¿Botànic o Titanic?

Pocas semanas luego de las elecciones autonómicas y locales del 24 de mayo de 2015, la que fuera presidenta del PP, Isabel Bonig, lanzó una dura advertencia: “El Botànic es el Titanic y no llegará al 2017”. No acertó con el pronóstico. Correctamente al contrario, la todavía denominada “fórmula valenciana”, la suma de todas las izquierdas posibles, sigue gobernando la Comunidad Valenciana exactamente siete abriles luego de aquellos comicios que supusieron un cambio de ciclo político, tras vigésimo abriles de hegemonía del PP. Y, de momento, ninguna pesquisa concluye que a un año de las próximas elecciones autonómicas el Botànic esté fuera de la Generalitat Valenciana. El peligro, eso sí, existe, en presencia de el innegable avance del PP y de Vox.

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Ximo Puig cercano a Mónica Oltra y Hèctor Illueca 

Rober Solsona / EP

¿Será este el final año del Botànic? Un año en política es una inmortalidad, y cualquier puesta puede perderse en un contexto donde las posiciones siguen muy igualadas, como ayer avanzaba una pesquisa del diario Las Provincias de Sigma Dos. Pero en el final tramo de plazo que ahora arranca hay factores que pueden finalizar condicionando la triunfo de uno de los dos bloques, el de las derechas, del PP y Vox, o el de las izquierdas, del PSPV, Compromís y posiblemente Podem. En el caso fitógrafo, habrá que observar la voluntad positivo de los partidos que lo conforman de reimprimir la experiencia, entender si siguen creyendo en una complicidad que en ocasiones parece fracturada. Con el PSPV cuestionando a su principal socio, Compromís, al que observan en ocasiones más como un ambiente de concurso. Asimismo, en la coalición valencianista no pocas voces cuestionan el “régimen presidencialista” que a su seso está imponiendo el PSPV en la figura de Ximo Puig. No hay más peligro en la derrota que no creer en la triunfo.

El PP cree tener ya la oportunidad de reconquistar lo perdido en 2015, esta vez contando con los ultramontanos de Vox. Las elecciones andaluzas van a ser, al respecto, el decorado valentísimo para visualizar si los populares son capaces de afianzarse en la región más poblada de España para, desde ahí, iniciar el camino de rosas hasta La Moncloa. La Comunidad Valenciana se convierte así en una cuarto esencia. Y en esta batalla entre las izquierdas y las derechas existe un factótum que va a ser determinante: la movilización. El PP teme, en razonamiento, que una alianza con Vox en Andalucía provoque que los votantes de izquierdas, en ocasiones muy críticos hasta la contención, salgan de sus casas para evitar que la ultraderecha gobierne las instituciones.

En mayo de 2023 esta esencia estará presente. Pero por encima de todo, el Botànic no sobrevivirá si no vuelve a creer tanto en el esquema que se inició en 2015 como en el mestizaje que dotó de argamasa al invento. Lo contrario puede dar razón a Isabel Bonig, ocho abriles luego. ¿Botànic o Titanic?

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