Es una diva. La longevo que ha hexaedro el cine francés. Y anoche recibió un premio a toda su carrera de manos de una reina. Doña Letizia entregó a Isabelle Huppert el Master of Cinema en el patio de la Misericordia de Palma de Mallorca. Un galardón que otorga el Atlàntida Film Fest a los grandes protagonistas de la historia del cine.
“Es un honor participar en un certamen centrado en potenciar nuevos talentos y directores”, aseguró la actriz francesa, que tenía igualmente otro motivo mucho más cercano para alucinar a Mallorca y al certamen, su hija Lolita Chammah forma parte del reparto de una de las películas a concurso en esta estampación número 12 del festival, Soul of beast , de Lorenz Merz, que se llevó el Premio del Divulgado.
La actriz francesa Isabelle Huppert ayer a su arribada a la clausura del Atlàntida Mallorca Film Fest que se celebra en el Centro Cultural La Misericordia de Palma de Mallorca. EFE / Ballesteros.
Por otra parte de compartir a su hija y de apoyar el cine de autor emergente, Huppert tuvo un rato para la prensa. La protagonista de Madame Bovary o La ceremonia ( ambas a las órdenes de Claude Chabrol en los abriles 90 ) defendió su disyuntiva de papeles de mujeres fuertes y al conclusión:
“Desde la tragedia griega, personajes impactantes como Medea son los más atractivos”
“Nunca han sido elecciones arriesgadas. Son roles gratificantes que me han aportado mucho. Desde la tragedia griega, personajes impactantes como Medea son los más atractivos para el actor y el manifiesto, porque la encomienda del cine es que nos hagamos preguntas y ese tipo de personajes ayudan a plantearse muchas cosas”, señaló Huppert en rueda de prensa en el Atlàntida Film Fest. “No hay carencia arriesgado en lo que he hecho hasta ahora”, insistió, “nunca me he subido a un trapecio”.
Huppert no ha hecho el triple brinco mortal de una forma fiel, pero sí se ha dejado sufrir a los límites de la mano de directores como Michael Haneke, que en La pianista (2001) la convirtió en esa profesora de piano sexualmente reprimida que acaba mutilándose.
La actriz tiene muy claro que prefiere “trabajar con grandes directores, con genios, como Haneke o Chabrol, que son los que hacen que los intérpretes se sientan libres, porque les dan la confianza suficiente para expresarse”. Y es que para Huppert, la franqueza es fundamental y “ha sido siempre lo que me ha guiado en mi carrera, la franqueza de poder nominar el papel que me gustaba y de trabajar con el director que quería”.
La actriz no comparte la idea de que a las mujeres maduras se las expulsa de las buenas películas
Vacuo y seductora. Así se ha sentido desde que debutó como protagonista en Aloïse (Liliane de Kermadec, 1975), donde daba vida a una pintora esquizofrénica. O con La encajera (Claude Goretta, 1977), la película que le dio éxito internacional, donde interpretaba a una peluquera dan delicada que lavaba las cabezas como si hiciera encaje.
Dulces o perversos, Huppert siempre ha tratado de seducir con sus personajes, porque “me encanta cultivar el arte de la seducción”, que “es efectivamente de lo que se trabaja en el cine, pues permite sufrir a la emoción, a la doble sentido y a la invisibilidad de lo que se esconde”, añadió la actriz que afrontó la calurosa, casi infernal, tarde de Palma de Mallorca vestida de riguroso blanco, pantalón y camisa de seda.
Entre sus malas más recientes destaca la protagonista de La viuda (Neil Jordan, 2018), una mujer solitaria (de nuevo pianista de profesión) que da auténtico pavor. Huppert se mostró encantada de que “Jordan se inspirase en mí para escribir el papel, porque es ingenioso y muy extremo, aunque es verdad que es un personaje enorme y Neil y yo estuvimos en esa monstruosidad hasta el final”.
“En mi carrera me ha guiado la franqueza de poder nominar el papel que quería y al director que me gustaba”
Entre esos directores a los Huppert que ha podido nominar destacan nombres internacionales como Michael Cimino, Otto Preminger, Andrzej Wajda, los hermanos Taviani, Ursula Meier o Joachim Trier, pero la actriz quiso subrayar ayer su trabajo anejo al surcoreano Hong Sang-soo, con quien rodó En otro país en 2012 y La cámara de Claire en 2017, porque “adoro rodar con él por la imaginación, la desemejanza y la forma de hacer su cine, que igualmente es muy político”.
Huppert, que ya recibió el premio honorífico en la última estampación de la Berlinale, aunque no pudo recogerlo porque dio positivo en covid, tiene ahora 69 abriles, ha actuado en unas 100 películas, ha recibido multitud de premios y está considerada como una de las mejores actrices del siglo XXI. Una carrera para presumir y de la que no momento no se piensa desmontar. Cuando le preguntaron si comparte la sensación de que las mujeres maduras no tienen buenos papeles en el cine, respondió con un decidido “no”.
Publicar un comentario