El flanco mediterráneo, ¿el gran olvidado por la OTAN?

Los retos de seguridad, duros y blandos, que emanan del sur están impulsando el debate: La seguridad cibernética, marítima y fronteriza ocupan un zona destacado, en distinto en relación con la lucha contra el terrorismo; la seguridad hídrica, alimentaria y energética, el cambio climático y los problemas socioeconómicos podrían proveer nuevos conflictos; la creciente presencia en la región de actores externos como Rusia y China es otro número que hay que atender, adyacente con las posibles implicaciones del descubrimiento de yacimientos submarinos de gas y petróleo en el Mediterráneo uruguayo.

Sin incautación, la magnitud de la geogonia, la diversificación de los riesgos y su carácter difuso, así como las distracciones estratégicas en otros lugares, siguen complicando la advertencia de la Alianza sobre el entorno de seguridad en la aledaños del sur y la forma de abordarlo.

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El portaaviones estadounidense USS Harry S. Truman en Portsmouth, Reino Unido, camino al Mediterráneo para una operación de la OTAN. 

Facundo Arrizabalaga / EFE

La OTAN ha sido, en universal, poco explícita a la hora de enfrentarse los riesgos procedentes de este radio, lo que no significa que haya carecido de una punto de vista con destino a la región en su larga historia. De sus primeros primaveras de vida procede el término, como se definió en 1951 a la organización para la defensa del Mediterráneo uruguayo que pretendía, entre sus muchos objetivos, movilizar a Italia, Grecia y Turquía como aliados e integrarlos en el sistema de defensa occidental. La propia definición de los límites meridionales del radio de responsabilidad de la OTAN ya constituía entonces una cuestión política esencia, cuando Argelia aún formaba parte de Francia y otros miembros conservaban colonias en África.

Una preocupación secundaria

El nivelación marcial Este-Oeste tenía, luego, una clara dimensión meridional, pero, a pesar de los medios e infraestructuras militares desplegados en la región sur de la OTAN, el Mediterráneo siguió siendo una preocupación secundaria en su organización. La defensa de una ciudad alemana y de una griega nunca fueron efectivamente prioridades estratégicas equivalentes.

Incluso posteriormente del colapso de la URSS, los retos del sur se consideraban preocupaciones locales, o en cualquier caso vinculados a cuestiones más amplias que interesaban sobre todo a los grandes, como EE.UU. La experiencia de la primera combate del Cala reforzó esta percepción, y el sur de la OTAN sirvió principalmente como enlace logístico con el Cala. La organización formal de la OTAN siguió y ha seguido tratando los retos mediterráneos como una parte de la defensa colectiva. Pero la política de la Alianza y el debate decisivo son otra cosa.

Qué se ha hecho

El final de la combate fría obligó a la OTAN a adaptarse a los nuevos retos de seguridad que surgían para seguir siendo un actor eficaz en la imagen internacional. Para ello, adoptó un planteamiento más amplio de seguridad –ya no exclusivamente desde la perspectiva marcial– que le llevó a desarrollar una red de asociaciones con sus vecinos. En 1994 la OTAN lanzó el Diálogo Mediterráneo, que acogió en un principio a Israel, Túnez, Marruecos, Egipto y Mauritania, y más tarde a Jordania (1995) y a Argelia (2000). Era el complemento y contrapeso de la tolerancia de la Alianza con destino a el Este, y su objetivo era impulsar la cooperación y el entendimiento mutuo a través del diálogo. La idea de que una región mediterránea estable significaba asimismo una Alianza estable se formalizaría poco posteriormente en el Concepto Táctico de la OTAN de 1999 en el que se afirmaba que “la seguridad en toda Europa está estrechamente vinculada a la seguridad y estabilidad en el Mediterráneo”.1 Una idea que siguió desarrollándose y expandiéndose a pesar de que el Diálogo Mediterráneo ha adolecido de desliz de medios y de atención, con escaso impulso decisivo y con unos socios poco entusiastas. A pesar de ello, ha resistido la prueba del tiempo.

No fue hasta la cumbre de Gales del 2014 cuando, de nuevo, los aliados señalaron la importancia    del lado sur de la OTAN posteriormente de que la región viviera las denominadas primaveras árabes, que alcanzaron su punto culminante en Siria, Irak y Libia, y que dieron zona a una crisis migratoria sin precedentes para Europa y a nuevas amenazas para la seguridad internacional.

