¿Por qué nos perturba Rosalía?

El éxito de la viaje de Rosalía es un hecho, al igual que los millones de seguidores que tiene. Sin retención, contiguo a los aplausos ha habido asimismo polémica y críticas de los que la descalifican por la partida de músicos en directo o por la incomprensión de algunas de sus cultura. Ambas cosas tienen poco de perturbador porque nos anticipan un futuro que –a unos más que otros– puede resultarnos inquietante. Que actúe sin músicos y con enormes pantallas donde proyectar imágenes confirma que vivimos en un mundo híbrido, donde la presencia física y la posible se anudan como en una bandada de Möbius, esa figura topológica en forma de 8 horizontal en la que te deslizas por el exógeno (físico) y sin darte cuenta ya estás –sin interrupción– en el interior (posible).

¿Por qué nos perturba Rosalía? Video

Rosalía en Barcelona, la ciudad de las motomamis

Los músicos no están físicamente, pero sí virtualmente con su música y contiguo a ella, la voz y los cuerpos de Rosalía y los bailarines. No se proxenetismo de un karaoke ni de un playback, herramientas del siglo XX, sino de una interface figital (físico+digital) en continuidad con los espectadores, que no paran de fotografiar el concierto con su móvil, chatear y colgar imágenes en las redes sociales sin diferenciar entre esas dos realidades en las que viven. Es una nueva forma de la presencia.

Rosalía, en un concierto reciente

Rosalía, en un concierto flamante

Europa Press

Lo incomprensible de algunas de sus cultura (especialmente las de su zaguero cd) puede perturbar a aquellos que conciben el habla como un útil para la comunicación, donde el significado de lo dicho debe estar claro y evidente para el receptor. Eso no ocurre en algunos temas como Abcdefg, Motomami, CUUUUuuuuuute o Saoko (por citar algunas) donde la metonimia y la homofonía se imponen sobre la metáfora o el significado. Lo que cuenta aquí son los juegos de palabras y de voces y no hay que buscarle un trasfondo ideológico o una advertencia trascendental. Al igual que los niños, que disfrutan jugando con el habla despreocupados del sentido, Rosalía hace un mix con su cuerpo (y el de los bailarines), la voz, la música y las imágenes, que resuena en el cuerpo de cada espectador.

Ese sinsentido es lo que inquieta a algunos porque nos recuerda que en el mundo globalizado en el que vivimos –el expediente a palabras de otros idiomas o dialectos es constante en sus cultura– el sentido ya no está asegurado por Jehová o la ciencia (la covid nos lo confirmó). Toda novedad cuestiona lo preparatorio y nos angustiamos delante ella porque tememos resultar obsoletos. Frente a ello, junto a el expediente al pasado y al odio por lo que no volverá o –más interesante– la creación poética, el arte como vínculo que nos ayude a salir de nuestra burbuja para compartir el mundo con otros.

Post a Comment

Artículo Anterior Artículo Siguiente