Cocina de kilómetro 0

En Catalunya Ràdio, los domingos a la 1 de la tarde Paula Molés presenta un enjuidioso software de cocina que lleva por nombre Un restaurant caníbal a Berlín, que tiene que ver con aquel reconocido anuncio de la tolerancia de un restaurante de esas características que apareció en la prensa alemana y que escandalizó a la población. Luego se supo que era parte de una campaña vegetariana.

En aquella zona de Europa, en los últimos tiempos las prácticas caníbales son sobrado frecuentes. En Rotenburg, en el 2001 un señor se citó con otro, le cortó el pene (la víctima estaba de acuerdo), lo pasó por la paila y se lo zamparon a medias. En el 2015 fue un comisario de policía de Dresde. Conoció a un fiel en un foro para caníbales y quedaron para que se lo comiera. Cuando la víctima está de acuerdo en servir de alimento, la situación es radicalmente diferente de la que se da cuando lo eres de forma involuntaria, como pasaba en el restaurante Satriale’s de Los Soprano, donde a los señores que asesinaban los pasaban por la trituradora de carne y los convertían en unas salchichas deliciosas.

En los últimos tiempos las prácticas caníbales van en aumento

El zaguero caso conocido tiene el círculo un poco más debajo de Alemania, en Serbia. Estos días se ha conocido la nueva de la detención de la señora Teresa Perić, que no hace mucho mató a su marido, Srdjan, le cortó los testículos con una motosierra y, acompañados de algunos trozos de muslo, los preparó al horno. Según Teresa, su marido era un zángano y ya estaba de él hasta la coronilla.

Yo he comido testículos de boyazo y de cordero. Para hacernos los finos los llamamos turmas; queda más sofisticado. Generalmente, antaño de cocinarlos se escaldan y se despellejan. Se preparan asados, salteados o fritos con harina o mantequilla. Turmas humanas no he comido nunca. Quizá sería hora de que el software de Paula Molés hiciera honor a su nombre y nos ofreciera algunas recetas.

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