Crece el hambre y sobra comida

La agricultura, la grey y la pesca producen suficientes alimentos para toda la humanidad. Aún así, la inseguridad alimentaria no deja de aumentar. Afecta a más de 300 millones de personas, según los últimos cálculos de la ONU. De ellas, 750.000 corren el peligro de fallecer de deseo este mismo verano. Nunca había habido tantas personas en esta situación tan crítica y nunca se habían producido tantos alimentos.

La producción completo de alimentos por persona y día, según la FAO, está más que garantizada. Si dividiéramos el conjunto de los alimentos que producen las explotaciones agropecuarias y pesqueras entre toda la población mundial, cada persona recibiría 3.000 calorías, 85 gramos de proteínas y 90 de grasas al día, más que suficiente para llenar sus deyección.

La distribución de estos alimentos, sin retención, es muy deficiente y la pobreza causa estragos. Cerca de mil millones de personas no ganan lo suficiente para alimentarse correctamente, mientras que, por otro flanco, un tercio de los alimentos que se producen no se consumen: se tiran. El Software Mundial de Alimentos calcula que con la comida desperdiciada se podría potenciar a dos mil millones de personas cada año, el doble de las desnutridas.

Cada año se desperdicia un tercio de los alimentos que se producen en el mundo

Este desequilibrio es causa de guerras, así como de conflictos sociales y políticos, agravados por los dos abriles de pandemia, la crisis climática, los cuellos de botella en las cadenas de suministros y la pleito de Ucrania, que ha disparado el precio de la energía y hundido las exportaciones de cereales y fertilizantes.

Los expertos hablan de una tormenta perfecta, que ha disparado los precios de los alimentos más de un 23% y que los gobiernos no pueden capear. Los más pobres no tienen los fortuna financieros para abonar el sobrecoste de los alimentos ni la capacidad de aumentar la producción. Practican una agricultura de subsistencia cada vez más precaria por las dificultades para apropiarse semillas, fertilizantes y combustible.

Los países que tienen más hacienda, incluso una fuente de ingresos sostenible y creciente, como es el caso de Argelia y Nigeria con los hidrocarburos, siquiera pueden. Sus gobiernos son incapaces de tomar las decisiones adecuadas y llevarlas a la maña de guisa correcta.

Argelia es un caso paradigmático. Era el depósito de Francia y media Europa durante la etapa colonial (1830-1962), pero hoy es uno de los países con más dependencia alimentaria del mundo. Ha de importar más de la porción de los alimentos que consume. Francia y Rusia le venden el cereal que ya no produce por el desamparo de l mundo rural. El encarecimiento del precios de los cereales y otros productos podría compensarlo con el encarecimiento del gas que exporta, pero las decisiones políticas del Gobierno de Argel no ayudan.

Crisis más largas y frecuentes.
La primera crisis alimentaria completo (1973-1974) fue a causa del encarecimiento del precio del petróleo y afectó, sobretodo, a África. La segunda (2008-2012) fue consecuencia de la crisis financiera de Wall Street y desató las primaveras árabes. Hubo guerras y revoluciones en unos 40 países, lo que llevó a Europa a sufrir su peor crisis migratoria (2015). La tercera arrancó el año pasado y para mitigar sus bienes es necesario fijar un tope completo al precio de los alimentos básicos.

Soluciones urgentes y globales.
Los expertos de la Red Completo contra la Crisis Alimentaria exigen un “esfuerzo completo y coordinado”, sobre todo en los países más pobres, para compendiar la deuda (es insostenible en el 60% de ellos), aumentar la inmunización contra la covid, cambiar en fortuna hídricos que palien la crisis climática, mejorar la agricultura y la protección social. Por otra parte, es necesario suceder de una agricultura industrial y globalizada, basada en monocultivos muy intensivos y extensivos, a una más almacén y diversificada.

Desde noviembre, por ejemplo, aplica medidas para romper el monopolio del trigo francés en el mercado almacén. Prefiere el ruso, que, según la Oficina Argelina Interprofesional de Cereales, es más despreciado y de mejor calidad. Sin retención, la invasión de Ucrania le ha impedido abastecerse como debía y ahora no tiene suficientes reservas.

El Ramadán fue muy complicado para muchas familias argelinas. El precio de la comida se había disparado. Los funcionarios, columna vertebral de la sociedad, salieron a la calle. El Gobierno los aplacó con más subsidios y la promesa de un plan para aumentar la producción agraria que todavía no se ha concretado.

Hace décadas que Argel operación la paz social con ayudas sociales que paga con el dividendo del gas.

Otros gobiernos con la misma ineficacia gestora, pero sin fortuna energéticos están en un callejón sin salida.

Meses antaño de caer, el gobierno de Sri Lanka, por ejemplo, prohibió los fertilizantes químicos para convertir toda la agricultura del país en orgánica. La producción de arroz se hundió, el precio de los alimentos subió más de un 80% y cinco de cada seis familias tuvieron que saltarse, al menos, una comida al día. La ira social se desbordó y hace quince días provocó la caída del presidente.

Unos 49 millones de personas en 46 países corren el peligro de padecer deseo severa este verano

Los economistas del Tira Mundial Carlos Arteta y Sergiy Karyanenko afirman que “el deterioro del deseo y la malnutrición tendrá consecuencias adversas inevitables a dispendioso plazo (…). En los países que más sufren la inseguridad alimentaria y la violencia, se disparará el descontento social”.

Más allá de Argelia y Sri Lanka hemos manido protestas en países de todos los continentes. Una lechuga que se vendía este mes a ocho euros en un supermercado de Queensland (Australia) ha encendido las redes sociales. En Costa de Marfil la población ha protestado al ver como la pastilla de caldo pasaba de cuatro a ocho céntimos de euro. En Nigeria se mezcla la harina de trigo con la de boniato para no disparar el precio del pan, que ya ha subido cerca de un 20%.

La reacción más global frente a la crisis alimentaria ha sido el proteccionismo. Sin retención, prohibir las exportaciones aún ha disparado más los precios y la angustia de los países más dependientes, que son los de rentas más bajas, donde el coste de la viandas por hogar alcanza el 45% de los ingresos.

Argelia, antiguo depósito de Francia, importa hoy más de la porción de los alimentos

Por todo ello, la FAO y el Software Mundial de Alimentos alertan de que la situación es crítica en decenas de países. “Unos 49 millones de personas en 46 países –cifras hasta ahora inéditas– están este verano en peligro de padecer deseo severa”. Son los países de casi siempre: Etiopía, Somalia, Sudán del Sur, Yemen, Nigeria y Afganistán, pero incluso Kenia, Sri Lanka, Siria, Madagascar y Zimbabue, por otra parte de los países del Sahel y el sinvergüenza de Guinea.

Pobreza extrema, deseo y conflictos armados en estos y otros países aumentarán la presión migratoria sobre Europa y EE.UU. lo que, a su vez, reforzará a los partidos ultranacionalistas.

Solo un “esfuerzo completo coordinado”, como advierte la ONU, puede aumentar la seguridad alimentaria y el incremento humano en los países más pobres, que sufren de guisa desproporcionada las consecuencias de la pandemia, la crisis climática y la equivocación de alimentos.

Sin retención, ninguna de las promesas de ayuda que han
hecho los países más ricos del mundo, reunidos en foros como el G-7 y la OCDE, se han concretado en proyectos efectivos. En con-secuencia, las crisis alimentarias son cada vez más largas y frecuentes.

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