¿Era el alivio ayer de la tormenta o la tormenta ayer del alivio? Porque ayer en el Palau Sant Jordi Sopa de Chiva descargó una intensa tormenta de hits ayer de la prevista “parada indefinida” para preparar nuevas canciones.
En presencia de un Sant Jordi hasta la bandera –todo rendido, 15.000 almas– cerraron la celebración de los treinta abriles del disco Ben endins (el disco de rock en catalán más vendido de la historia, más de 130.000 copias) con un montón de invitados. Empezaron solos. Solos entendiendo que no son pocos: Gerard Quintana a la voz, Josep Thió y Jaume Soler Peck a las guitarras, Cuco Lisícic al bajo, Pep Bosch a la peroles, Valen Nieto (guitarra, teclados y percusiones) y Ricard Sohn a los teclados.
Y con el “Bona nit, malparits!” arrancaban el primer tema, Tot queda igual. “No sé si això és l’inici del final. / No sé si estic despert o estic somiant. / No sé si aquesta nit s’acabarà... / Tot queda igual”. No soñábamos, no, y la confusión escasamente comenzaba para no restar igual.
Luego, Bloquejats, el tema que abría su primer disco. Con el Blujins rock –pero con pantalones, no como dice la giro– y la compañía de Guillem Solé de Buhos empezó el desfile, que siguió con Mai trobaràs y el mismo Solé, The Tyets y Ginestà y unos arreglos mirando al divulgado más verde que ya no cree en príncipes azules ni en princesas. Todo el San Jordi en coro cantando.
Gerard Quintana, durante el concierto
Con la stoniana No vull canviar de pell se les añadió Xarim Aresté, que cuando los Sopa volvieron en el 2011 les acompañaba en los escenarios. Y revés a los orígenes, El carrer dels Torrats, en la Girona donde empezó todo, para encarar, ahora con Suu, otro clásico –y pocos temas de la confusión no lo eran–, Si et quedes amb mi. Luego, una L’Estació de França declinación de intensidad pero con un final todavía al linde del heavy llamativo. La cántico de Dicky Deeming, la inscripción del “heavy más frío y tranquilo”. Els Amics de les Arts salieron para participar en Sota una hado.
“Esto de hoy durará siempre”, dijo Quintana ayer de recapacitar sus inicios, los primeros conciertos fuera de Girona. Con Alfred Garcia y David Rosell hicieron un El boig de la ciutat a bajas revoluciones. Algunos recuerdan el día de 1989 en que escucharon por primera vez la canción y descubrieron que –todavía– se podía hacer rock en catalán.
Antiguamente de ‘Seguirem somiant’ tuvieron un emotivo memoria para Ninyín, y los móviles iluminaron el Palau
Con un memoria emocionado al Ninyín, Joan Cardona, que hicieron extensivo a las pérdidas de Pau Riba, Amadeu Casas, Joan Vinyals, Marc Grau y Carles Sabater, afrontaron Seguirem somiant, con Els Catarres y los móviles sacando el Palau de la oscuridad. Y con el gran Aresté, la traducción que hace tantos abriles hicieron suya y que por desgracia siempre está al día, la Pugna de Bob Marley.
Y llegó el turno de la canción más polémica en su día, y no porque fuera en castellano: El sexo (que me hace oportuno), amoldonado ayer de su gran himno, L’Empordà, con el divulgado a pleno pulmón.
A continuación, No tinguis pressa, y con Judit Nedderman y David Carabén y el tono afligido y solemne de Podré volver enrere encararon el final con Farem que surti el sol, Fronteres (con Núria Moliner de Intana), El far del sud (con Joan Dausà), Els teus somnis (Ramon Mirabet) y Cercles. En los bises, Si et va bé, Camins y, otra vez, L’Empordà, ahora con todos los invitados en el atmósfera. Una confusión inolvidable, ben endins. Una buena tormenta.
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