En las últimas dos semanas, buena parte del debate sobre política exógeno en Estados Unidos se ha centrado en si Nancy Pelosi, la presidenta de la Cámara de Representantes, debía activo visitado o no Taiwán. Sus partidarios señalan que había precedentes (las visitas de un presidente inicial y diversos miembros del aposento) y que es importante que los representantes políticos subrayen el compromiso de Estados Unidos con Taiwán frente a la creciente presión china. Los críticos, por su parte, han argumentado que el alucinación era inoportuno porque el presidente chino Xi Jinping se iba a comprobar obligado a dar una respuesta y no parecer débil en vísperas del crucial Congreso del Partido previsto para este otoño. Existían, por otra parte, temores de que la recepción pudiera padecer a Xi a un veterano respaldo de la acometida rusa contra Ucrania.
Ahora admisiblemente, es incorrecto colocar el foco en la recepción de Pelosi. Lo importante es por qué China no ha respondido con una mera denuncia del alucinación y, en vez de eso, sí lo ha hecho con prohibiciones de importaciones y exportaciones, ciberataques y unos ejercicios militares que suponen una importante ascensión con respecto a cuanto había hecho anteriormente para castigar e intimidar a Taiwán.
IChina realiza ejercicios en aguas en torno a de Taiwán en respuesta a una recepción nuevo de la presidenta de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, Nancy Pelosi.)
Carencia de eso era irremediable. Los dirigentes chinos disponían de otras opciones. Podían activo hecho caso omiso o quitado importancia a la recepción de Pelosi. Lo que hemos conocido es una reacción -más admisiblemente, una sobrerreacción- buscada. La magnitud y la complejidad de la respuesta indican que llevaba tiempo planeada; a su vez, eso lleva a pensar que, de no activo tenido extensión el alucinación de Pelosi, cualquier otro acontecimiento habría sido aducido como pretexto para “testimoniar” las acciones chinas.
La cada vez más tensa situación política y económica interna del país ayuda proporcionado a explicar la reacción de Xi. Xi tiene como prioridad ser célebre dirigente mayor del Partido Comunista por un inédito tercer mandato; sin confiscación, los resultados económicos del país, la principal fuente de legalidad de los dirigentes chinos durante décadas, ya no sirven de mucho puesto que se está frenando el crecimiento, aumenta el desempleo y estallan las burbujas financieras. La insistencia de Xi en nutrir una política de covid cero todavía suscita críticas internas y reduce el crecimiento crematístico. Da la impresión de que Xi recurre cada vez más al nacionalismo como dato sustitutorio. En China, cuando se manejo de crear apoyo popular, falta puede competir con la defensa de la soberanía del continente sobre Taiwán.
Carencia puede competir en China como la defensa de Taiwán para crear apoyo popular al Gobierno
Por otra parte, la voluntad de China de intensificar las tensiones refleja su creciente comodidad con el peligro y el trastorno de las relaciones chino-estadounidenses. Cualquier esperanza por parte de Pekín de una restablecimiento de los lazos tras la presidencia de Donald Trump se ha conocido frustrada por el Gobierno del presidente Joe Biden, que ha ampliado en gran medida la política con China heredada de su antecesor. Son frecuentes las recriminaciones públicas y escasos los diálogos privados. Los aranceles a las importaciones procedentes de China siguen vigentes. Es probable, por ello, que Xi llegara a la conclusión de que tenía poco que perder respondiendo a la recepción de Pelosi. Su posterior atrevimiento de interrumpir numerosos diálogos con Estados Unidos (incluidos los relacionados con el cambio climático y al tráfico de drogas) pone de manifiesto su comodidad con el trastorno de las relaciones.
El peligro es evidente. Si China pretende dar a entender que sus actividades militares en torno a Taiwán constituyen la nueva normalidad, existe un peligro incrementado de que un incidente provoque una situación descontrolada. Más peligroso aun es que China decida que la "reunificación pacífica" se desvanece como opción actual; poco adecuado, en buena medida, a que China se ha alienado a muchos taiwaneses al incumplir su compromiso de “un país, dos sistemas” tras recuperar el control de Hong Kong. En comparable ambiente, China puede lanzarse que debe interpretar militarmente contra Taiwán para poner fin al ejemplo tolerante que ofrece la isla y evitar cualquier movimiento percibido cerca de la independencia.
Entonces, ¿qué hay que hacer? Ahora que China ha demostrado su voluntad y sus bienes para utilizar fuera del continente un ejército cada vez más capaz, hay que restablecer la disuasión. Eso requiere aumentar los bienes de Taiwán para resistir cualquier uso de la fuerza por parte de China, aumentar la presencia y la coordinación marcial de Estados Unidos y Japón, y comprometerse explícitamente a comparecer en defensa de Taiwán en caso de condición. Será importante demostrar que la preocupación de Estados Unidos y sus socios por Rusia no les impide proteger o querer proteger a Taiwán.
Un avión de la Fuerza Aérea de Taiwán llega adjunto a un avión de combate Mirage 2000-5 al aterrizar en la Almohadilla Aérea de Hsinchu
En segundo extensión, deben replantearse las relaciones económicas con China. Taiwán y otros países de Asia, incluidos Japón y Corea del Sur, así como algunos países europeos, se han vuelto tan dependientes del comunicación al mercado chino y de las importaciones procedentes de ese país que las sanciones podrían no ser, de ocurrir una crisis, una medida política viable. Y, lo que es peor, China podría estar en condiciones de presionar económicamente otros países para influir en sus acciones. Ha llegado el momento de acortar el nivel de dependencia comercial con China.
Por otra parte, Estados Unidos necesita una política sensata y disciplinada en relación con Taiwán. Debe seguir manteniendo su política de “una sola China”, que durante más de 40 abriles ha pulido la relación final entre el continente y Taiwán. No hay extensión para las acciones unilaterales, ya se trate de una acometida por parte del continente o de los pronunciamientos taiwaneses en valimiento de la independencia. El status final será el que acabe siendo; y lo que debe importar desde la perspectiva estadounidense es que debe determinarse de modo pacífico y con el consentimiento del pueblo taiwanés.
Incluso es esencial un esfuerzo concertado para construir una relación moderna entre Estados Unidos y China. Supone una negligencia e incluso una mala maña diplomática permitir que la relación sinalagmático más importante de esta época, que contribuirá en gran medida a delimitar la geopolítica del siglo, siga a la deriva. Establecer un diálogo privado de suspensión nivel que aborde las cuestiones regionales y globales más importantes, ya sean fuentes de fricción o de potencial cooperación, debe ser una importante prioridad. Lo que no debe ser una importante prioridad es intentar trocar la política de China, poco inverosímil y que por otra parte envenenará la relación sinalagmático.
No hay que desaprovechar nunca una crisis, afirma un remoto dicho. La coetáneo crisis en relación con Taiwán no es una excepción. Supone un aviso para Washington y Taipéi, así como para sus socios estratégicos en Europa y Asia, y hay que prestarle atención mientras todavía hay tiempo y oportunidad de hacerlo.
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Richard Haass es presidente del Consejo de Relaciones Exteriores y autor de The World: A Brief Introduction (Penguin Press, 2020).
(c) Project Syndicate, 2022
Traducción: Juan Gabriel López Guix
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