Corrían los abriles sesenta cuando en España llegaron por primera vez las agencias matrimoniales. Un novedoso maniquí de negocio, instaurado principalmente en las grandes ciudades, que tenían como único cometido encontrar la media naranja que muchos anhelaban. Por aquel entonces, las relaciones sociales mínimo o poco tenían que ver con lo que son en la ahora. Y romper el hielo para iniciar una relación con determinado podía convertirse en poco extraordinariamente complicado; especialmente para aquellas personas que buscaban una segunda oportunidad tras de una separación o tras la viudez.
Ahora, para buena parte de la sociedad, musitar de agencias matrimoniales puede sonar a poco totalmente vintage, unos servicios que muchos ya daban por extinguidos y que, con la venida de las aplicaciones para agruparse, daban por cerradas definitivamente. Falta más remotamente de la verdad. En número ya no son tantas como ayer, pero aún siguen operativas y con el mismo objetivo: ayudar a los singles que necesitan conocer a otras personas.
Aun hay quienes requieren de los servicios de una agencia matrimonial para encontrar pareja estable
El éxito de los abriles 80
Hoy en día, agruparse es poco tan sencillo como darse de incorporación en una aplicación tipo Tinder y originarse a dar flechazos a diestro y siniestro. Conocer a determinado para “lo que surja” no siempre fue tan tratable. Hubo una época en la que encontrar a esa persona con la que conocerse, compartir experiencias y, si funcionaba, intimar, requería de la ayuda de expertos que ofrecían sus servicios en las agencias matrimoniales. Especialmente si hablamos de perfiles que habían perdido a su pareja o se habían divorciado. De hecho, el maduro éxito que experimentaron estas empresas se produjo a partir de 1981, con la aprobación de la Ley del Divorcio. De la perplejidad a la mañana, la sociedad pasó a tener una gran cantidad de personas solteras, divorciadas y separadas que querían darse una nueva oportunidad para retornar a tener una relación seria. Pero, ¿Qué sentido tienen en la ahora? ¿Aun hay determinado que contrate estos servicios?
Para memorizar qué papel desarrollan y para determinar su utilidad, nos dirigimos a María del Carmen Banús, directora fundadora de la agencia matrimonial Samsara de Barcelona. De hecho, una de las pocas sucursales de este negocio que podemos encontrar plenamente operativa en el país.
No todo el mundo encuentra lo que búsqueda en las aplicaciones para conocer clan
Para Banús, en la ahora, el papel que desarrollan las agencias para encontrar pareja (que es como verdaderamente le gusta definirlas) es más importante que nunca. Tras 27 abriles al frente del negocio, su fundadora se basamento en los comentarios que hacen sus clientes. Estos huyen de las experiencias de las aplicaciones y buscan en su empresa “la seriedad que no encuentran en internet”, apunta. Para esta cupido, “todo el mundo está en la red buscando muchas cosas, es como un océano que cuando quieres poco muy concreto necesitas que determinado te ayude a encontrarlo y nosotros somos esa ayuda”, apunta Banús.
Pero las aplicaciones para agruparse no han sido la primera amenaza a las que se han sometido estas agencias. A principios de los abriles 2000, estos negocios sufrieron una gran crisis por la irrupción de los portales para encontrar pareja. “Primero morapio match.com y a posteriori tantas otras de similares que acabaron con la maduro parte de las agencias, resistiendo solamente las más consolidadas”, recuerda.
Las aplicaciones y portales para encontrar pareja y conocer clan han contribuido a la decadencia de las agencias, que tuvieron su auge en los abriles 80
De todos modos, las intenciones de quienes se acercan a las agencias matrimoniales siquiera son las que eran. Si antiguamente la finalidad era encontrar un candidato o candidata con quien conmover al enlace, en la ahora, nadie quiere casarse. “Buscan una relación estable, pero pocos hablan de casarse”, argumenta la propietaria de Samsara. En este sentido, Banús recuerda que la mayoría de personas que utilizan hoy sus servicios “están ya de dorso de muchas cosas” y “están en un momento de su vida que quieren encontrar pareja y quieren triunfar en el apego”.
De hecho, quien acude a una agencia matrimonial es que quiere conseguir una relación estable y no una aventura de una sola perplejidad, ya que presentarse a estos servicios tiene un coste crematístico, como es dialéctico.
Los aspirantes a encontrar su media naranja en una agencia matrimonial se someten a intensas entrevistas que determinarán el tipo de persona que es, sus gustos, sus motivaciones y sus títulos. Los coach y sicólogos que analizan los perfiles de todos los candidatos serán quienes se encargarán de agenciárselas similitudes y efectuar finalmente las presentaciones necesarias entre hombres y mujeres.
En función del acuerdo y compromiso pillado con la agencia, el número de presentaciones no será definido y, por lo tanto, existe la posibilidad de que no se acepte a un determinado candidato o candidata. Independientemente y sin ningún compromiso.
A pesar de la transformación de la sociedad y de los tiempos, las agencias matrimoniales reivindican su papel central. Y, aunque la tecnología seguirá acercando a las personas en todos los ámbitos, creen que su trabajo “continuará teniendo más sentido que nunca”.


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