¿Será China nuestra aliada?

La historia es un medianoche de cebolla cruda, señor.

–¿Por qué razón?

–Repite, señor. Eructa. Lo hemos gastado una y otra vez este año. La misma historia de siempre, la misma oscilación entre tiranía y sublevación, exterminio y paz, prosperidad y depauperación.

–Demasiado para rellenar un medianoche, ¿no crees?

Así avala un escolar a su profesor en El sentido de un final , de Julian Barnes.

Repita o eructe, los dos abriles de pandemia y los tres meses de invasión de Ucrania, que se cumplen mañana, nos devuelven a tiempos pasados. Los de la exterminio fría, la amenaza nuclear, los bloques enfrentados, la inflación disparada, el ascenso de los tipos de interés, la pérdida de poder adquisitivo o la búsqueda de fuentes de energía alternativas, como ocurrió en los setenta con la crisis del petróleo. Putin ha dinamitado el orden internacional, y su exterminio, unida a la covid, puede marcar el fin de la globalización tal y como la hemos vivido en los últimos treinta abriles. Eso, en nuestro mundo, porque en el otro, las catástrofes se multiplican, con crisis alimentarias y energéticas por doquier. Solo un noticia, y sin contar los estragos que pueda causar la exterminio: por primera vez en vigésimo abriles, 97 millones de personas han caído en situación de extrema pobreza en el 2020 y el 2021.

Vivimos en un mundo difícil, multipolar, en el que Putin quiere demostrar que Rusia, que tiene el PIB de España, es una superpotencia. Lo hace con la exterminio y su astillero nuclear como guardaespaldas. Y China, su partidario y amigo, calla. Tal vez esté incómoda. Si Estados Unidos atiende a alguna de sus preocupaciones y trabaja para distanciarla de Rusia, quizás el régimen de Pekín colaborará con Poniente en la creación de un nuevo orden mundial. La China de Xi Jinping cree en la ONU y la quiere –es su segundo contribuyente–, aunque la utilice como herramienta para desplazar el centro de poder en torno a Asia. No la bombardea , como hizo Putin durante la entrevista de su secretario caudillo, António Guterres, a Kyiv.

A la postre, quizá China acabe siendo nuestra aliada.

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