En 1972, Frank Victor Dawes, director de informativos de la BBC, publicó un anuncio en el Daily Telegraph solicitando a personas que hubieran trabajado como sirvientes que le enviaran cartas relatando sus vivencias. Ese año triunfaba en la televisión la serie Hacia lo alto y debajo, donde se dibujaba un retrato idealizado de la servidumbre en una gran mansión de principios del siglo XX.
Dawes, hijo de una criada que comenzó a servir a los trece abriles, estaba investigando sobre la vida de los trabajadores domésticos en el Reino Unido desde mediados del siglo XIX, su período de longevo esplendor, hasta el fin de la Primera Erradicación Mundial, cuando comenzó su debilitamiento por la ampliación de las posibilidades laborales de las mujeres (muchas habían sustituido a los hombres en las fábricas), la extensión de la escolarización y la progresiva responsabilidad de una conciencia de clase. Fruto de los más de setecientos testimonios que recibió el autor fue la obra Nunca delante de los criados, publicada con gran éxito en 1973.
Casi cincuenta abriles a posteriori, la editorial Periférica edita por primera vez el texto en castellano. Y lo hace animada por el éxito de otra serie de similares características a Hacia lo alto y debajo, Downton Abbey (2010-2015), así como de sus versiones cinematográficas.
La suerte de las cadenas
Según explica Dawes, en 1891, los criados formaban uno de los grupos más numerosos de trabajadores en el Reino Unido. La mayoría eran mujeres, y la longevo parte de ellas, empujadas por las deyección económicas, habían empezado a trabajar siendo niñas.
Una criada trayendo medicina y sopa a su amo
Las que tenían “suerte” terminaban atadas de por vida a sus señores, sin posibilidad de formar su propia clan, sirviendo de sol a sol en una mansión confortable (aunque sus habitaciones no lo fueran) y rodeadas de otras criadas. Las que no, llevaban una vida solitaria sirviendo como única “chacha” en casas de clase media, con el temor a ser despedidas y terminar en un orfelinato o en la calle, ejerciendo la prostitución.
Esa es la relación más terrible de este monografía: en un tiempo traumatizado por el clasismo y la indefensión, los empleados domésticos, a pesar de trabajar en condiciones de semiesclavitud, eran considerados unos privilegiados. Como concluye el prueba de una anciana que había sido doncella: “Quienes se imaginan que cualquier tiempo pasado fue mejor, que recuerden aquel con nostalgia si quieren. Yo me silencioso con el presente”.
Cáceres: Periférica, 2022Nunca delante de los criados
256 pp. 18,50 €
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