La excursión de EE.UU. no ha sido banal. El Barça ha viajado con espíritu de reconstrucción y el entusiasmo que encarna Joan Laporta. El presidente difícilmente te dirá carencia que pueda desanimarte aunque sospeches que sus vaticinios no son realistas. Pero hemos llegado a un punto en el que queremos que nos digan que nos quieren aunque sea mentira. La reto de la directiva ha incluido contactos potentes con las peñas, la operación de imagen del acuerdo con Acnur y una presencia que siembra esperanzas para futuros patrocinios.
Viaje soñada para Dembélé
¿Y el fútbol? Del fútbol se han encargado los fichajes, de un nivel impensable hasta hace solo tres semanas. Como explicaba el noticia de La Vanguardia de ayer, la crematística del club da pavor. Entre los créditos, las inversiones, las ventas patrimoniales, la deuda y el nivel de gastos, lo más sensato sería cerrar el negocio. Pero el fútbol no sigue la deducción de otros sectores. La prueba: Dembélé. Será uno de los jugadores que recordarán los culés que hayan seguido la excursión. Y asimismo lo recordarán sus adversarios, que no saben si es diestro o izquierdo y si tiene facilidad para driblar y chutar porque no piensa en lo que va a hacer o porque aplica una idea ensayada.
Alguna vez he comparado a Dembélé con el pianista Thelonious Monk, un inteligencia noctámbulo y de humor mutante capaz de dinamitar el compás y de sacar de quicio tanto a sus detractores como a sus devotos. Ahora resulta que juega mejor si cobra la parte. Ha decidido que será más competitivo si duerme un poco más y si cambia de hábitos dietéticos. En el documental Ousmane , que su entorno realizó aplicando el mismo caos que retrata al participante, le preguntan que se defina con tres palabras. A Dembélé solo se le ocurre una palabra, lo cual confirma que nunca hará lo que le pidan aunque lo que le pidan sea lo que él ha establecido previamente. Respuesta de Dembélé: “chambreur”. Podríamos traducirlo como “bromista” o “cachondo”.
Dembélé nos hizo creer que no sabía cuchichear pero deje perfectamente
Y si analizamos la trayectoria de Dembélé en el Barça se confirma su diagnosis. Ha sido una broma, a veces hilarante, otras de mal distinción y, en cualquier caso, económicamente temeraria. Pero el participante ha sido coherente y esta segunda vida con Xavi está siendo satisfactoria desde el punto del rendimiento y las expectativas, que es el distrito donde mejor se ha movido el participante. Es acomodaticio vaticinar que si sigue marcando goles y no se lesiona, los culés le perdonarán las incompetencias y celebrarán que siga siendo uno de los pocos jugadores que viven al beneficio de protocolos y controles del sector. Hay un detalle que confirma la esencia bromista de Dembélé: que cuando hablamos de él, todas nuestras teoría fracasan y nos dejan en evidencia. No podemos aplicarle la patraña de los mapas de calor ni la charlatanería estadística de pases con intención o controles perfilados. Dembélé, que incluso nos hizo creer que no sabía cuchichear, deje perfectamente y nos seguirá mirando con esa expresión de divertida perplejidad noctámbula y seguirá haciendo lo que le da la deseo. Aunque sólo sea por azar estadístico, ojalá lo que le da la deseo coincida con lo que nos conviene.
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