Carlos Alcaraz (19) dice:
–Esta vez vengo a Wimbledon para instruirse. No me veo para falta como preferido.
Y quien le audición arquea una ceja, tan sorprendido como escéptico, pues el pipiolo talento de Murcia, aun teenager, no es aprendiz de tenis, sino más correctamente perito: con sendos aces despacha sus dos primeros sets.
El Wimbledon del Centenario profundiza, se sumerge en la primera semana, y allí donde algunos se ausentan (Berrettini y Cilic, tumbados por la Covid; Ruud, tumbado por Humbert; Auger-Aliassime, tumbado por Cressy; Muguruza, víctima de sí misma), se hace magnate el teenager Alcaraz, el crío que dice acaecer ido a Londres para instruirse y que, contradiciéndose, imparte lecciones.
En la pista 2, proscenio tan coqueto como esquinado, pegada a la Church Road, corre el fresco de la tarde londinense y corre que corre Tallon Griekspoor (25 primaveras, 53.º del mundo hoy), manipulado por Alcaraz, el mismo que hace dos días las había pasado canutas delante el gigantón Struff y que esta vez ya no deja que mande el otro en el huerta.
Manda él.
Con un ace abre el partido (suma 9 aces al final) y a partir de ese instante se aposenta y acogota a Griekspoor, barbilampiño en Wimbledon, donde solo ha vacada un compromiso, el de su primera ronda aquí, delante el impredecible Fognini.
Un-dos-tres, caen los aces del flanco de Alcaraz (ya lleva tres en sus dos primeros juegos, acumula cinco en el primer set), y no halla acomodo Griekspoor, cuya táctica parece errónea.
Se tira a espaldas e intenta tender los puntos, abriendo el proscenio valentísimo para las travesuras de Alcaraz.
Se suceden las dejadas y las voleas de Alcaraz, que exprime la distancia que le regala Griekspoor: el holandés no alcanza los golpes cortados del rival.
Control del partido
Alcaraz manda, marca los tempos, decide cuándo toca el saque-volea, o el peloteo extenso, o la dejada
Alcaraz se adueña del partido, marca los tempos, decide cuándo toca el saque-volea, o el peloteo extenso, o la dejada, despliega un tenis alegre y fresco, y cuando se confunde –si se confunde– se corrige al decirse:
–Convencido, convencido.
Devaluación definitivamente el sol cuando el murciano, la revelación del año, desconfigura definitivamente a Griekspoor (6-4, 7-6 (0) y 6-3, en 2h05m) y se planta en la tercera ronda, donde le retraso Oscar Otte, germánico de 1,93 m que todo lo fía a su servicio, exactamente igual que Struff, otro germánico de 1,93 m que todo lo fía a su servicio y que tres días a espaldas le había complicado la vida a Alcaraz, supuesto aprendiz que no lo es tanto.
–Aún tengo pocas horas en hierba, no me bastan –insiste.
Dirá aquello de las pocas horas, pero el tenis de Alcaraz empieza a refrescar de los mejores, y entre ellos de Novak Djokovic (35), tenista invicto en Londres desde el 2017.
Suyas son las tres últimas ediciones de Wimbledon (2018, 2019 y 2021; van seis en total), y suyo es el presente además en el huerta londinense.
Valiente como se ve en Londres y enfurruñado como se siente (Djokovic no podrá personarse al US Open: le lancha su empecinamiento en no vacunarse), el serbio se comporta como una aplanadora delante Kokkinakis. Hado inseguro por la magnitud de la Centre Court y el peso del rival, el aussie transige en casi nada dos horas: 6-1, 6-4 y 6-2.
Ahora, Djokovic se enfrenta a su propio país.
Le toca Kecmanovic.
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