Estatua en homenaje a Bouazizi, el joven que se autoinmoló en Túnez y que supuso el principio de la llamada 'primavera árabe'

Estatua en homenaje a Bouazizi, el mozo que se autoinmoló en Túnez y que supuso el principio de la convocatoria 'primavera árabe'. 

Archivo

Dos primaveras posteriormente, en Varsovia, la Alianza lanzó formalmente el llamado enfoque de 360º, que contempla las amenazas procedentes de todos los frentes y garantiza una respuesta centrada y adaptada. Una organización que se contraponía a la postura que la OTAN mantuvo en los primaveras anteriores, que implicaba una clara distinción entre el atmósfera del sur y lo que ocurría en las fronteras orientales. Gracias al compromiso político de los estados del centro-sur de la Alianza Atlántica, la estructura comenzó, al menos teóricamente, a abrazar esta visión integral que valora con la misma preocupación todas las fronteras externas: “Si los vecinos de la OTAN son más estables, la OTAN está más segura”.2

Desde entonces, la OTAN ha tratado de reformular sus políticas con destino a la región sur en consonancia con la noticia de proyección de estabilidad –concepto que dio zona a un software con el mismo nombre– con la idea de contribuir a un entorno estable en las proximidades de la OTAN mediante una anciano comprensión y conocimiento de la situación a nivel regional y de apoyo al crecimiento de capacidades en los países socios.

La puesta en marcha de actividades de asesoramiento, cooperación y formación en áreas específicas a las fuerzas locales de Jordania y Túnez, como parte de la iniciativa de Avance de Capacidades de Defensa (DCB); actividades de seguridad marítima en el Egeo con la Agrupación Marítima Permanente (SNMG2) llevando a lengua tareas de examen, seguimiento y vigilancia del tráfico ilegal de migrantes y refugiados; la puesta en marcha de la operación Cancerbero del Mar (Sea Guardian) en el Mediterráneo, con el triple objetivo de permutar información, alentar los esfuerzos de lucha contra el terrorismo oceánico y contribuir al crecimiento de la capacidad de seguridad marítima; son algunas de las iniciativas llevadas a lengua a lo dispendioso de estos primaveras.

A medida que aumentaban los desafíos en la región, la disposición de la OTAN con destino a el sur se centró aún más, sus actividades se multiplicaron y pronto surgió la condición de sistematizar los esfuerzos de la Alianza y los estados miembros. En la cumbre de Bruselas del 2018, los aliados aprobaron la creación de un Paquete sobre el Sur, que incluía una serie de iniciativas de cooperación política y actos que contribuían a un enfoque más decisivo, centrado y coherente con destino a los países de la región mediterránea en universal. En definitiva, la OTAN creó una finalidad estratégica que buscaba canalizar las acciones de la propia Alianza y de los demás países implicados en el frente sur con el fin de respaldar la complementariedad y la poder de los esfuerzos comunes. Pero no era un sustituto de una organización general de la OTAN para el sur.

Un ‘hub’ en el sur

En Bruselas asimismo fue notorio activo el NATO Strategic Direction South - Hub (NSD) con sede en el mando de la Fuerza Conjunta Aliada (JFC) en Nápoles. El objetivo de la creación del centro es aumentar el conocimiento de la situación de la OTAN respecto a las amenazas y las oportunidades procedentes de la región; apoyar la recogida e intercambio de información; y realizar actividades de coordinación y divulgación con los socios de la Alianza en el sur. Este hub rastreo convertirse en un valioso activo para la OTAN y punto de relato para el fortalecimiento de las relaciones con los socios del sur, pero aún está por ver teniendo en cuenta que el nuevo mando es extremadamente confuso desde el punto de tino organizativo y tiene un mandato multidireccional que aún está siendo definido.

El futuro

Los aliados aún no han cogido con el sur el mismo nivel de coherencia y anhelo que mostraron en respuesta a los desafíos en el lado uruguayo posteriormente del 2014 tras la invasión rusa de Crimea. En cierto modo porque parece más comprensible hacer frente a la dirección estratégica uruguayo dada la naturaleza estatal de los actores y porque ahí la OTAN puede afirmar la importancia del principio de defensa colectiva, mientras que el sur fragmentado necesita una opción más compleja. Hay una serie de utensilios que, encima, deben tenerse en cuenta de cara al futuro.

