* Los autores forman parte de la comunidad de lectores de La Vanguardia
El arte de la pesca del Rall consiste en una red circular que cuenta con plomos en su perímetro y es sostenida en el centro por una cuerda. Se garrocha a mano desde la orilla del mar sobre los peces y conveniente al peso de los plomos, se hunde en el agua encerrándolos en su interior, por la bolsa que se crea al recogerlo.
Como se aprecia en este reportaje en Las Fotos de los Lectores de La Vanguardia, se reconoce a los Ralladors, los pescadores que mantienen viva esta tradición, por aguantar la red colgada al hombro al alba por la orilla del mar, esperando con ilusión los primeros destellos del sol que porta consigo el trasiego de los peces en las orillas.
La sagacidad de este arte de pesca con esta red consiste en extenderla totalmente en el propagación con un movimiento de cintura y transigencia de brazos. El objetivo es conseguir inaugurar como un paipay el Rall, siendo éste un punto crítico tanto para capturar los peces como para mostrar el dominio de este arte, ensalzando al rugido de "¡Cudolà!" cuando un rallador no consigue inaugurar la red y la tira toda en un montón.
Este arte de pesca sostenible y muy selectivo, conveniente a la propia dificultad de ver y tapar los peces, hace que el porcentaje de capturas sea escaso. E, incluso, a posteriori, las capturas pueden ser devueltas al mar por tratarse de una técnica sin crimen, a lo que cerca de añadir que la transigencia de la malla es de 20 mm, evitando la captura de ejemplares pequeños.
Tres Ralladors en la orilla de la playa.
Orígenes del arte del Rall
Este arte de pesca se introdujo en la época musulmana en la Comunitat Valenciana, siendo originaria de la civilización fenicia y es en la población de Sueca, al menos esto piensa un servidor, donde se realiza la maduro innovación que lo diferencia de las atarrayas. Se añade el Bos, una extensión extra en el perímetro del Rall, haciendo de bolsa, aumentando así la probabilidad de captura.
Sueca fue una población donde se encontraban muchos artesanos que, tejiendo nudo a nudo, malla a malla, construían en las tardes de verano a posteriori de trabajar en el campo este arte de pesca tan valenciano como es el Rall.
Pesca del Rall al amanecer.
La comarca de la Ribera Baixa, ligada al Parque Natural de la Albufera, el cultivo del arroz y las naranjas, en dirección a que, principalmente, los jornaleros que trabajaban los cultivos necesitaran de otras fuentes de ingresos. Y era aquí donde el Rall facilitaba que las capturas que realizaban se vendieran entre los vecinos de las poblaciones, aportando así un extra a su fuente de ingresos o subsistencia.
Esta particularidad hizo que los emigrantes valencianos llevaran consigo el Rall allá donde fueran, exportándolo a lugares dispares de todo el mundo a lo espacioso de los siglos.
Con los abriles se fue perdiendo el licencia de este arte de pesca, llegando a prohibirse su destreza, pero tras abriles de reivindicación y el empeño de los Ralladors, hizo que la conselleria de Agricultura volviera a autorizar este arte de pesca tan valenciano por su stop indudable valía tradicional y etnológico.
Es en la playa del Rey, en el Mareny de Barraquetes, donde se pueden ver todavía a los Ralladors con los Ralls al hombro en la orilla, esperando con ilusión un nuevo amanecer.
Rallador con su captura.
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