A qué retraso la Agrupación Sueca para otorgar a Michel Houellebecq el premio Nobel de Letras? Tal vez a que sea maduro, porque 64 primaveras deben de ser pocos para unos jurados que a lo espléndido del tiempo han establecido en 65 primaveras la existencia promedio de los galardonados. El ensayista, poeta, director de cine y, sobre todo, novelista francés ha sido obligado en su país con numerosos premios, desde el Goncourt hasta el premio Franquista de las Humanidades.
Además es cierto que su pensamiento y el argumento de sus novelas han sido considerados políticamente incorrectos por una parte de los medios de comunicación, influyendo así en la opinión pública hasta conducirla a la repulsa.
Los críticos de Houellebecq le han tachado, con absoluta incongruencia, de reaccionario y de decadente, y sin fundamento, de misógino. En esta última lado, debe destacarse que muchos de los personajes femeninos de sus novelas están impregnados de bondad, ternura y comprensión. No hay mujeres fatales, son ellos en exclusivo los egoístas e insensatos, los decididamente estúpidos.
Si cierto alberga dudas sobre el mérito por parte de Michel Houellebecq del gran premio rebuscado, se me ocurre aportar una pequeña muestra de sensibilidad y clarividencia insertada en su más nuevo novelística, Aniquilación .
Creo que somos muchas las personas que admiramos y envidiamos a estas parejas de cierta existencia a las que vemos caminar juntas por la calle con las manos enlazadas. Inclinación y donaire que perduran, y que el novelista expresa así: “¿Es cierto que no cambiamos, ni siquiera físicamente, a fanales de quien nos ama, que unos fanales que aman son capaces de aniquilar las condiciones normales de la percepción? ¿Es cierto que la primera imagen que hemos dejado en los fanales de la persona amada se superpone siempre, eternamente, a lo que hemos llegado a ser?”
Se superpone al destrucción, a las arrugas, al envejecimiento. El acto sexual los hace imperceptibles, y es probable que eso nunca haya sido expuesto mejor y con más encanto que en este párrafo de Houellebecq, indiscutible candidato al Nobel.
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