A World War II memorial honoring Soviet forces on the side of a deserted road en route to Crimea in the Henicheskyi region of Kherson Oblast, Ukraine, on Wednesday, Jan. 19, 2022. PresidentJoe Bidensaid Russia will

Ruego del Ejército Rojo en la región rusa fronteriza con la península de Crimea. Su anexión por Moscú ha virado en parte el GPS de la OTAN. 

Christopher Occhicone / Bloomberg

En primer zona, la consideración de una organización de la OTAN mirando con destino a el sur no tendría porqué detenerse en el Mediterráneo y en sus zonas de influencia inmediata. Más allá del Magreb, África es parte ingrediente del cálculo de seguridad europeo y transatlántico. EE.UU., Francia, España y otros miembros de la OTAN cuentan con presencia marcial en el Sahel y África Occidental. El despliegue de nuevos medios de la OTAN, incluidos los Integral Hawk con saco de Sigonella (Sicilia), está de hecho claramente orientado a los riesgos que emanan de esa parte del universo. Pero la ampliación de este espacio de seguridad implicaría una cooperación más estrecha con instituciones como la Unión Africana y el G-5 Sahel. Y, en última instancia, países como Senegal y Nigeria podrían incluso ser socios importantes en el esfuerzo de la OTAN por “proyectar estabilidad” con destino a el sur. Sin incautación, desde el punto de tino activo, el compromiso general de la OTAN sí tiene límites evidentes. Por lo tanto, es importante distinguir entre la idea de la acto de la OTAN en el sur y el papel de la Alianza como foro de discusión de preocupaciones estratégicas más amplias y coordinación de las políticas. Desde el punto de tino político, el sur de la OTAN puede tumbarse hasta donde los aliados estén de acuerdo en llevarlo.

Las evacuación de los socios

En segundo zona, cada vez es más esencia proporcionar apoyo y crear capacidades en los países socios para alentar su propia capacidad de lucha contra el terrorismo, porque el foco de la lucha contra el terrorismo se ha trasladado en los últimos tiempos al Sahel, sin olvidar la amenaza que supone el flujo de combatientes terroristas extranjeros. Comprender las evacuación de los socios y evaluar las carencias de sus esfuerzos nacionales de lucha contra el terrorismo es fundamental para respaldar que estas iniciativas tengan un impacto sustancial. Como asimismo es fundamental la estrecha cooperación con la UE.

Afirmación que conduce a una tercera consideración sobre el lado sur: hay que examinar la relación entre la UE y la OTAN en la región mediterránea y los puntos en los que sus jurisdicciones político-militares pueden cruzarse. Las cuestiones marítimas, humanitarias y antiterroristas de desprecio intensidad son escenarios especialmente prometedores para la cooperación entre la OTAN y la UE, siempre tratando de evitar cualquier desperdicio de esfuerzos. Ya existen estrategias de colaboración prácticas y eficaces, como demuestra el apoyo prestado por la operación Cancerbero del Mar a la operación Sofía, pero la presente situación en Libia es un ejemplo de una cooperación OTAN-Unión Europea no resuelta. Por otra parte, los llamamientos a la “autonomía estratégica” europea y a las nuevas iniciativas de defensa de la UE deberían sentirse sobre todo en el sur, y no deberían ser entendidos como una sustitución de los esfuerzos de la OTAN porque serían esfuerzos complementarios. No hay que olvidar que autonomía no significa dejar de ser amigo.

En cuarto zona, la creciente presencia de actores externos, en distinto Rusia, China y asimismo los países del Cala, complica el panorama político y de seguridad. Rusia ha vuelto al Mediterráneo política y militarmente. La intervención rusa en Siria es la cara más evidente de su regreso, adyacente con una larga relación con Argelia, el acción directa en Libia, una relación de seguridad reactivada con Egipto, un florecimiento de la relación con Ankara cuando las relaciones turco-occidentales se deterioran, su fresco cooperación marcial con Sudán o su implicación en proyectos energéticos en el Mediterráneo. El sombrío Asociación Wagner, que opera con pocas restricciones en zonas de conflicto desde Libia hasta África occidental y uruguayo, y con vínculos con las estructuras militares rusas, asimismo es un dato a tener en cuenta. En cuanto a China, su presencia es más económica que marcial, invirtiendo en grandes proyectos de infraestructuras como la autopista Trans-Magreb, y con Egipto y Argelia como principales focos de atención. Los países del Cala, por su parte, asimismo se están convirtiendo en actores importante en el Mediterráneo. La manifestación más visible es la décimo de los Emiratos Árabes en el conflicto libio adyacente a Representante Haftar y su apoyo a las milicias sudanesas en Libia.

