivamente en las familias, sino incluso en las escuelas y en los responsables de contenidos de las redes. “Que el conocimiento del cuerpo y el respeto al otro fueran una temática. Que esto sea un tabú, nos perjudica”, resume.
La educación, de nuevo, es secreto. Porque, como insisten desde Save the Children: “Los controles parentales pueden evitar el problema temporalmente, pero en ningún caso sustituyen a una educación sexual integral que enseñará a desarrollar una aire crítica, que les acompañe toda su vida”.
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