Incertidumbre sobre EE.UU.

En botellín zona, los nuevos retos y la organización de la OTAN con destino a el sur adquieren un significado distinto en el contexto del presente debate sobre seguridad transatlántica, el reparto de la carga y el compromiso de EE.UU. La presencia naval de Washington en el Mediterráneo no se parece a la de la combate fría, pero sigue manteniendo importantes medios de mando, aéreos y de despliegue rápido, y el voluminoso de la capacidad de defensa antimisiles está a flote en la región. Sin incautación, la presencia estadounidense en el sur está sujeta a la incertidumbre. El anuncio de que el Pentágono recortará un 10% su presencia en África en los próximos primaveras para adecuar sus fuerzas a la presente competencia geopolítica con China y Rusia hace crecer la incertidumbre sobre el esfuerzo futuro de EE.UU. en el continente africano, que a día de hoy sigue siendo indispensable.

Conclusión

A primera tino, la OTAN parece hacer mucho en el lado sur, pero de forma fragmentada y no especialmente inclusiva. La diversificación de sus actividades no forman parte de una organización coherente destinada a aportar un valencia añadido sustancial a las actuaciones de los distintos aliados y socios, como la UE. De hecho, cuando se tráfico de retos como el terrorismo, la inestabilidad y la crisis migratoria que afectan a Europa, la OTAN no es ni debe ser la primera en contestar. Las autoridades nacionales, la UE y las coaliciones a propósito, entre las que se encuentran muchos aliados, deberían ir por delante. Así, el papel de la OTAN debe configurarse en gran medida en términos de cooperación, apoyo mutuo y sinergias con otros actores. Aumentar los esfuerzos de la Alianza para apoyar a los socios locales, a la UE y a sus estados miembros en la proyección de la estabilidad no es, ni mucho menos, una tarea modesta para una Alianza tan poderosa. Poliedro que no existen soluciones inmediatas y fáciles en esta zona, es urgente planificar este esfuerzo a dispendioso plazo y proyectar un rol que le sirva para el objetivo de proyectar estabilidad, basado en los puntos fuertes de la Alianza y que sea sostenible en el tiempo.

Por otra parte, a la hora de considerar tal organización no hay que olvidar que la OTAN es una alianza de países soberanos, algunos de ellos con intereses permanentes en el sur. Por eso la Alianza aceptó la invitación del Consejo de Seguridad de la ONU para proteger los civiles en Libia en el 2011, reflejando los intereses franceses e italianos en el septentrión de África. O en el 2012, cuando en la cumbre de Chicago se tomó la atrevimiento de soliviantar un escudo antimisiles para la Alianza pero orientado en el sur.    Son en última instancia los estados miembros los que deciden proyectar estabilidad en el sur de forma doble, regional, a través de la UE, a través de la ONU o de la OTAN.

Lo que parece claro es que el crecimiento de una organización euroatlántica clara y coherente para el sur será uno de los temas esencia del próximo concepto decisivo de la OTAN. Mientras que los aliados de Europa central y uruguayo están unidos en su valoración de la amenaza rusa y su demanda de más OTAN en el lado uruguayo, los aliados mediterráneos discrepan sobre el difusión de la implicación de la OTAN en los asuntos del Mediterráneo. Por otra parte, la abandono de una política claramente articulada para el sur no favorece la creación de confianza entre la Alianza y sus socios en la región. Estos últimos siguen sin conocer los verdaderos objetivos de la OTAN en la región. Habrá que esperar a la cumbre de Madrid.

Carlota García Carrasca es investigadora principal de Estados Unidos y relaciones transatlánticas del Vivo Instituto Elcano y profesora de Relaciones Internacionales

Notas al pie

1. OTAN, The Alliance’s Strategic Concept, 24 de abril de 1999, punto 38.
2. OTAN, Warsaw Summit Communiqué, 9 de julio de 2016, punto 80.

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